Cerca de mil 300 hectáreas fueron beneficiadas durante lo que va
de año con distintas medidas de conservación y mejoramiento de los
suelos en la provincia de Las Tunas, a unos 670 kilómetros de La
Habana.
Entre las principales acciones figuran medidas permanentes como
la siembra de barreras vivas que protegen contra la erosión causada
por las fuertes lluvias y los vientos, además de la construcción de
terrazas que facilitan la adecuada circulación del agua y evitan su
encharcamiento.
La ingeniera Yanelis Castillo, jefa del Grupo de Conservación de
Suelos en la provincia, explicó a la AIN que también se aplican
técnicas como el laboreo mínimo y la surca contra las pendientes,
además del uso de humus de lombriz, cachaza, estiércol y otras
materias orgánicas que contribuyen a enriquecer los terrenos.
Añadió que a ello se une la utilización de medidas temporales
como los abonos verdes, técnica consistente en la siembra de plantas
que se incorporan a la tierra para incrementar su fertilidad.
Este conjunto de acciones es de gran importancia para el
territorio tunero, que además de ser el menos lluvioso de Cuba, con
apenas unos mil milímetros por año, tiene cerca del 80 por ciento de
sus suelos cultivables afectados por la erosión, la salinidad o la
baja fertilidad, entre otros factores degradantes.
Sobre la imperiosa necesidad de conservar y mejorar el más
importante recurso natural del hombre, también resulta esencial el
empleo de la tracción animal, fundamentalmente en labores de
siembra, cultivo y traslado de los productos cosechados.
Consultado al respecto, el ingeniero Rafael Cruz, especialista de
la Subdelegación de Maquinaria de la Agricultura en Las Tunas,
destacó que además del ahorro de combustibles que proporcionan, el
uso de bueyes y caballos contribuye a proteger los terrenos y el
ecosistema en general.
Ello se debe a que los animales no compactan los suelos ni
contaminan el medio con derrames de combustibles y lubricantes, como
sucede con las máquinas.