No se puede botar el dinero del Estado

Miguel Febles Hernández

Los campesinos camagüeyanos han hecho un alto en las faenas cotidianas para analizar asuntos que resultan vitales en el empeño común por incrementar su aporte a la sociedad, aun cuando las estadísticas indican que es, hoy por hoy, el sector con mayor crecimiento en la producción de alimentos.

Sin embargo, lejos de regodearse en los éxitos, en cada una de las asociaciones de base ha primado, hasta ahora, el análisis crítico de lo que se pudo hacer y no se hizo, acompañado de intervenciones que, con lenguaje claro y profundo, han puesto el dedo sobre la llaga de las insuficiencias.

Así ocurrió en la Cooperativa de Créditos y Servicios Raúl Gómez García, cuyas tierras abarcan buena parte de la periferia de la ciudad de Camagüey, agrupadas en 78 fincas que se dedican indistintamente a la ganadería, los cultivos varios y la actividad forestal.

El uso y explotación de la tierra resultó el tema que avivó el debate en la Asamblea X Congreso de la ANAP de la entidad campesina.

"Aunque la cooperativa tiene resultados —señaló en su intervención inicial el productor Oscar Rodríguez León— podemos decir que estamos lejos de darles un uso óptimo a las fincas. El pedazo de tierra que nos dio el Estado es para trabajarlo y hacerlo producir, no para que esté subutilizado."

"El año pasado —dijo Félix Martínez González— sufrimos bastante la pérdida de productos: se pudrió mucho tomate y se pagó como de primera. Es una desvergüenza. Los recursos del Estado no se pueden botar. Yo propongo que cuando eso suceda, el responsable pague ese dinero."

Rafael Herrera Díaz, uno de los más antiguos parceleros de seis cordeles en la zona, añadió: "La vida ha demostrado que esa tierra da un poco más de lo que necesitamos para cubrir nuestras necesidades, por lo que queremos ofrecer también nuestro granito de arena.

"¿Qué pasa? Que nadie va a ir allí a recoger 15 libras de quimbombó o un saco de boniato. ¿No habrá manera de designar una placita o un lugar cercano donde nosotros podamos aportar de manera directa ese poquito, pero que a otras personas les puede hacer falta?"

La preocupación de Rafael encontró rápida respuesta: en el municipio de Camagüey se establecerán 52 puntos de compra-venta, ubicados a no más de 4-5 kilómetros de distancia de cada productor, con el propósito de facilitar la entrega de las cosechas sin mediar apenas trámites burocráticos.

"En la zona —añadió Antonio Delgado Sánchez, presidente provincial de la ANAP— se desplegarán varias mini-industrias, como la que ya funciona en la CCS Renato Guitart, de manera que cuando exista un excedente de tomate, coco, frutabomba o guayaba, se pueda procesar con rapidez."

En tales términos transcurrió la Asamblea X Congreso en la Cooperativa Raúl Gómez García: ante cada problema, una solución o alternativa viable; ante cada preocupación, una respuesta esclarecedora, a la altura del sustancial aporte que hoy ofrece el campesinado cubano, porque lo que importa es producir y que los productos lleguen a la población.

 

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