Aniversario 50 de los CDR

El temor de María Encarnación

Ventura de Jesús

Cualquiera que la haya visto por aquellos días fundacionales de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), habrá podido comprobar que 50 años después esta mujer bondadosa y en extremo sencilla todavía conserva el mismo espíritu optimista y de lucha.

Foto: Marisol Ruiz Soto.Sus medallas, únicos tesoros de María.

Pero María Encarnación López no necesita de tantas palabras para explicar esa constancia. "Nunca he perdido la fe en la Revolución ni en Fidel", dice.

Esta octogenaria matancera ha consagrado su vida a la fragua revolucionaria, sin poner reparos jamás a una sola de las tareas que le han encomendado en medio siglo. Participó en la creación de los CDR en la capital provincial y desde entonces asume la responsabilidad de presidenta de la organización de masas en su cuadra. También es la coordinadora de la zona desde hace varias décadas.

"El amor por mi Patria y por lo que hago me han hecho perder el sentido del tiempo", expresa y se ríe cuando sale a relucir el tema de los años en esa función. Dirige el CDR No. 7, zona 26, en el consejo popular Matanzas Este, donde los vecinos la quieren y respetan. "Trato de no buscarme problemas con la gente y me llevo bien con todo el mundo, pero los cederistas saben cuánto me importa que las cosas se hagan bien".

Es fácil suponer la cantidad de recuerdos que atesora de aquellos años 60 y de todo el movimiento popular en torno al barrio, para defender a la Revolución tanto del enemigo interno como del externo. "Por eso fue tan necesaria la constitución de los CDR, había que formar un bloque monolítico, de masas, para desmantelar cualquier intento sedicioso y desestabilizador. Fueron tiempos duros en los que sobresalió el valor del pueblo cubano".

A simple vista puede apreciarse que María Encarnación no ha gozado de privilegio alguno, se ha interesado solo en el bienestar de los demás. No hay en su casa el menor lujo. Limpieza y orden, pero nada que denote ostentación. En el humilde hogar reina su pureza.

—¿A su juicio qué falta por mejorar en los CDR, allí en la base?

"No se puede bajar la guardia. A veces pienso que hay un poco de rutina, y la culpa la tenemos nosotros mismos, los que dirigimos. Es preciso chequear las tareas, que el cederista note la pujanza y la utilidad de lo que se va a hacer. Otra cosa es la fuerza del ejemplo, algo que tengo bien claro.

"Para mí no hay encomienda difícil, creo que todo es posible. No entiendo el porqué algunos no quieren asumir responsabilidades. Ah, eso sí, en mi CDR los cinco integrantes del ejecutivo trabajan a la par, nadie se acomoda. A los más jóvenes hay que ofrecerles la oportunidad de asumir, y al propio tiempo exigirles y ayudarlos".

Mientras conversamos, le comento que tiene derecho a descansar después de toda una vida de trabajo, y que si alguna vez no ha pensado en apartarse.

Responde de inmediato: "Quien funda los CDR sigue con la guardia en alto, no se cansa, aburre o jubila. Continúa firme y trabajando. Yo soy fiel a ese ejemplo. Mi único miedo es precisamente que un día el cuerpo me impida serle útil a la Revolución".

 

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