BRUSELAS.— Varios organismos humanitarios denunciaron
recientemente, con motivo de las manifestaciones de protesta por los
migrantes, el "uso excesivo e injustificado de la fuerza por parte
de la policía en algunas manifestaciones, así como el empleo
inadecuado de material policial concebido para incapacitar o
neutralizar temporalmente" e instaron a evitar el uso de armas que
disparan proyectiles como balas de goma y "marcadores" (proyectiles
que contienen pintura y metal), pistolas de electrochoque "Taser" y
gases tóxicos neutralizantes.
La represión policial para anular cualquier brote de rebeldía o
de protesta ha sido brutal y desmedida en los últimos meses en
Grecia, Italia, España, Francia, Dinamarca, Alemania y otras
naciones de la Unión Europea.
Una mujer armenia de 35 años fue golpeada, esposada y detenida
delante de su niño de dos años de edad en Atenas, Grecia, durante
una de las manifestaciones de protestas. Cuando fue a agarrar el
coche donde estaba su·bebé, la agarraron, la empujaron al piso, la
patearon y golpearon creyendo que se resistía al arresto. La
desafortunada madre fue esposada y llevada con su niño a la estación
de policía.
En Italia ha habido numerosas denuncias de actividades represivas
por parte de las autoridades, como ocurrió al sur del país, en
Rosarno, tras los graves acontecimientos de principios de año donde
trabajadores migrantes fueron víctimas de violencia y ataques
racistas, y en el marco de su campaña "Por un derecho de
fiscalización de los lugares de encierro".
En Valencia, España, la Red Estatal en Solidaridad con los
Inmigrantes (REDI) y otras organizaciones afines respondieron con
una marcha hacia un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) al
reporte elaborado por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR)
que revelaba serios casos de maltrato, condiciones totalmente
antihigiénicas, humillantes, y torturas a extranjeros, entre muchas
otras formas de abusos y condiciones ilegales según las leyes
internacionales de derechos humanos. Según narró a la prensa un
testigo, "un manifestante venezolano, Jesús Valera Raga (de 28
años), me sujetó del brazo ayudándome a resistir pacíficamente el
arresto, a lo que se sumó una avalancha de activistas separados por
un cordón de policías, mi detención pasó a segundo plano cuando pude
ver al compañero venezolano tirado en el suelo, boca abajo, y a una
media docena de policías dándole patadas en la cabeza aplastándosela
contra el suelo, porrazos, patadas en el cuerpo y toda clase de
golpes y agresiones. También las mujeres fueron atacadas por la
policía".
Por esos días, en Copenhague, Dinamarca, la opinión pública fue
testigo durante la Cumbre Climática de cómo en medio de una andanada
de golpes con palos, gases lacrimógenos, el uso de perros y una
desmedida violencia policial, fueron detenidos cerca de mil
manifestantes a los que la prensa local definía como activistas
climáticos. Los arrestados estuvieron durante más de cinco horas
esposados, sentados sobre el suelo gélido, a la intemperie con dos
grados de temperatura, en plena calle, sin ningún tipo de
asistencia. Ninguno de los detenidos fue trasladado a las jaulas
preparadas bajo techo y muchos tuvieron que orinarse encima de la
ropa.
Recientemente en Alemania, organizaciones progresistas en la
ciudad de Dresden se opusieron a manifestaciones de activistas
neonazistas. La policía no detuvo a los fascistas, sino que empezó a
ejercer presión sobre los antifascistas para que abortaran los
trayectos. Aquello parecía un escenario propio de una guerra.
En Francia continúa generando un fuerte debate la sucesión de
denuncias de abusos policiales, según se desprende de publicaciones
en diversos medios franceses. Las pistolas Taser han sido utilizadas
por agentes de policía contra escolares indisciplinados, personas
desarmadas que tenían perturbadas las facultades mentales o estaban
drogadas, sospechosos que huían del lugar en que se había cometido
un delito menor e individuos que discutían con la policía o que no
cumplían inmediatamente sus órdenes.