Y
salí. Fui a Las Tunas y Puerto Padre en visita de trabajo y para
recibir la Réplica de la Pluma con la que escribió sus famosas
espinelas Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé), que por
cierto, utilizó el seudónimo más musical y sonoro de toda la
literatura cubana.
Cucalambé fue una danza afrocubana de origen bantú, que se
conoció en los campos de Cuba durante el siglo XIX. Fue allí en Las
Tunas donde se comenzó a fraguar la conspiración para liberar a Cuba
del yugo colonial y también en la casa donde vivió Vicente García,
el heroico y polémico combatiente del 68 que por ser un peligro
grande para la metrópoli, fue mandado a matar con vidrio molido en
su plato favorito, el quimbombó, también de origen africano.
Recibí
la bella Pluma de marfil con la que simbólicamente estoy escribiendo
esta nota. El ejecutivo de la UNEAC en la provincia encabezado por
su presidente Carlos Tamayo, luego del acto oficial y un intenso
intercambio con los miembros de nuestra organización en la sede, me
condujo a dos proyectos comunitarios modélicos: Callejón de la Ceiba
y La Familia; en ambos se presentaron libros de mi autoría, como
Akeké y la jutía, para niños, y de otros autores cubanos. Fue
una ocasión memorable.
No tengo palabras para agradecer a nombre mío y de todos los
escritores y artistas cubanos, las atenciones que me dispensaron en
ambos lugares, y las experiencias vividas con gente sencilla de los
barrios tuneros, que desarrollan actividades artesanales y
artísticas que enriquecen la vida cotidiana, y son antídotos frente
a la desidia, la banalidad y algunos ritmos vulgares de moda cuyos
nombres no quiero poner en mis labios.
Es admirable cómo la UNEAC, el Centro de Intercambio y
Referencia-Iniciativa Comunitaria (CIERIC), y la voluntad popular,
han logrado convocar a niños, amas de casa, jubilados y aficionados
de todas las expresiones del arte a un empeño tan noble y necesario
para matar el ocio estéril, y para desarrollar las potencialidades
artísticas que existen en todo ser humano.
En Puerto Padre pude contemplar, no sin asombro, la estupenda
sede del Comité Municipal de la UNEAC donde también nos reunimos con
un gran número de miembros de nuestra organización en la sala Rívoli
y donde entregamos, varios carnés a nuevos miembros. Allí pude
escuchar los poemas de Renael González Batista, Frank Castell, y
otros poetas y poetisas muy notables de la bella ciudad marinera y
disfrutar el conjunto musical de saxos, clarinete y percusión
dirigido por Ernesto Díaz.
Inmediatamente, en la Aguada de los Milagros, junto a un bello
jardín que da al mar, compartí textos con otros escritores y ví una
exposición de pintura local que iba desde los delicados paisajes
tuneros de Humberto Hernández, hasta las propuestas más atrevidas de
la plástica contemporánea. ¿De dónde sale tanto talento?, ¿de la
nada, por obra y gracia de la providencia? Claro que no, sale de las
escuelas vocacionales de arte y de todo el sistema de enseñanza
artística de nuestro país; pero también del genio colectivo, natural
y expansivo.
Luego la gran sorpresa: una pequeña comunidad pesquera en
Boquerón donde todo el mundo es repentista, donde todo el mundo
canta y donde hasta las chinas pelonas de la costa improvisan
seguidillas y tonadas que quedan grabadas para siempre en el corazón
del visitante. Otro proyecto comunitario UNEAC-CIERIC que gracias a
esta fusión se recuperó de los estragos violentos de dos
consecutivos ciclones que hicieron volar techos, puertas y ventanas
por los aires. Allí probé la jaiba encurtida y el delicioso mousse
guajiro de calabaza con merengue.
Hay que salir del Vedado para ver esto con ojos que quieran ver y
también descansar de tanta papelería diaria que no siempre es
alentadora. He querido dejar este testimonio como nota de aliento a
todos los que contribuyen con el trabajo de extensión de la UNEAC en
los lugares más intrincados del país, donde quiero yo mi suerte
echar. Sí, hay que salir del Vedado.