Hay que salir del Vedado

MIGUEL BARNET

Y salí. Fui a Las Tunas y Puerto Padre en visita de trabajo y para recibir la Réplica de la Pluma con la que escribió sus famosas espinelas Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé), que por cierto, utilizó el seudónimo más musical y sonoro de toda la literatura cubana.

Cucalambé fue una danza afrocubana de origen bantú, que se conoció en los campos de Cuba durante el siglo XIX. Fue allí en Las Tunas donde se comenzó a fraguar la conspiración para liberar a Cuba del yugo colonial y también en la casa donde vivió Vicente García, el heroico y polémico combatiente del 68 que por ser un peligro grande para la metrópoli, fue mandado a matar con vidrio molido en su plato favorito, el quimbombó, también de origen africano.

Recibí la bella Pluma de marfil con la que simbólicamente estoy escribiendo esta nota. El ejecutivo de la UNEAC en la provincia encabezado por su presidente Carlos Tamayo, luego del acto oficial y un intenso intercambio con los miembros de nuestra organización en la sede, me condujo a dos proyectos comunitarios modélicos: Callejón de la Ceiba y La Familia; en ambos se presentaron libros de mi autoría, como Akeké y la jutía, para niños, y de otros autores cubanos. Fue una ocasión memorable.

No tengo palabras para agradecer a nombre mío y de todos los escritores y artistas cubanos, las atenciones que me dispensaron en ambos lugares, y las experiencias vividas con gente sencilla de los barrios tuneros, que desarrollan actividades artesanales y artísticas que enriquecen la vida cotidiana, y son antídotos frente a la desidia, la banalidad y algunos ritmos vulgares de moda cuyos nombres no quiero poner en mis labios.

Es admirable cómo la UNEAC, el Centro de Intercambio y Referencia-Iniciativa Comunitaria (CIERIC), y la voluntad popular, han logrado convocar a niños, amas de casa, jubilados y aficionados de todas las expresiones del arte a un empeño tan noble y necesario para matar el ocio estéril, y para desarrollar las potencialidades artísticas que existen en todo ser humano.

En Puerto Padre pude contemplar, no sin asombro, la estupenda sede del Comité Municipal de la UNEAC donde también nos reunimos con un gran número de miembros de nuestra organización en la sala Rívoli y donde entregamos, varios carnés a nuevos miembros. Allí pude escuchar los poemas de Renael González Batista, Frank Castell, y otros poetas y poetisas muy notables de la bella ciudad marinera y disfrutar el conjunto musical de saxos, clarinete y percusión dirigido por Ernesto Díaz.

Inmediatamente, en la Aguada de los Milagros, junto a un bello jardín que da al mar, compartí textos con otros escritores y ví una exposición de pintura local que iba desde los delicados paisajes tuneros de Humberto Hernández, hasta las propuestas más atrevidas de la plástica contemporánea. ¿De dónde sale tanto talento?, ¿de la nada, por obra y gracia de la providencia? Claro que no, sale de las escuelas vocacionales de arte y de todo el sistema de enseñanza artística de nuestro país; pero también del genio colectivo, natural y expansivo.

Luego la gran sorpresa: una pequeña comunidad pesquera en Boquerón donde todo el mundo es repentista, donde todo el mundo canta y donde hasta las chinas pelonas de la costa improvisan seguidillas y tonadas que quedan grabadas para siempre en el corazón del visitante. Otro proyecto comunitario UNEAC-CIERIC que gracias a esta fusión se recuperó de los estragos violentos de dos consecutivos ciclones que hicieron volar techos, puertas y ventanas por los aires. Allí probé la jaiba encurtida y el delicioso mousse guajiro de calabaza con merengue.

Hay que salir del Vedado para ver esto con ojos que quieran ver y también descansar de tanta papelería diaria que no siempre es alentadora. He querido dejar este testimonio como nota de aliento a todos los que contribuyen con el trabajo de extensión de la UNEAC en los lugares más intrincados del país, donde quiero yo mi suerte echar. Sí, hay que salir del Vedado.

 

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