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Para que el pueblo haga deportes
Oscar Sánchez Serra
Norge Luis Vera, el experimentado santiaguero, manteniéndose
durante ocho entradas visiblemente resentido en una de sus piernas,
frente a un estadio repleto, porque su equipo le necesitaba...
Hinojosa, un jovencito de muchas perspectivas, llorando porque se le
escapó a su Guantánamo aguerrido una victoria en el último bateador
rival...
La
necesidad de la industria radica en que en ella descansa una buena
parte del futuro del deporte cubano.
Staley Hernández, otro jovenzuelo, fue quien le pegó el jonrón e
hizo delirar a toda la gradería industrialista que lo aplaudía sin
cesar y él le correspondió, salió a saludarle, ganándose nuevamente
una andanada de aplausos...
Son solo escenas de los últimos días del calendario
clasificatorio de la Serie Nacional de béisbol, pero bastan para
reafirmarnos que mientras esas cosas ocurran, nuestro deporte
continúa convocándonos, porque como dijo el Comandante en Jefe en
fecha tan temprana para la Revolución como el 19 de noviembre de
1961, "el deporte alienta al pueblo, entretiene al pueblo y hace
feliz al pueblo".
Responsabilidad tan importante demanda atención, rigor,
exigencia, pero sobre todo comprensión cabal de aquella frase, por
quienes tenemos que ver con el desarrollo deportivo, que visto desde
el prisma de nuestro país, pasa inexorablemente por el acceso de
cada cubano y cubana a la práctica deportiva.
Corren tiempos complejos; crisis financieras, el mismo enemigo
asediándonos, el deporte moderno es cada vez más esquivo a las
economías pequeñas, pues los precios de implementos deportivos y los
requerimientos de las instalaciones, hacen que solo los que se han
convertido en ricos a costa de los pobres de hoy, sean los que
puedan contar con el lujo de una bicicleta de casi 10 000 dólares,
por solo citar un ejemplo.
Sin embargo, ninguna circunstancia de la historia, ni la más
difícil, ha hecho que se pierdan las conquistas de la Revolución: el
deporte es una de ellas, defendámosla releyendo el pensamiento de
Fidel, pues fueron esas ideas en tiempos también espinosos, las que
convirtieron a este país en una potencia deportiva.
ES NECESARIO INUNDAR TODOS LOS RINCONES DE LA
ISLA CON IMPLEMENTOS DEPORTIVOS
Bajo ese principio del líder de la Revolución, expresado el 29 de
enero de 1959, se comenzó a gestar el movimiento deportivo cubano,
en una sociedad que había heredado un panorama tan sombrío que solo
el 0.25 % de la población tenía acceso al deporte.
Si no se generaba un amplio y sólido movimiento deportivo, que le
diera al pueblo la participación para que de él salieran los futuros
atletas, resultaba imposible cambiar aquel cuadro. Hacía falta
entonces construir los campos, convertir los clubs en espacios
sociales para obreros y estudiantes, llevar el deporte a las zonas
rurales, proveer a los practicantes de los implementos.
Terminación
y calidad en los bates producidos por la Industria Deportiva, a
partir de una inversión bien pensada.
En medio de esa aspiración, el 25 de junio de 1965 nace la
Industria Deportiva (ID) para respaldarla. La voluntad política del
país y los favorables intercambios con los países socialistas
dispararon de forma vertiginosa el desarrollo deportivo y solo 12
años después aparecieron los centros docentes especializados, con la
creación de las EIDE, las Escuelas de Perfeccionamiento Atlético (ESPA),
a nivel del país y una en cada provincia, igual que las anteriores.
También surgieron los concentrados para equipos nacionales.
Todo esto hizo que los calendarios nacionales e internacionales
crecieran dado el prestigio de Cuba en el universo atlético. Y es
entonces que aparece la disyuntiva, pues asegurar un deporte ya de
elite y al propio tiempo generar producciones para la población
demandaban una evolución tecnológica, de recursos humanos y
financieros, que quedó por debajo frente a las exigencias de ese
boom de la Mayor de las Antillas.
En otras palabras, al INDER y a la industria les faltó previsión
y planificación para cubrir las necesidades de la práctica masiva
del deporte.
Esa es la razón, agravada después por la crisis, por la cual no
vemos los implementos deportivos en la calle y también es la
respuesta a que en la base, es decir, en los cimientos del sistema
no encontremos esos medios. Nos fuimos elitizando, pero las elites
se nutren desde abajo, y si allí no hay con qué, entonces cómo
pretender mantenernos entre los primeros.
Si llegamos tan lejos es consecuencia de una acertada política
que puso en manos del pueblo lo que nunca tuvo: el acceso al
deporte, lo mismo al alto que al bajito, al gordo que al flaco, al
negro que al blanco, a la mujer que al hombre, todos tienen la
oportunidad.
RETOMEMOS EL RUMBO, CON REALISMO
Los resultados del alto rendimiento en los Juegos
Centroamericanos y del Caribe, los de los Panamericanos el próximo
año y de los olímpicos del 2012, cualesquiera que estos sean, ya no
los podemos arreglar, científicamente es imposible, aunque
volitivamente pocos deportistas en el mundo tienen la fuerza de los
nuestros. Entonces, fortalezcamos el movimiento deportivo, que es
igual a decir deporte en la población, enrutemos a nuestra industria
deportiva en ese camino.
No vamos a conseguir de golpe y porrazo producciones como las de
70 000 guantes; 25 000 bates; 260 000 pelotas o 200 000 balones,
alcanzadas entre 1980 y 1990, cuando el acceso a la materia prima y
las condiciones financieras-económicas eran otras, pero lo
importante ahora es que el INDER, el organismo responsabilizado con
ella, vea en la industria una buena parte del futuro del deporte
cubano, la historia, además, lo ha demostrado. Es decir, hacia allí
tienen que enfilar sus principales planes de financiamiento y
medidas organizativas, de lo contrario, ni podríamos garantizar los
costosos implementos del alto rendimiento, ni mucho menos los de la
práctica masiva, que son los más baratos y más viables.
Ya en este 2010 se dan los primeros pasos, aunque discretos, y
unos 300 000 artículos (entre guantes, pelotas, bates, balones,
entre otros), serán comercializados por el Ministerio de Comercio
Interior para la venta a la población, según nos comenta Antonio
López Cubilla, vicepresidente del INDER.
Ello debe conducirnos a una etapa que resulta imprescindible, la
de socializar esos medios que van produciéndose. Un área deportiva
en cualquier municipio al recibir los implementos debe crear un
sistema de uso múltiple de ellos. Es una experiencia muy positiva
que ya vivimos en los primeros años de la Revolución, cuando
llegábamos a los campos y entregando una identificación recibíamos
un balón, una raqueta o un guante y luego lo entregábamos al
concluir la jornada.
Si lo reservamos para las competencias, entonces lo que no vamos
a tener es lo más importante: a los participantes.
PENSAR CADA INVERSIÓN
Hay que pensar cada inversión para que se revierta en
posibilidades productivas y en la incorporación de nuevas líneas de
producción.
Por ejemplo, la Industria Deportiva ya está elaborando los bates
para la Serie Nacional, a partir de la importación de la vitola
(madera) a 17 dólares y produce el bate en sus talleres a un costo
de aproximadamente dos dólares más por unidad, lo cual trae un
cuantioso ahorro, pues de lo contrario habría que comprar los
maderos pagando por cada uno 160 dólares, explica López Cubilla.
Según el dirigente, "deberíamos priorizar la creación de un
esquema de financiamiento que propicie de manera inteligente y
sostenible el pago de deudas acumuladas, la gradual renovación
tecnológica y a la vez realizar producciones de artículos e
implementos deportivos".
En esta línea de pensamiento hay que apuntar hacia la integración
con las industrias locales, en muchas de las cuales ya hay
experiencias en el deporte. Esto, además de diversificar los niveles
de producción, estaría encaminado también a la sustitución de
importaciones y a acercar las producciones a su destino
imprimiéndole al proceso una mejor orientación económica. Por
ejemplo ¿qué hacer con la producción local de bates Rola en Pinar
del Río?
Lo cierto es que necesitamos que niños y jóvenes hagan deportes
en el barrio, en las escuelas, en las montañas; que los trabajadores
hagan lo mismo representando a sus centros de trabajo, dotando a las
15 000 instalaciones y las decenas de miles de profesores formados
por la Revolución de los implementos y artículos deportivos.
Solo así mantendremos la medalla más preciada y la que ha llenado
de glorias a este país: el principio de que el deporte es un derecho
del pueblo. |