Cuarenta años del primer trasplante renal

José A. de la Osa
delaosa@granma.cip.cu

Un hito histórico de la Medicina en Cuba se conmemora en estos días: el primer trasplante renal exitoso realizado por un grupo multidisciplinario de especialistas del Instituto de Nefrología del Ministerio de Salud Pública, que abrió el camino a una esfera de fundamental importancia para las ciencias médicas contemporáneas.

El 24 de febrero de 1970 los doctores Oscar Suárez Savio, cirujano; Alfredo Gómez Sampera, urólogo, y el grupo básico de nefrología de esa institución, dirigida por el profesor Abelardo Buch López, llevaron a cabo el injerto en un joven de 22 años con una insuficiencia renal crónica terminal.

Desde entonces hasta la fecha se han practicado 4 373 trasplantes de riñón en los nueve centros en funcionamiento, ubicados en Santiago de Cuba, Holguín, Camagüey, Villa Clara y cinco en Ciudad de La Habana. Hasta ahora los dos pacientes con mayor supervivencia (36 años) fueron un hombre y una mujer.

El programa de trasplante renal lo coordina el Instituto de Nefrología y está integrado por 47 Servicios de Nefrología en todas las provincias, dotados de más de 400 equipos de diálisis de altísima tecnología, y 30 hospitales acreditados por el MINSAP para la obtención de órganos de personas fallecidas, previo el consentimiento familiar.

El profesor Jorge P. Alfonzo Guerra, presidente de la Sociedad Cubana de Nefrología, puso de relieve la comprensión, alta sensibilidad y humanismo de nuestra población en la necesidad de la donación de órganos para salvar vidas.

Actualmente, alrededor de un 10% de los injertos se realizan con órganos de donantes vivos: de padres a hijos, de hijos a padres, o entre hermanos.

En el mundo el primer trasplante renal con éxito se realizó en Boston, Estados Unidos, el 23 de diciembre de 1964, a partir de donante vivo, un hermano gemelo univitelino (originado a partir de un mismo óvulo).

Las dos principales causas que conducen a una enfermedad renal crónica son la diabetes mellitus y la hipertensión arterial. De ahí la importancia de mantener un sistemático control de ambas afecciones.

 

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