Como un todo distinto, encadenado a fragmentos de la historia y
la cotidianeidad, la propuesta de Cárdenas recrea el lenguaje
corporal en su más completa expansión conjugado a la sensualidad, el
erotismo, lo grotesco y lo paródico, recursos que, aunque constantes
en su obra, resaltan la auténtica creatividad de la coreógrafa y
directora cuyo elenco celebra dos décadas de actividad en diálogo
permanente con el quehacer mundial.
Seis bailarines, tres músicos de excelentes cualidades (Dúo Karma
y Franquie Corbea) y nueve pantallas blancas bastan en el escenario
para develar, de modo coherente y dinámico, una atmósfera mística
que combina disímiles manifestaciones como el teatro, el performance,
la propaganda, el audiovisual, el juego y el body-art, este
último sujeto al simbolismo y a la búsqueda de la espiritualidad.
Se trata de una variedad inusitada de sentidos y estados de
conciencia que representan con fuerza los intérpretes cuya
plasticidad en los desplazamientos de conjunto, dúos o solos aparece
siempre equilibrada. Expresividad y movimiento, metáfora y poesía
articulan una relación dialógica, sugerente y armónica con el
espectador. En este sentido resulta meritorio el trabajo de Karina
Angulo, Ana Moreira —bailarina de formación clásica que supo muy
bien dominar el lenguaje del movimiento contemporáneo— y la orgánica
Jakelín Balladares quien demostró tener aptitudes en más de una
disciplina.
Más allá de reseñar con osadía la esencialidad del ser humano,
sus vivencias, sus experiencias, sus conflictos, Zona-Cuerpo
pone en funcionamiento las oscilaciones emotivas y entrama, con un
alto nivel de sensibilidad, las problemáticas actuales alrededor del
lenguaje del cuerpo, virtud que asume con belleza y significados.