En Trinidad el abasto de agua no era óptimo, pero ya existía un
programa de reparación de conductoras, al menos proyectado, que
avanzaba discretamente. Cuando a finales de año la lluvia no
alimentó sus fuentes —todas subterráneas—, el acuífero que nutre a
la urbe, conectado directamente al mar, descendió a tal nivel que
muchos temieron una intrusión de agua salada.
"Si bajan los niveles del acuífero porque se está consumiendo —y,
además, no existe el aporte de las lluvias—, este se deprime y
genera riesgo de intrusión del mar y de insatisfacción de la demanda
para diferentes actividades", señala Aymée Aguirre, vicepresidenta
del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH).
La situación se convirtió en crisis. A mediados de febrero del
2010, los manantiales de San Juan de Letrán, una de las fuentes
subterráneas más importantes del municipio y que en el periodo
húmedo puede dar hasta 120 litros por segundo, llegaron a tributar
solo 17. Unas 12 500 personas fueron afectadas.
Días atrás, las lluvias cayeron como bálsamo. No obstante,
Aguirre destaca que para entonces las mayores dificultades habían
sido resueltas. Un conjunto de medidas aplicadas por el gobierno, el
INRH y otras organizaciones, contribuyeron a estabilizar el
panorama, aunque todavía algunas localidades presentan problemas con
la disponibilidad del líquido.
La Vicepresidenta alude a un programa integral que, incluso, se
está tomando como referencia para enfrentar situaciones similares en
otras provincias. En Trinidad comenzó a regularse la explotación,
hasta entonces excesiva, de los pozos, y con ello el horario de
bombeo.
"Si tenían planificadas 20 horas de bombeo diario, disminuían a
16. También regulamos la operación dentro de los sistemas: en vez de
tener todo abierto dándole agua a todo el mundo, se hizo una
sectorización del acueducto que generó tres zonas. Con válvulas se
daba un ciclo a cada sector, y así pudimos equilibrar y hacer más
eficiente la utilización del líquido."
Desde finales del año pasado, cuando la situación se tornó más
difícil, el programa de reparación de salideros en las cuatro
grandes conductoras de la ciudad tuvo un impulso. De la propia
empresa de Acueducto de Sancti Spíritus llegaron brigadas y ya hoy
se han sustituido tramos en pésimas condiciones. La estrategia a
largo plazo pretende cambiar completamente las redes, pero por el
momento la situación económica impide su ejecución.
"Las redes de distribución también se han reparado. Dentro de la
ciudad están bastante deterioradas. Han sido empleados más de 500
metros de tubería para cambiar los tramos en peor estado", agrega
Aguirre.
Mientras, la alta actividad cuentapropista de la urbe ha generado
tradicionalmente un consumo de agua excesivo. A esto se añade el
polo turístico, así como organopónicos que derrochan el líquido.
La primera medida fue metrar todo el sector estatal y,
actualmente, se trabaja para llevar la experiencia al residencial.
El objetivo principal del metraje, señala la Vicepresidenta, no
reside en generar utilidades a las empresas ni en lucrar con el
agua, sino en estimular el ahorro.
El Instituto Nacional de la Vivienda, por su parte, ha
viabilizado un programa para vender herrajes intradomiciliarios. La
razón convence: alrededor del 22% del agua se pierde dentro de las
viviendas, y es esta una manera de evitarlo.
Hoy el acuífero se recupera o, al menos, se encuentra estable. La
crisis, sin embargo, podría retornar: el verdadero remedio aquí y en
el resto del archipiélago, parece descansar en la rehabilitación y
en el ahorro del líquido vital.