Recientemente
cuatro maestros de la música barroca se reencontraron en La Habana.
Fue en el Oratorio San Felipe Neri en pleno corazón del centro
histórico de la ciudad. Allí, el público pudo asistir a un variado y
sólido programa que permitió que Johann Sebastian Bach, Antonio
Vivaldi, Alessandro Scarlatti y Georg Friedrich Händel volvieran a
ejercer su magia sobre los atriles.
La encargada de prestar su voz para la cita fue la soprano
Milagros de los Ángeles. En la expedición musical por una parte del
periodo barroco se hizo acompañar por el contratenor Ubail Zamora,
el trompetista Yasek Manzano, la flautista Ivette Manresa, la
pianista María de los Ángeles Horta y el cuarteto de cuerdas de la
Orquesta Sinfónica Nacional. La labor de los instrumentistas se
comportó a la altura del acontecimiento: acompañaron las múltiples
facetas de la voz de Milagros de los Ángeles con una compacta
ejecutoria, que mantuvo el equilibrio entre la emoción de las obras
originales y la sensibilidad de hoy.
Pero quizás un detalle que conquistó con más intensidad los
favores del público fue la cautivante interpretación de Manzano, un
músico que se ha dado a conocer, sobre todo, por su maestría en los
terrenos del jazz. Su imaginación melódica y su facilidad para
recrear con soltura las líneas estructurales de las piezas y
compenetrarse con el discurso musical de sus compañeros de
emociones, contribuyó a que el concierto alcanzara en varias
oportunidades nuevas cumbres estéticas.
A lo largo del espectáculo la soprano no envió sus naves hacia un
mar de soluciones fáciles, ni recurrió a una desbordante
demostración de poderío vocal a la hora de asumir la profunda
intencionalidad expresiva de las obras de este cuarteto de ases de
la cultura universal. Combinado con inteligencia, sutileza y
sugerente misterio, su virtuosismo, más bien, la llevó a ofrecer una
interpretación sosegada, íntima y luminosa que le permitió asomarse
a la personalidad de estos compositores, plasmada en obras como la
cantata Jauschen Gott in allen landen, de Johann Sebastian
Bach (1685-1750), Sol da te mio dolce amore, de Antonio
Vivaldi (1678-1741), Arie con tromba sola, de Alessandro
Scarlatti (1660-1725) y Vivo in te mio caro bene, de la ópera
Tamerlano, de Händel (1685-1759). En el acompañamiento de
esta última puso en acción nuevamente sus apreciables dotes
artísticas el cantante Ubail Zamora, quien hace algunos años tuvo el
mérito de convertirse en el primer contratenor graduado en el
Instituto Superior de Arte.
La intérprete, respaldada por el notable ejercicio creativo de
músicos que siguieron con elegante técnica y precisión casi
matemática el desarrollo de cada una de las piezas, mantuvo la
tensión musical durante todo el concierto y mostró una versátil
proyección vocal que fue en ascenso en la medida que avanzó en el
repertorio, con el cual flechó al público que agradeció el regreso
de los maestros del barroco a los escenarios cubanos.