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Sencillo método de ahorrar energía

VÍCTOR ANGEL FERNÁNDEZ GONZÁLEZ

La duración de la noche y el día, desde los orígenes de las especies, ha sido la forma más socorrida para medir el tiempo y hoy influye también en la decisión de utilizar el conocido horario de verano.

Se cuenta que en el siglo XVIII, Benjamín Franklin, se asombró del ahorro de velas que obtenían los franceses, con sólo levantarse una hora antes y así aprovechar la luz solar. Pero de allí no pasó en la búsqueda de soluciones, reporta la AIN.

La humanidad se ha visto imposibilitada de alterar la duración del día y la noche, pues la Tierra sigue empecinada en dar su vuelta de 24 horas y mantener la traslación en 365 días y cuarto.

Durante la Primera Guerra Mundial, los aliados establecieron un cambio en los horarios, buscando un mayor aprovechamiento de la luz solar, sobre todo en los largos días del verano.

Fuera de las guerras, se abandonó su utilización, aduciendo, entre otras razones, la influencia que el cambio podía tener sobre los procesos orgánicos en los seres humanos, algo que nunca se ha demostrado.

La perentoria necesidad de aprovechar cada día más las reservas energéticas, ha llevado a países, antes reacios al cambio, a implantar esta forma de ahorro, por demás sencilla.

En cuanto a Cuba, se retomó el cambio de horario en la década del 60, ubicándose su uso en casi la mitad del año, aunque algunas circunstancias han llevado, en varias ocasiones, a mantener la diferencia horaria, incluso durante el tiempo invernal.

 

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