Concierto barroco

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Recientemente cuatro maestros de la música barroca se reencontraron en La Habana. Fue en el Oratorio San Felipe Neri en pleno corazón del centro histórico de la ciudad. Allí, el público pudo asistir a un variado y sólido programa que permitió que Johann Sebastian Bach, Antonio Vivaldi, Alessandro Scarlatti y Georg Friedrich Händel volvieran a ejercer su magia sobre los atriles.

 Foto: Yordanka AlmaguerLa encargada de prestar su voz para la cita fue la soprano Milagros de los Ángeles. En la expedición musical por una parte del periodo barroco se hizo acompañar por el contratenor Ubail Zamora, el trompetista Yasek Manzano, la flautista Ivette Manresa, la pianista María de los Ángeles Horta y el cuarteto de cuerdas de la Orquesta Sinfónica Nacional. La labor de los instrumentistas se comportó a la altura del acontecimiento: acompañaron las múltiples facetas de la voz de Milagros de los Ángeles con una compacta ejecutoria, que mantuvo el equilibrio entre la emoción de las obras originales y la sensibilidad de hoy.

Pero quizás un detalle que conquistó con más intensidad los favores del público fue la cautivante interpretación de Manzano, un músico que se ha dado a conocer, sobre todo, por su maestría en los terrenos del jazz. Su imaginación melódica y su facilidad para recrear con soltura las líneas estructurales de las piezas y compenetrarse con el discurso musical de sus compañeros de emociones, contribuyó a que el concierto alcanzara en varias oportunidades nuevas cumbres estéticas.

A lo largo del espectáculo la soprano no envió sus naves hacia un mar de soluciones fáciles, ni recurrió a una desbordante demostración de poderío vocal a la hora de asumir la profunda intencionalidad expresiva de las obras de este cuarteto de ases de la cultura universal. Combinado con inteligencia, sutileza y sugerente misterio, su virtuosismo, más bien, la llevó a ofrecer una interpretación sosegada, íntima y luminosa que le permitió asomarse a la personalidad de estos compositores, plasmada en obras como la cantata Jauschen Gott in allen landen, de Johann Sebastian Bach (1685-1750), Sol da te mio dolce amore, de Antonio Vivaldi (1678-1741), Arie con tromba sola, de Alessandro Scarlatti (1660-1725) y Vivo in te mio caro bene, de la ópera Tamerlano, de Händel (1685-1759). En el acompañamiento de esta última puso en acción nuevamente sus apreciables dotes artísticas el cantante Ubail Zamora, quien hace algunos años tuvo el mérito de convertirse en el primer contratenor graduado en el Instituto Superior de Arte.

La intérprete, respaldada por el notable ejercicio creativo de músicos que siguieron con elegante técnica y precisión casi matemática el desarrollo de cada una de las piezas, mantuvo la tensión musical durante todo el concierto y mostró una versátil proyección vocal que fue en ascenso en la medida que avanzó en el repertorio, con el cual flechó al público que agradeció el regreso de los maestros del barroco a los escenarios cubanos.

 

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