Aniversario 50 de los CDR

Ganuza continúa haciendo historia

Freddy Pérez Cabrera

SANTA CLARA.— No hay un día en que José Máximo Ganuza Díaz no se proponga hacer algo bueno por la comunidad. El haber cumplido 64 años no constituye justificación para el descanso; al contrario, ahora es que la Revolución necesita del concurso de personas como él, capaces de aportar y transmitir experiencias a los más jóvenes, aseguró Aleida Ortiz Rodríguez, vecina del CDR No. 7 Rubén Carrillo, perteneciente a la zona 201, en el Consejo Popular Virginia.

Fundador de los Comités de Defensa de la Revolución en 1960, Ganuza era un ayudante de albañil el 1ro. de enero de 1959. Al ser miembro de una familia numerosa, además de negra y pobre, sufrió las desigualdades del capitalismo. Por eso, cuando Fidel hizo el llamado a crear la organización de masas, no lo dudó un minuto y se incorporó a ella para desempeñar las más disímiles funciones en todos los niveles.

"Aquellos primeros tiempos fueron de anjá. Imagínese, la contrarrevolución estaba muy activa en todas partes, razón por la cual debíamos estar muy vigilantes", asegura el cederista santaclareño.

Aunque ahora las tareas son otras, José Máximo ratifica la necesidad de la organización.

"Este es el mejor CDR de la zona, aquí hacemos guardia del 16 al 31 de cada mes, sin que falle una sola", dice y muestra orgulloso el libro de registro. Al indagar en cómo logra ese objetivo, responde que la motivación y el control resultan claves. "Reconocemos a quienes más se destacan en la preservación de la tranquilidad del barrio; además, la dirección predica con el ejemplo, empezando por mí".

Hasta los 60 años estuvo Ganuza donando sangre, por eso tiene tanta moral para pedir un esfuerzo a los más jóvenes, no solo en esta misión, sino en todas las que acontecen en la zona, como pueden ser la recogida de materia prima, o la organización de actividades políticas y de embellecimiento.

La nueva ocupación de este cederista es la preparación del proceso electoral que tendrá lugar en abril, en el que deben preverse hasta los más mínimos detalles con el propósito de que nada falle. En eso la membresía puede ayudar mucho, sugiere el veterano, quien no participó en los comicios antes de 1959, pero sí recuerda cómo muchas personas debían comprometer su voto con Rojitas, el alcalde, para poder llevar a su hijo al médico, o de lo contrario, se les podía morir.

Hombres semejantes a José Máximo siempre serán necesarios para, cuadra a cuadra, continuar haciendo historia.

 

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