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Guayabal, 15 meses después del huracán Paloma
Tengo, vamos a ver…
Pastor Batista Valdés
Guayabal,
Amancio, Las Tunas.— Como una blanca paloma, anida aquí un nuevo
reparto o comunidad que lleva el nombre de José Martí.
Está lo "prudentemente lejos" del litoral como para que la furia
de las olas y del viento no lo alcancen nunca más (por mucho que
penetren territorio adentro) y lo "suficientemente cerca" como para
que nadie muera de nostalgia por ese mar, cordón umbilical de
generaciones enteras.
Sigue avanzando Guayabal, por tanto, hacia algo que desde sus
orígenes "tenía que tener": capacidad para resistir el azote de
cualquier fenómeno meteorológico (en especial la tempestuosa
penetración marina) sobre la base de una concepción estratégica en
la actividad constructiva, de asentamiento y desarrollo poblacional,
más a tono con el comportamiento de la naturaleza en estos tiempos.
A
la necesidad de prever y de obrar así se ha referido varias veces el
General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de
Estado y de Ministros de la República de Cuba, desde que, en
noviembre del 2008, constató directa e inmediatamente los enormes
estragos causados por las olas y por las ráfagas del huracán Paloma
sobre las comunidades de Guayabal y Santa Cruz del Sur.
DEL INFIERNO AL PARAÍSO
La imagen de combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
y del Ministerio del Interior encabezando día tras día un empeño que
arrastró a los constructores del territorio, emergerá siempre como
antídoto frente a los infernales recuerdos de la anciana Marcelina
Martínez Naranjo, cuya vivienda fue demolida por la ira del mar
aquella fatídica noche del 8 de noviembre.
"Cuando los evacuados regresamos —afirma— y vi hecha pedazos mi
casita de madera y fibrocemento, mi máquina de coser, mi televisor,
la batidora, casi todo lo que tenía... pensé que allí mismo se me
iba a partir en pedazos el corazón."
Situados
al pie de la nueva comunidad, ya rinden frutos los cultivos
semiprotegidos.
Pero, como las demás familias damnificadas (prácticamente toda la
comarca, incluyendo más de un centenar de derrumbes totales),
Marcelina tuvo la misma confianza que su coterránea América González
Leyva, quien en medio de tal desgracia dijo a la prensa: "Yo sé que
somos muchos y que todos tenemos necesidades, pero más temprano o
más tarde recibiremos la ayuda de la que nos habló Raúl en su
visita".
Y el país lo cumplió. Hoy las 112 nuevas viviendas edificadas
aquí (48 de ellas a cargo de las instituciones armadas), confirman
la esencia profundamente humana de la Revolución, incluso en los
momentos más adversos desde el punto de vista económico.
Con un diseño y confort que dista "años luz" de las casitas
arrasadas por el furioso oleaje, este proyecto inserta, además, el
acceso a la atención estomatológica, laboratorio clínico, farmacia,
enseñanza primaria, bodega, círculo socio-cultural, panadería, casa
de cultivos semiprotegidos, áreas para la recreación infantil y de
adultos, telefonía (pública y en los hogares), servicios de
funeraria e incluso un nuevo cementerio: fuera también del peligro
que aquella terrible noche levantó sepulcros y alteró la paz del
viejo camposanto situado frente al mar.
TENGO, VAMOS A VER...
¡QUE MANTENER!
Aunque no están entre los nuevos moradores, Yanuris Hernández,
Yusel Pantoja, Yarislexy Salazar y Danarys Esquivel andan "como
niños-adultos con juguete nuevo", desde que vinieron a ver este
reparto que —según afirman— más bien parece un centro recreativo, un
bello lugar, gracias al trabajo de muchos compañeros, sobre todo los
de las FAR y el MININT.
Quizás por eso —añade Yanuris— quienes renegaban al principio,
ahora están locos por venir a vivir para acá.
Ese es un buen síntoma de la percepción y comprensión populares
acerca de un pequeño movimiento hacia la profundidad del territorio,
que no es capricho sino necesidad para proteger lo más preciado: la
vida, así como valiosas instalaciones y recursos, frente a la cada
vez más incierta conducta del medio ambiente.
Y en esa voluntad por preservar lo que tenemos, decididamente
tiene que ocupar un lugar de primer orden el patrimonio que atesoran
estos apartamentos cuyo apreciable subsidio estatal tornará
"simbólico", como siempre, el pago por parte de sus moradores.
En la conciencia de ellos, y en la exigencia colectiva de la
comunidad, está corresponder al privilegio que significa acceder a
estas viviendas: sueño inalcanzable para otros que sufren la
pesadilla de iguales desastres en diferentes latitudes.
Solo así —con extremo cuidado— podrá mantener siempre su
esplendor esta obra que acentúa entre los habitantes de Guayabal una
convicción tan profunda como el mar: la verdadera Paloma no fue
aquella que arrasó con todo aquí, sino esta nueva comunidad que
genera vida, gracias al tesón de combatientes y constructores, para
hacer realidad lo que desde el primer instante orientó Raúl. |