Estimados Presidentes, Primeros Ministros y Jefes de
Delegaciones:
Deseo comenzar con un mensaje fraterno al hermano pueblo
mexicano, cuya tierra dio abrigo a muchos luchadores de
Latinoamérica, entre ellos a los iniciadores de la Revolución Cubana
y al que nos unen entrañables lazos de amistad.
Agradezco la cálida hospitalidad con que se nos ha recibido.
Estimados colegas:
La decisión que acabamos de adoptar de crear la Comunidad de
Estados Latinoamericanos y Caribeños es de trascendencia histórica.
Cuba considera que están dadas las condiciones para avanzar con
rapidez hacia la constitución de una organización regional puramente
latinoamericana y caribeña, que integre y represente a las 33
naciones independientes de la América Latina y el Caribe.
La mayoría de las regiones del mundo tienen su propia
organización, con independencia de que algunos de sus miembros
pertenezcan a otras agrupaciones subregionales o a organismos que
abarcan a más de un área geográfica. No hay razón para que América
Latina y el Caribe no cuenten con su propia entidad de concertación
política, de coordinación económica y de cooperación e integración.
No tendría sentido dilatar ese proceso. Seamos consecuentes con
la voluntad expresada en la Cumbre de Salvador de Bahía.
La celebración en Caracas de la próxima Cumbre en el año 2011,
sería el momento propicio para concluir los trabajos preparatorios
de la nueva organización y ponerla en marcha. En ese sentido,
consideramos conveniente realizar esfuerzos para definir con
prontitud sus estatutos y formas de operación, de manera tal que en
ellos se recojan los intereses colectivos hacia una mayor
integración y unidad de nuestra región. Corresponderá a Venezuela
presidir los trabajos preparatorios, incluida la elaboración de los
documentos.
Ser una nación independiente de América Latina y el Caribe es
condición imprescindible para formar parte del nuevo organismo, que
deberá caracterizarse por el respeto a la diversidad cultural, a las
distintas dimensiones geográficas y económicas, al sistema político
que cada país adopte, a la disparidad en riquezas naturales y al
diferente desarrollo social.
Cuba considera que la Declaración que se nos propone sobre este
tema es positiva. Contiene los elementos necesarios para abrir un
período de trabajo y preparación. Nuestra aspiración es que el
documento constitutivo del nuevo organismo se elabore con eficiencia
y agilidad para poder aprobarlo en la próxima Cumbre.
Cuba trabajará con dedicación en ese empeño.
Agradezco profundamente la adopción de un comunicado especial que
reclama poner fin al injusto bloqueo económico, comercial y
financiero de los Estados Unidos contra mi país, así como las
expresiones de solidaridad manifestadas aquí por algunos de los
oradores que me han precedido.
La pobreza en Haití es un producto del colonialismo y la
posterior dominación neocolonial. En esa sufrida nación se produjo
la primera revolución social que la convirtió, en esa época, en el
único territorio independiente de Latinoamérica y el Caribe. Fue,
además, como todos conocemos, la única revolución social, dirigida
por esclavos, victoriosa en la historia de la humanidad.
La respuesta de la comunidad internacional ante el terremoto y,
en particular, de los países latinoamericanos y caribeños, ha sido
encomiable. Pero, el gran desafío empieza ahora, cuando los
titulares de prensa abandonen Haití, el momento de emergencia haya
pasado y se diluya la supuesta "amenaza" de una oleada migratoria.
La solidaria ayuda frente al desastre no debe pasar a la historia
como un gesto fugaz y repentino de generosa "caridad".
Ese país hermano requiere y merece un esfuerzo internacional de
envergadura para su reconstrucción, desinterés y pleno respeto a la
soberanía de Haití y su Gobierno y una voluntad urgente y de largo
plazo, bajo la autoridad de Naciones Unidas, con la única presencia
de la MINUSTAH.
La solidaridad del pueblo cubano no llegó a Haití con el
terremoto. Ha estado presente desde hace más de una década.
En ese tiempo los médicos cubanos habían realizado 14 millones de
consultas, 200 mil cirugías, 100 mil partos y 45 mil operaciones
oftalmológicas.
Se alfabetizaron 165 mil haitianos, se graduaron de nivel
superior 917 jóvenes y cursaban estudios en Cuba 660 becarios
haitianos.
En el momento del desastre, se encontraban trabajando allí más de
400 colaboradores cubanos. Nuestros médicos comenzaron a brindar sus
servicios desde el primer instante.
Ahora están prestando asistencia médica en el terreno 1 429
colaboradores de la salud, que incluyen 406 médicos residentes,
internos y estudiantes haitianos de 5to. año de medicina procedentes
de Cuba, además de 224 médicos de 22 naciones de América Latina y el
Caribe y 7 médicos de los Estados Unidos, graduados en la Escuela
Latinoamericana de Medicina en Cuba, que conforman un gran
contingente internacional.
Venezuela, el Presidente Hugo Chávez, con su especial
sensibilidad y generosidad, Cuba y los demás países del ALBA se
proponen mantener e incrementar ese esfuerzo y están dispuestos a
cooperar con todas las naciones, sin excepción alguna, para ayudar
al pueblo y al gobierno haitianos, a partir de que contamos con los
recursos humanos, la experiencia y la infraestructura inicial
apropiada en el terreno.
Deseo compartir con ustedes, un proverbio chino grabado en La
Capilla del Hombre, del gran pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín,
que me impactó cuando la visité en agosto pasado a la toma de
posesión de nuestro amigo Rafael Correa. Cito: "Yo lloré porque no
tenía zapatos, hasta que vi un niño que no tenía pies".
Esta profunda reflexión me hizo pensar con orgullo en nuestro
pueblo, en Martí que nos enseñó que Patria es Humanidad. Pienso
también, en la Revolución Cubana, en estos 50 años de lucha, y en
Fidel, que con su magisterio, nos ha educado en la generosidad y la
fuerza de la solidaridad.
Les aseguro que la colaboración cubana y su modesto esfuerzo,
permanecerán en Haití los años que sean necesarios, si el Gobierno
de esa nación así lo dispone. A nuestro país, férreamente bloqueado,
no le sobra ningún recurso, más bien le falta de todo, pero está
dispuesto a compartir su pobreza con los que tienen menos, en primer
lugar con quien hoy más lo necesita en el continente.
Estimados Presidentes y Primeros Ministros:
Cuba, junto al resto de América Latina y el Caribe, ha
reivindicado siempre el justo reclamo de la República de Argentina
en torno a las Islas Malvinas y otros territorios circundantes. Hoy
respaldamos firmemente el derecho legítimo de esa hermana nación a
los recursos naturales de su plataforma continental, y a demandar
que cesen las actividades foráneas de exploración y explotación de
hidrocarburos. Estas acciones, que cuentan con la autorización del
gobierno británico, entrañan una grave violación del derecho
internacional. No le faltará al pueblo argentino nuestro apoyo en
esta noble lucha.
Cuba apoya también al gobierno ecuatoriano en su justa demanda
contra la decisión del Grupo de Activos Financieros Internacionales,
y la pretensión de adjudicarse la autoridad de calificar o
descalificar a gobiernos soberanos sin fundamento alguno. Nos
recuerda las listas espurias del Departamento de Estado de los
Estados Unidos, con respecto a países que supuestamente patrocinan
el terrorismo.
Otro tema bajo nuestra atención es el cambio climático que
constituye la principal amenaza que enfrenta la humanidad. Lo que
sucedió en Copenhague fue antidemocrático, careció de transparencia
y se impuso mediante un formato de negociaciones excluyentes que
ignoró a la mayoría de los Estados Partes en la Convención.
Nuestro país se propone trabajar con dedicación y espíritu
constructivo en el proceso de preparación de la 16 Conferencia de
las Partes, defender que este sea un proceso de negociación
transparente e incluyente, que dé lugar a un acuerdo amplio y
jurídicamente vinculante.
Cuba sostiene que es preciso salvaguardar el Convenio Marco sobre
el Cambio Climático y su Protocolo de Kyoto; que hay que defender el
principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, y
respetar el mecanismo de negociación estipulado en la Ruta de Bali.
Creemos que los países latinoamericanos y caribeños, a pesar de
nuestras características diversas, estamos comprometidos con estos
principios y tenemos la fuerza para defenderlos.