La reconquista de Caballete

Campamento del Che Guevara en las montañas espirituanas recibe los beneficios de una rehabilitación general

Juan Antonio Borrego

FOMENTO, Sancti Spíritus. — Andar y desandar el camino que trepa desde Santa Rosa hasta el mirador de Caballete de Casas, más que un oficio, se ha convertido para Ernesto Pino en una suerte de tentación incurable desde hace más de medio siglo.

Fotos: Aliesky RodríguezLa fuerza de Flora y Fauna, encargada de la rehabilitación del campamento, se mantuvo en lo alto de la cordillera hasta tanto los trabajos fueron concluidos.

"Todavía me atrevo a subir con los ojos cerrados", respondió hace algunos meses cuando los trabajadores de la Unidad Territorial de Flora y Fauna de Sancti Spíritus, le consultaron su disposición para asesorar las labores de reconstrucción del campamento que, a finales de 1958, utilizaran las fuerzas rebeldes al mando del Comandante Ernesto Che Guevara.

Pupo, como verdaderamente se le conoce en estas lomas, sirvió desde muy joven de arriero, colaborador y práctico de los revolucionarios y luego por derecho propio quedó como guía de los excursionistas que cada año intentan llegar a la cima de Caballete de Casas.

Convertido en un andarín incansable, a pesar de sus más de setenta años, Pupo advierte que para escalar hasta el mirador no basta el entusiasmo, sino que además es preciso saber administrar muy bien las energías, descansar solo lo necesario y no preguntar jamás cuánto falta para llegar, premisas que también debían cumplir ahora los hombres encargados del remozamiento de la instalación.

POR EL LOMO DE LA SIERRA

Cuentan los combatientes de la epopeya revolucionaria que la idea de levantar un campamento guerrillero con todas las de la ley en las montañas villareñas, la traía el Che Guevara en su mochila de guerra desde el mismo momento en que recibió la orden de Fidel de trasladarse con la Columna No. 8 hasta el centro del país.

Según los especialistas, las medidas adoptadas en el proceso de restauración deben contribuir a la durabilidad de la obra.

A diferencia de Camilo, cuya misión implicaba inicialmente continuar la invasión hasta Pinar del Río, el Che debía permanecer de manera indefinida en Las Villas, razón que aconsejaba la creación de una infraestructura capaz de garantizar el éxito de la contienda en una región de por sí complicada dada la actitud hostil de la jefatura del llamado Segundo Frente del Escambray.

Caballete de Casas, un observatorio natural situado a 755 metros sobre el nivel del mar, en una ladera prácticamente infranqueable del macizo de Guamuhaya, fue el sitio sugerido por campesinos y colaboradores de la zona para levantar el campamento que, medio siglo después, se conservaría como monumento nacional e inspiración permanente para escaladores de múltiples latitudes.

Hasta estas cumbres llegaron hace muy poco los hombres de Flora y Fauna pinchados por una ilusión que, al decir de ellos, resultaba cautivante, pero arriesgada: reconstruir el campamento rebelde, marcado severamente por el imperio de la humedad y la falta de mantenimiento.

UNA MURALLA DE GUANO

Cuando en los meses finales de 1958 Arístides Guerra, El Gallego, y otros integrantes de la Columna No. 8 dieron por concluida la encomienda del Che, no sospecharon que medio siglo después aquella aventura suya sería reeditada con similar entusiasmo.

Vista de la Comandancia después de reconstruida.

Para levantar otra vez la "muralla" de guano y madera rolliza los hacedores de Flora y Fauna no solo requirieron del concurso y el asesoramiento de Pupo, sino de otras instituciones, entidades y organizaciones tanto municipales como provinciales, en particular de especialistas del Museo de Fomento.

Con vistas a no perder tiempo en la empresa que los ocupaba y en un claro mensaje de organización para cualquier frente de trabajo, los constructores hicieron sus bártulos, se olvidaron de pases y de llamadas telefónicas y se fueron hasta lo alto de la loma donde plantaron cocina y albergue de campaña hasta tanto clavaron la última puntilla.

María Elvira Dávila Viamontes, directora de la Unidad de Flora y Fauna espirituana, entidad que desde el pasado año administra unas 630 hectáreas del lomerío de Fomento, donde se encuentra enclavado el histórico sitio, confirmó que sus fuerzas rehabilitaron integralmente los 17 inmuebles con que cuenta la instalación, entre estos la Comandancia, los dormitorios, el local que ocupaba la planta de Radio Rebelde y el anfiteatro.

Con vistas a amainar el dañino efecto de la intemperie, los especialistas recomendaron descascarar la madera empleada en el remozamiento así como barnizarla, lo que obviamente limitará el devastador perjuicio de los microorganismos, según el criterio del ingeniero René Sánchez, uno de los encargados de la inversión.

A diferencia de restauraciones anteriores —la primera de ellas data de 1979— en esta ocasión se usó el guano cana, material mucho más duradero, traído especialmente desde los predios de la Empresa Forestal de Manicaragua, en el vecino territorio villaclareño, todo lo cual, unido a una oportuna política de mantenimiento, debe restituir la vitalidad del sitio.

¿CABALLETE DE CASAS O MANACA RANZOLA?

Combatientes, historiadores y estudiosos del tema coinciden en reconocer, que más que un simple escenario de guerra el campamento del Che en Caballete de Casas, obedecía a una estrategia muy bien definida para garantizar el éxito de la lucha en la región central de Cuba y tenía como antecedente cercano su similar de Minas de Frío, en el corazón de la Sierra Maestra.

Sin embargo, contrario a la creencia popular y a lo que frecuentemente suele afirmarse, en medio de las complejidades de la lucha guerrillera el Che no permaneció en Caballete de Casas y, según atestiguan varios de sus compañeros de lucha, apenas dispuso de tiempo para visitarlo.

Su verdadero campamento lo estableció en la zona de Manaca Ranzola, en El Pedrero, desde donde se movió para hacer contactos con las restantes fuerzas revolucionarias que operaban en el Escambray, preparó la campaña de Las Villas y rechazó la conocida ofensiva batistiana a finales de 1958.

No por ello Caballete merece una reputación menor: el lugar fue campamento de reserva durante los últimos meses de la guerra, asiento de la planta de Radio Rebelde a través de la cual conversaban Che y Fidel, refugio seguro para los revolucionarios "quemados" en la clandestinidad y escuela para los guerrilleros recién incorporados a la tropa; razones más que suficientes para salvar su historia y, de vez en vez intentar llegar hasta sus cúspides más soberbias.

 

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