Conservar plenitud de facultades a los 99 años de edad, bastaría
para distinguir a Celestino González Regueiro, el inmigrante gallego
más anciano de Cuba, vecino de la localidad de Consolación del Sur
en la provincia de Pinar del Río.
Estadísticas de las agrupaciones de los llegados a la Isla desde
la región española de Galicia, confirman el dato, suficiente para
añadir celebridad a este hombre, venido a las tierras de ultramar
junto a sus padres, en la segunda década del siglo XX, cuando aún
era un niño.
La página digital de Radio Guamá en una de sus publicaciones, da
fe de la prodigiosa memoria de Celestino y su proverbial simpatía, a
la cual contribuye, según sus propias confesiones, "el hecho de
haberse formado como un cubano más".
Mis padres, afirma el longevo, eran campesinos pobres, de la zona
de Negreira, que vinieron para acá en busca de fortuna, como tantos
hijos de Galicia, donde imperaba la pobreza y el encuentro con otros
horizontes traía esperanza, afirma.
"Al llegar a Cuba, pronto me vinculé al trabajo del comercio en
los establecimientos situados frente a los terrenos donde se
construyó el Capitolio Nacional, en La Habana, y allí hablaba mucho
con obreros y técnicos cubanos e italianos, que merendaban en esas
cafeterías.
"Me enamoré por vez primera de una turista proveniente de Hawai;
un día le presté mi saco y de ahí surgió la amistad y luego el amor,
que terminó tan pronto como surgió, luego, en busca de mejorías me
trasladé a Consolación del Sur, donde muchos españoles tenían
prósperos negocios.
"En estas tierras me casé, tengo dos hijos, y me parece que estoy
en mi patria: la iglesia, el parque, las calles y las construcciones
me recuerdan mi infancia en Negreira, pero lo más importante es la
gente, su forma de ser, alegres, familiares".
Para Celestino el gusto de vivir es lo fundamental; esa actitud
ha sido la clave de la larga existencia de un gallego, ciudadano de
su tierra natal y de corazón cubano.