Monumentos,
estatuas o esculturas, generalmente, se han erigido y erigen para
hacer resaltar la ejecutoria de héroes, adalides y figuras
destacadas, ya en las artes, ya en las ciencias e, incluso, en los
avatares de la política.
Tales personalidades han debido lograr la connotación suficiente
para merecer que sus efigies alcancen el privilegio de la
perpetuidad en el mármol, blanco y duro, el granito o el bronce.
En esta ocasión, todo es diferente.
El hecho de que una mujer de pueblo, humilde, anciana y dedicada
a sus labores como empleada auxiliar en una escuela de arte merezca
tal admiración, que un alumno se inspire en ella para dedicarle una
escultura, se aparta de lo cotidiano. Y puede adquirir categoría de
insólito.
Si a esto agregamos que con tal obra de arte el alumno Adrián
Castellano Aguado, de 19 años, culminará sus estudios y la
presentará como tesis de grado en la escuela de San Alejandro, se
justifica plenamente la curiosidad del reportero de Granma.
Este joven, de hablar pausado y cuya voz fluye en tono reflexivo,
piensa mucho en los valores de esos cientos de miles de cubanos y
cubanas que a diario, con abnegación y disciplina, sin fanfarrias,
cumplen sencilla y llanamente con su deber: son ellos nuestros
héroes cotidianos, anónimos, sobre cuyos hombros, sin mirar
privaciones ni esfuerzos, se ha erigido la obra común.
Por tales razones, Adrián ya tiene en mente modelar otras dos
esculturas. Una será para Carlos, quien como él, vive en La Lisa y
se dedica a garantizar la distribución de balitas de gas a tiempo y
en forma. Otra se inspirará en José, un laborioso fabricante de
varas y escobas. Ambos, consagrados a sus útiles tareas con
abnegación, disciplina y sistematicidad, portan esos valores eternos
que encierran el trabajo, la vocación de servir y el ganar el pan
con el sudor de la frente.
Desde hace un año poco más o menos el joven creador se encuentra
bajo la tutoría de Andrés González González, el brillante escultor
que ha creado, entre otras muchas obras para la plástica cubana, el
Martí de la Tribuna Antimperialista,o la escultura de nuestro propio
Apóstol situada en la Ciudad Mitad del Mundo, en Ecuador, así como
las estatuas de Eloy Alfaro y Omar Torrijos, erigidas ambas en la
Avenida de los Presidentes.
Entre el tutor y el alumno hay una mutua y secreta admiración.
Adrián confiesa, con agradecimiento: ¨Nunca pensé que recibiría
tanto apoyo y ayuda de este maestro de la escultura.¨
Andrés, siempre con su sonrisa franca y carácter afable, habla
encomiásticamente de la escultura dedicada a la Tía Olga, obra que
él considera muy lograda, de óptima calidad. Y de inmediato
apostilla: ¨ Pero que no se crea cosas. Lo más importante del mundo
es la modestia para poder seguir creando siempre.¨
Cuando Olga Lara Leiva, de 78 años, visitó el taller de Andrés
González, sito en la misma esquina de 21 y 14, en el Vedado,
municipio de Plaza de la Revolución y pudo mirarse frente a su viva
estampa, estamos seguros de que sintió una de las emociones más
fuertes de su vida: el parecido es extraordinario. Solo le faltaría
hablar¼
También creemos que ella, quien mantiene con disciplina el rigor,
la limpieza y el orden en los baños de San Alejandro mientras, como
una Ariadna criolla teje maravillosamente, sabrá agradecer esta
iniciativa de un joven y prometedor artista, quien, consecuente con
sus ideas, expresó: ¨Pienso que muchos creadores hacen arte solo
para críticos y para élites. Por qué, entonces, no hacer un arte más
social, para el pueblo, para ese héroe anónimo de la cotidianidad,
lleno de valores tan necesarios y manteniendo siempre una alta
calidad en lo que hagamos.¨
La iniciativa está lanzada. No faltarán respuestas.