De la burocracia y sus demonios

Lianet Arias Sosa

Muchos tropezamos a diario con situaciones, casi fantásticas, en las que la burocracia irrumpe con aires de superioridad.

Hace varias semanas nos propusimos realizar un artículo relacionado con el Instituto de Planificación Física. Allí no surgieron problemas mayores. Sus funcionarios estaban dispuestos a dialogar sobre limitantes, necesidades y errores cometidos por la institución.

Para completar el trabajo, no obstante, era preciso recurrir al Instituto Nacional de la Vivienda.

Allí mismo, en Planificación, nos facilitaron el teléfono de la vicepresidenta de Vivienda que atiende el proceso inversionista. Llamamos inmediatamente, pero pasaron días antes de que la secretaria de aquella vicepresidenta finalmente nos explicara que debíamos dirigirnos primero al vicepresidente de Asuntos Globales. Era necesario "cumplir un protocolo".

¿Para qué ir más lejos si la respuesta que buscábamos estaba en la persona responsable del proceso inversionista?

Acudimos al vicepresidente de Asuntos Globales con la esperanza de que sería ese el último inconveniente. La secretaria, en este caso, sí agregó que seguramente era la vicepresidenta encargada de Inversiones quien debía atendernos... ¡Pero claro, eso ya lo sabíamos!

Ese mismo día el vicepresidente de Asuntos Globales decidió "reorientarnos", así que terminamos en manos de la relacionista pública. Ante una realidad que se esconde no sabemos por qué motivos, llamamos nuevamente a la oficina de la vicepresidenta encargada de Inversiones.

A la secretaria le pedimos conversar directamente con la vicepresidenta, pero respondió que no sabía qué día podíamos localizarla. Ni siquiera hubo un "le llamamos luego".

Pocos días atrás, volvimos a contactar a la relacionista pública. Le explicamos el objetivo del artículo y pidió, muy respetuosamente, que enviáramos un correo electrónico para poder tramitar el asunto. ¿Es posible que la cadena se alargue más?

Mientras, el artículo incompleto lleva semanas aguardando por la buena voluntad de los trámites en Vivienda. Más que rozar lo inaudito, concertar una entrevista que a fin de cuentas informará a la población, parece necesitar tanto "papeleo" como construir una casa, solicitar una permuta o legalizar una propiedad.

Si altos dirigentes del país no escatiman tiempo para dialogar con el pueblo y también con los periodistas, ¿por qué a otros les resulta tan difícil?

 

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