La resolución anticubana que acaba de adoptar el Parlamento
Europeo alineó directamente a esa institución en la feroz campaña
política y mediática desarrollada actualmente contra Cuba, que busca
fabricar patriotas entre mercenarios y delincuentes dentro de la
labor de subversión dirigida a derrocar el orden constitucional
erigido por nuestro pueblo revolucionario desde hace 52 años.
Lo ocurrido en Estrasburgo puede catalogarse como otro episodio
de la conjura en marcha que, usando los principales medios de
difusión y las organizaciones manejadas por los sectores más
reaccionarios, pretende aprovechar el lamentable incidente de la
muerte de un preso común, reclutado luego por grupúsculos
contrarrevolucionarios, a causa de una prolongada huelga de hambre
mantenida por decisión propia, para confundir a la opinión pública
internacional.
Esta iniciativa impulsada por la derecha europea en el Parlamento
logró arrastrar a los diferentes grupos políticos que conforman este
legislativo, poniendo en clara evidencia la convergencia de
posiciones derechistas y reaccionarias que lo componen
independientemente de nombres y clasificaciones.
Eso es fácil de comprender si se toma en cuenta la misma razón de
la convocatoria del debate en el seno del Parlamento Europeo, para
la cual se enarboló el tema tan manido en la propaganda contra la
Isla de "la situación de los presos políticos y de conciencia en
Cuba".
El único objetivo era producir una condena contra el gobierno y
pueblo cubanos, realmente sometidos a la violación de sus derechos
por el largo bloqueo estadounidense y por la injerencia en sus
asuntos internos también por la propia UE.
Durante el debate y para tratar de calzar sus posiciones los
eurodiputados de derecha no tuvieron pena alguna en asumir los
desgastados argumentos tradicionalmente utilizados por los Estados
Unidos, para cuestionar de forma injerencista, nuestro sistema
político.
Es lamentable que el Parlamento Europeo incluya de forma burda en
su resolución la esencia misma de la "Posición Común", sin tener
siquiera la honestidad de mencionarla. Esa misma "Posición Común"
que como es ampliamente conocido, fue redactada en Washington en el
mismo año en que imponían a Cuba la Ley Helms Burton, ambas con el
objetivo común de destruir nuestra Revolución. El Parlamento Europeo
parece no entender todavía que, mientras la reliquia de la "Posición
Común" exista, no habrá normalización de las relaciones de Cuba con
la UE.
Al analizar a fondo esta sesión de la Eurocámara cabría
preguntarse dónde quedaron los siempre mencionados "principios
democráticos y la pluralidad" esgrimidos por la desarrollada Europa.
Sin el menor sonrojo, la resolución adoptada por la eurocámara
"insta a las instituciones europeas a que den apoyo incondicional y
alienten sin reservas la transición política" en Cuba. Asimismo,
"insta a que entablen de inmediato un diálogo estructurado con la
sociedad civil cubana y con aquellos sectores que apoyen una
transición pacífica en la isla... utilizando los mecanismos
comunitarios de cooperación al desarrollo".
Es decir, convoca abiertamente a los gobiernos europeos a
intensificar sus actividades subversivas y a sus Embajadas en La
Habana a implicarse aún más en el aliento, el apoyo y el
financiamiento a los mercenarios. La resolución demanda
descaradamente que los proyectos de cooperación entre la Comisión
Europea y Cuba se utilicen con propósitos subversivos.
En este circo político llamó la atención la postura del Grupo
Socialista Europeo, que se plegó obedientemente a las posiciones más
derechistas y anticubanas. El Vicepresidente del Grupo de los
socialistas españoles Ramón Jáuregui, aunque ahora se empeñe en
demostrar lo contrario, llegó incluso, a contradecir la línea
seguida por la presidencia española de la UE en su política hacia
Cuba.
Mucho más indignante todavía es que quienes representan a países
cooperantes en el secuestro, tortura y encerramiento en cárceles
clandestinas de numerosas personas, asuman una posición de
defensores de derechos humanos contra Cuba, cuya revolución ha
dedicado sus mayores esfuerzos en salvar vidas en su territorio y en
el resto del mundo.
El Parlamento Europeo debe mirar en su entorno comunitario, donde
se reprimen a inmigrantes, olvidan a desempleados, aumentan las
desigualdades, se constatan cientos de denuncias de torturas en sus
prisiones y de violaciones de los derechos humanos.
El espíritu de metrópoli colonialista rondó el hemiciclo europeo
cuando muchos diputados se atribuyeron el supuesto derecho de
imponer y dictar. Parecen olvidar que hace 52 años el pueblo cubano
tomó las riendas de su destino y que no le reconoce a ese Parlamento
ninguna jurisdicción, y mucho menos autoridad moral.
Se sienten con derecho a inmiscuirse en nuestras decisiones
internas y cuestionarlas. Solo develan las autoridades europeas su
verdadero y retrógrado espíritu colonialista.
Muy falsa democracia es la que, sin contar con los contribuyentes
europeos, pretende dirigir los fondos comunitarios con destino al
sucio empeño de subvertir el sistema político de otro país soberano.
Es lamentable que una institución como esta se dedique a
articular planes conspirativos y a amparar a mercenarios y
delincuentes, al tiempo que se haga eco de burdas mentiras y
distorsiones malintencionadas de la realidad de nuestro país.
En lo que parecería una burla, si no se tratara de un tema tan
ofensivo para nuestro país, ese mismo parlamento que supuestamente
tanto se preocupa por la protección y defensa de los derechos
humanos en Cuba, fue capaz de rechazar por una amplia mayoría, dos
propuestas de enmiendas que justamente versaban sobre estos
derechos.
¿Cuáles son los derechos humanos que enarbolan los 439
eurodiputados que se opusieron abiertamente a condenar y pedir el
cese de un bloqueo, que constituye una burda violación de los
derechos humanos y un acto de genocidio, según el texto de la
Convención de Ginebra? ¿Acaso el derecho a la vida no es el más
elemental de todos los derechos humanos?
¿Cómo puede comprenderse que ese cónclave rechace otra enmienda
que menciona la voladura del avión de Cubana de Aviación en 1976 y
prefiera guardar silencio sobre la colosal hipocresía que constituye
el hecho de que los Estados Unidos mantengan prisioneros a cinco
antiterroristas cubanos, mientras da cobijo y protección al
principal terrorista de este hemisferio? ¿Es que acaso algunas vidas
tienen más valor que otras?
Con lo anterior solo exponen su sumisión a los intereses
norteamericanos y muestran no tener una política independiente y
propia.
Voces dignas como las del Grupo de Izquierda Unida, se opusieron
a la aprobación de la resolución anticubana. Parte de sus miembros,
entre ellos el español Willy Meyer y la portuguesa Ilda Figueiredo,
catalogaron como hipócrita la postura de la Eurocámara al cuestionar
a Cuba y no hacerlo con el golpe militar de Honduras. Recordaron que
ese fue, quizás el único parlamento en el mundo que no rechazó "el
golpe, con sus asesinatos y sus torturas". También, emplazaron a la
Unión Europea a poner fin a la "Posición Común" al tiempo que
exigieron el cese del bloqueo y denunciaron la injusta prisión de
los cinco antiterroristas cubanos en cárceles de Estados Unidos.
Una vez más se equivocan con el pueblo de Cuba quienes pretenden
vejarlo con el intento de someter a nuestra pequeña Isla a
tratamientos singularizados. Lo sucedido en el pleno del Parlamento
Europeo, quedará en la historia como evidencia de la mentalidad
todavía colonialista de los estados europeos.