Lawrence Wilkerson, quien fuera jefe de despacho del Secretario
norteamericano de Estado Colin Powell, se cuestiona la motivación
para que EE.UU. incluya a Cuba entre los países que practican el
terrorismo.
La motivación -afirma- la mayoría de las veces, está envuelta en
la parafernalia tradicional de la política -dinero, poder,
influencia y codicia-, escribió Wilkerson en el blog The Havana
Note.
Subraya
que ha seleccionado a Cuba como ejemplo dentro de la lista de países
acusados de terrorismo, ya que se trata de un caso flagrante, en
primer lugar -asegura- porque el grupo infinitesimalmente pequeño de
los cubano-americanos que odian a Fidel Castro y lo que él
representa, quieren que el Estado caribeño figure en ella, según un
despacho de la AIN.
La arrogancia de este grupo, el dinero y la instrumentación de la
política es tal, que nadie se atreve a desafiarlo de manera
significativa, apunta Wilkerson en la página web.
Al abundar en el tema considera que de hecho, si se diera el caso
de que Cuba mantuviera una lista de terroristas, tendría un derecho
más que legítimo de reservarle un lugar a los Estados Unidos en esa
lista.
En segundo lugar expone que Cuba está en la lista confeccionada
por EE.UU., porque "queremos ocultar nuestra propia perfidia y, como
nos enseñaron muy bien Dick Cheney y Karl Rove, la mejor manera de
hacerlo es acusar a otros de lo que uno está haciendo".
Sin embargo, EE.UU. sigue estando comprometido, o indirectamente
está protegiendo a terroristas como Luís Posada Carriles,
involucrado en el atentado de 1976 contra un avión cubano que mató a
más de 70 personas.
Además, existen fuertes sospechas de su implicación en los
atentados a un hotel en La Habana en 1997, en que murió un turista,
concluye el analista estadounidense, quien en frase lapidaria
comenta que "así es como disfrazamos nuestros propios crímenes:
acusando a los demás".
El texto sale a la luz, cuando precisamente la manipulación que
sobre Cuba se ejerce tiene otro ejemplo flagrante en la postura del
Parlamento Europeo, que en medio de una campaña mediática, condena a
la mayor de las Antillas.
En una declaración divulgada en La Habana, la Asamblea Nacional
del Poder Popular fustiga el texto europeo, que "manipula
sentimientos, tergiversa hechos, esgrime mentiras y oculta
realidades", subraya el documento.