Las esperanzas de nuestro pueblo radican en su propia fuerza

Nuestro sistema político, que consagra el poder del pueblo, es la principal conquista que debemos salvar, porque de él dependen todas las demás.

Justamente ahí radica la importancia de la nominación de candidatos a delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, proceso al cual hemos sido convocados desde la gloriosa fecha patria del 24 de febrero, los más de ocho millones de cubanos y cubanas con capacidad legal para ejercer el sufragio e inscritos de oficio en el Registro de Electores.

No ha sido fácil la tarea de las decenas de miles de personas que, desde 1976, hemos elegido para integrar las Asambleas Municipales del Poder Popular y representarnos ante los órganos de la administración, como tampoco será fácil la de los que elijamos desde hoy para un nuevo mandato.

Ellos y ellas, con sus esfuerzos, han escrito una importante parte de la historia de nuestra Patria, pues en su gestión se han enfrentado a las voraces fauces de un genocida bloqueo; más recientemente han chocado de frente con la actual crisis económica financiera mundial, que aunque creada por el mismo imperio que nos bloquea, a quienes más afecta es a los países más pequeños, como el nuestro.

Como si fuera poco hace apenas unos 15 meses el territorio nacional fue devastado por tres poderosos huracanes, ocasionándonos pérdidas por más de 10 000 millones de dólares.

Esa situación es la que despide a los delegados del actual XIII mandato, y es la misma que recibirá a los del XIV, de manera que serán arduas y también complejas las circunstancias en que asumirán su responsabilidad quienes tengan el altísimo honor de ser depositarios de la confianza del pueblo.

Sin embargo, cuando hoy estemos en uso de nuestro derecho constitucional al nominar a quienes consideramos tienen los méritos, las virtudes y la capacidad de ser delegados, estaremos también expresando nuestra esperanza en las instituciones de la sociedad, cuya esencia está en la propia fuerza de nuestro pueblo, al apoyar la gestión del delegado, al tiempo que le exige ser digno representante de los cubanos y cubanas, los únicos que verdaderamente tienen el poder.

Es ese poder el que nos da derecho a postular, pero también a demandar que las Asambleas Municipales sean fieles defensoras del mandato que les otorgamos, que estén junto a la población, lo mismo con un problema resuelto que con la argumentación si por el momento no hay una solución.

Para eso es que nominamos y elegimos a nuestro representante, no para administrar. A diferencia del sistema burgués o de las llamadas "democracias" occidentales, en las cuales el ciudadano delega la soberanía en el elegido, en la nuestra lo que hacemos es darle a esa persona todo el poder y la fuerza de los electores.

Por eso no debemos pedirle al delegado que resuelva tal o más cual problema, debemos pedirle y exigirle que nos represente, con argumentos y la explicación a la administración de la importancia de solucionar determinado planteamiento, comprendiendo todos que en las actuales circunstancias por las que atraviesa nuestro país algunas respuestas estarían sujetas al proceso de reordenamiento económico e institucional que se lleva a cabo en el país.

En este sentido, recordemos lo dicho por el compañero Raúl el pasado 20 de diciembre del 2009, al clausurar el IV Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular:

Tengo conciencia de las expectativas y honestas preocupaciones, expresadas por los diputados y los ciudadanos en cuanto a la velocidad y profundidad de los cambios que tenemos que introducir en el funcionamiento de la economía, en aras del fortalecimiento de nuestra sociedad socialista.

En este sentido me limito, por ahora, a expresar que en la actualización del modelo económico cubano, cuestión en la que se avanza con un enfoque integral, no puede haber espacio a los riesgos de la improvisación y el apresuramiento. Es preciso caminar hacia el futuro, con paso firme y seguro, porque sencillamente no tenemos derecho a equivocarnos.

Nunca debemos olvidar la enseñanza de Martí cuando dijo: "Se ha de hacer despacio lo que ha de durar mucho".

Y nuestra Revolución ha durado mucho por la fuerza y la unidad con que su pueblo la ha defendido. Continuemos entonces impregnando a nuestros delegados, desde el mismo instante de la nominación, de esa fortaleza y fe en la victoria.

 

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