El deporte es parte de nuestra cultura y define también cómo
somos, es por ello que conductas que rozan lo irracional nada tienen
que ver con las características e historia del pueblo cubano. Lo
sucedido en el último juego entre Industriales y el equipo de Sancti
Spíritus, representado por el gallo, difiere de lo esperado de un
público conocedor y de altos valores éticos. En el momento clímax
del partido, cuando Rudy Reyes jonroneó con las bases llenas, se
desató una euforia multitudinaria que dio al traste con la suerte de
un indefenso pollo, cuyo destino fatal fue ir pasando de mano en
mano por todo el estadio hasta ser destrozado.
Nada tiene que ver la alegría de una afición desbordada
disfrutando la victoria de su equipo con asimilar como algo natural
el despedazar a un ave como supuesta muestra de júbilo.
Llamémonos
a la cordura, alejemos estas conductas que no están relacionadas con
lo que se ha sembrado en materia humana durante estos 50 años de
Revolución y disfrutemos del espectáculo deportivo como lo que es en
esencia, distracción y regocijo para nuestro pueblo, el mismo que
está en múltiples lugares del mundo salvando vidas y con la
solidaridad como bandera.