Lo
traicionaron. Acompañado de su padre, Gregorio Sandino; el escritor
Sofonías Salvatierra, entonces ministro de Agricultura, y los
generales amigos Estrada y Umanzor acudían a una cena en La Loma,
Palacio Presidencial, invitados por el mandatario Juan Bautista
Sacasa. A la salida, el coche en el que viajaban fue detenido y el
cabo de guardia que les irrumpió era, en realidad, un mayor
disfrazado que les condujo a la cárcel. Los detenidos pidieron
llamar a Somoza, pero les dijeron no poder localizarlo.
Eran las 11 de la noche del 21 de febrero de 1934, Sandino —tan
solo con 39 años de edad— fue llevado al monte junto a sus
compañeros Estrada y Umanzor, y allí, en medio del campo el batallón
que los custodiaba —cumpliendo órdenes del vergonzosamente célebre
jefe de la Guardia Nacional, Anastacio Somoza García— abrió fuego.
Setenta y seis años después, su pueblo lo evoca como el hombre
que les enseñó el camino de la dignidad. Su nombre completo era
Augusto Nicolás Calderón Sandino. Desde niño supo de rudezas e
injusticias, como recogedor de café en Nicaragua, mecánico en Costa
Rica, jornalero en las plantaciones de la United Fruit Company en
Honduras y Guatemala, o empleado de empresas petroleras en México.
Su país era víctima de constantes desembarcos de tropas
estadounidenses y de una ocupación casi permanente. Cuando en mayo
de 1926 se inició la llamada guerra constitucionalista, regresó de
México y se sumó a la lucha. Con los años fue forjando su leyenda.
Así se convirtió en el General de Hombres Libres y echó su suerte.
No depuso las armas hasta que las tropas ocupantes se retiraron en
enero de 1933.
Con Sacasa al frente del país y el general Somoza en la Guardia
Nacional, firmó un tratado de paz, que nunca se cumplió. Varias
veces se quejó ante el presidente. No fue escuchado. Washington y el
régimen de Somoza decidieron segar su joven y fecunda vida. Y lo
inmortalizaron. Ahí está el Frente Sandinista de Liberación
Nacional. Y este domingo, en el aniversario 76 de su asesinato,
nuevamente fue honrado el gran Héroe Nacional de Nicaragua.