Plan de prevención

¿Letra muerta o instrumento para la acción?

Miguel Febles Hernández

A estas letras no les cabría el clásico inicio de relato de "Un buen día¼ ", pues resultó lo contrario para el colectivo de una entidad camagüeyana al amanecer con la noticia, nada agradable, de que de uno de sus departamentos habían sustraído un equipo de aire acondicionado y varios discos duros de las computadoras con información sensible para su funcionamiento.

Las pesquisas de la guardia operativa de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), y la consiguiente investigación determinaron que a los comisores del delito les resultó fácil acceder al local elegido para el golpe y sustraer el "botín" con impunidad.

De otra forma no podía ser: el área carecía de protección, no había guardia obrera, el custodio estaba dormido y falló el control oportuno de la administración, la que, de paso, se enteró de lo acontecido varias horas después del hecho, en clara evidencia de que no existía tampoco un adecuado sistema de aviso.

Anécdota aparte, prefiero detenerme en un asunto que no es privativo, ni mucho menos, de la entidad afectada: tales fisuras o riesgos aparecen reflejados en el plan de prevención, solo que este, cual objeto de museo, permanece inmaculado en una de las gavetas del archivo de la dirección.

El diseño impecable y la pulcritud de las páginas dan fe de que su uso no va más allá de la simple presentación a las visitas, con lo cual se desvirtúa su objetivo principal, que es servir de instrumento de trabajo cotidiano, para lograr, con el concurso de los colectivos laborales, cerrar las brechas posibles al delito.

La actualización sistemática del plan y el análisis oportuno en los consejos de dirección, núcleos del Partido y secciones sindicales, lejos de verse como actos rutinarios, deben convertirse en momentos imprescindibles para la evaluación crítica de las vulnerabilidades y la adopción de medidas eficaces que no dejen cabos sueltos al actuar impune de los delincuentes, malversadores y ladrones.

Ir a las causas, no a las consecuencias, parece ser la fórmula idónea para enfrentar el problema, no siempre asumida por quienes tienen el deber y la obligación de preservar los recursos materiales y financieros del Estado; las consignas, los llamados y las convocatorias no pueden suplir la acción directa de los hombres.

Los resultados de las auditorías y verificaciones fiscales efectuadas durante el 2009, reflejan que, no obstante los avances, todavía se detectan violaciones en la actividad económico-contable, robos en almacenes y otras dependencias estatales, vulneraciones de los sistemas de control y componendas de todo tipo para ampliar el universo de cómplices.

Urge, por tanto, desempolvar los planes de prevención de las entidades y hacer de sus medidas un programa de acciones efectivas, dirigido a extirpar de raíz los males entronizados en algunos centros laborales.

 

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