El 24 de febrero de 1895, tras el esfuerzo titánico de
preparación realizado por José Martí, se reinició en Cuba la
contienda independentista. Desde Montecristi, el propio Martí, en su
carácter de delegado del Partido Revolucionario Cubano, y Máximo
Gómez, como General en Jefe del Ejército Libertador, anunciaban a la
opinión pública internacional "la Revolución de independencia,
iniciada en Yara después de preparación gloriosa y cruenta, ha
entrado en Cuba en un nuevo período de guerra, en virtud del orden y
de acuerdos del Partido Revolucionario en el extranjero y en la
isla, y de la ejemplar congregación en él de todos los elementos
consagrados al saneamiento y emancipación del país, para bien de
América y del mundo
".
El
trabajo tesonero del Partido Revolucionario Cubano dentro y fuera de
la Isla rindió sus frutos. Había revitalizado, con renovado vigor,
la llama esperanzadora de la Revolución, levantando el patriotismo
entre las masas, unido a todos los luchadores, veteranos y jóvenes.
Por eso, la orden de alzamiento, comunicada por Martí a Juan
Gualberto Gómez, y muy esperada en territorio cubano por los
sectores independentistas, encontró eco en las acciones de los
héroes de aquel día de luz: en Baire, en Bayate, en Guantánamo, en
Ibarra... , que en cumplimiento del sagrado deber respondieron al
llamado de la Patria.
Y tras ellos marchó todo un ejército del pueblo, extendiéndose la
guerra rápidamente, primero en la indómita región oriental y,
después de la llegada de Martí, Gómez y Maceo, a otros territorios.
No pudieron impedirlo ni los 300 000 hombres que el colonialismo
envió a combatir a Cuba, ni los crímenes más atroces cometidos sobre
la población cubana, ni las maniobras políticas de última hora. En
pocos meses la tea revolucionaria se conocía hasta en el rincón más
occidental del país. El colonialismo se desplomaba.
Ni siquiera el artero golpe que recibió el movimiento
revolucionario semanas antes del alzamiento, cuando las autoridades
norteamericanas detuvieron e impidieron las expediciones armadas que
secretamente debían partir de La Fernandina, y que dejó al Partido
Revolucionario Cubano prácticamente "sin barcos, sin armas y sin
dinero en los momentos en que de Cuba exigían el levantamiento
inmediato", pudo evitar "la guerra necesaria y justa".
Así, como hito glorioso del proceso revolucionario cubano,
recordamos hoy el aniversario 115 del Grito de Baire y rendimos
tributo a los hombres que en la manigua redentora defendieron con
heroísmo el derecho de nuestro pueblo a su independencia y abonaron
con su sangre y su sacrificio el camino de la Revolución.