El
tiempo pasa y cada día son más los dedos acusadores contra el
servicio secreto israelí, el Mossad, por el asesinato del líder
palestino del grupo Hamas, Mahmoud al-Mabhouh.
Los ojos del mundo están puestos sobre el Mossad,
decía un despacho de BBC Mundo de este lunes.
Como datos más recientes: los asesinos utilizaron
un fármaco para paralizarle antes de asfixiarle, según revelaron los
análisis forenses efectuados a su cadáver.
Al-Mabhouh, fue hallado muerto el 20 de enero en
un hotel de Dubai, y las autoridades de ese emirato acusan al
servicio secreto israelí de estar detrás del crimen.
El hecho criminal ha llegado a convertirse en
escándalo internacional por cuanto los autores emplearon pasaportes
robados y falsificados de israelíes que emigraron a Europa y
radicaban en Reino Unido, Francia, Australia, Irlanda y Alemania.
La policía de Dubai dijo haber identificado a 26
sospechosos de haber participado en el asesinato.
Pero como toda fechoría israelí, esta pretende
desvirtuarse y silenciarse, y para ello se trata de desviar la
atención internacional con un tema cotidiano: la construcción de
asentamientos judíos en tierra palestina.
Los últimos seis días han sido tensos en
Jerusalén Este y en Cisjordania, ante las protestas por la
construcción de 600 nuevas viviendas judías en la ciudad santa, y la
inclusión en el patrimonio de Israel de la Tumba de los Patriarcas,
conocida por los musulmanes como la Mezquita de Ibrahim, y lugar
considerado santo para los árabes.
En la zona ocupada de Jerusalén oriental, el
gobierno sionista había aprobado levantar 1 100 nuevas moradas en
tierras ocupadas por ciudadanos palestinos.
Todo hace indicar que Israel persigue un plan de
limpieza en la zona este de Jerusalén para dejarla libre de
palestinos, y abortar de esa forma la formulación internacional de
que exista allí la capital del futuro estado de Palestina.