Recientes están en la agenda de preocupaciones las prolongadas
sequías, abiertas permanecen sobre la piel del Archipiélago las
cuchilladas por donde los huracanes desangraron más de 10 000
millones de dólares.
Como si fuera poco, el Aedes aegypti sigue cobrando el precio del
descuido entre quienes no interiorizan que solo con medidas extremas
y permanentes de higiene, es posible enfrentar con éxito al
peligroso vector.
La pregunta es si en las particularidades actuales de Cuba, la
solución es hincar rodillas, dejarnos aplastar por lo adverso,
aplicar entre nosotros mismos "la ley del más fuerte".
Ha "remado" mucho —y codo a codo— el cubano para "morir ahogado
en la orilla", consigna una frase de pueblo.
Que las miserias humanas no le hagan el juego, jamás, a las
miserias naturales.
Como nunca antes el momento exige cerrar fila, unir voluntades,
apelar a valores heredados de nuestros más genuinos ancestros.
No cabe, en el hogar, barrio, pueblo y nación, una actitud
distinta de la que —aun así— continúa protagonizando Cuba, mediante
acciones concretas de solidaridad hacia los más necesitados, no
importa dónde, en todo el mundo.
A diferencia del egoísmo rapaz que genera el modelo del
capitalismo, para todo cubano esta es la hora de multiplicar panes y
peces.
Parece sencillo, pero se torna inmenso el gesto de las familias
tuneras en cuyos hogares todavía se alojan más de 2 000 personas
damnificadas por los huracanes en el 2008.
Repítase, en miles, la actitud de Modesta y René Leyva,
ofreciendo su refrigerador hasta que Chely y Castillo tuvieron el
suyo.
De cubanos es lo que hace el jubilado Félix Marrero, quien lleva
y busca de la escuela a los mellizos Aisbel y Aismel, para que la
madre de ambos haga mejor su labor contra el Aedes.
A la medida de este crucial momento se ubica lo que decidió el
chofer de aquel auto, al variar su ruta para llevar a la anciana
Flora (enferma) donde la atendería su hermana; o la preocupación de
todo el barrio mientras la bebita de Zenia estaba ingresada.
Significativo es el ímpetu con que combatientes y vecinos arreglaron
puertas, ventanas, instalaciones hidráulicas, eléctricas y pintaron
la casa de Eunomia: madre del mártir Ramón López Peña, allá en el
poblado de Maniabón¼
En esas riquezas del alma, antídoto frente a las miserias humanas
y naturales, está también la distinción que hace grande al cubano.