El líder del Partido de las Regiones (PR), Viktor Yanukovich, se
consolidó como virtual vencedor de la segunda ronda de las
presidenciales ucranianas, tras el conteo del 98,78 por ciento de
los votos.
Yanukovich acumuló 48,65 por ciento de respaldo, mientras la
primera ministra Yulia Timoshenko obtuvo 45,77, para una diferencia
de apenas 2,88 por ciento (unos 700 mil votos), de acuerdo con datos
extraoficiales ofrecidos por la Comisión Central Electoral (CCE).
Hasta el momento, 4,38 puntos de cerca del 70 por ciento de los
empadronados que acudieron a las urnas, correspondieron a la casilla
reservada para el voto contra todos los candidatos, señaló la CCE,
al frente de cuyo edificio se apostaron manifestantes del PR.
Al conocer tales resultados, el vicepresidente de la Rada Suprema
(parlamento) por el bloque de Timoshenko (BIUT), Nikolai Tomenko, su
agrupación está preparada para actuar desde la oposición o en
cualquier otra condición.
Resulta evidente que se formó una alianza entre el PR y el
partido Nuestra Ucrania (NU), dirigido por el saliente mandatario,
Viktor Yuschenko, quien le arrebató la victoria a Yanukovich en
2004, en una inédita tercera vuelta, efectuada por decisión de la
Corte Suprema de Justicia.
Todo el equipo que llegó con la llamada Revolución naranja del
referido año, incluido Timoshenko y Yuschenko, abandona ahora la
escena política para pasar a un bajo perfil en la oposición.
La nueva situación deberá dar paso a otras coaliciones, sobre
todo en el órgano legislativo, donde parece haberse roto el dúo del
BIUT con la alianza NU-Movimiento Autodefensa, éste último dirigido
por el destituido ministro del Interior Yuri Lutsenko.
El vicetitular del Interior Alexander Savchenko aseguró que no se
registrará ningún disturbio en esta capital, a donde llegaron en las
últimas horas 172 ómnibus y dos trenes procedentes de la península
de Crimea, con unos seis mil 500 simpatizantes del PR.
Los regionales aprendieron la lección de 2004, cuando las
manifestaciones en las calles para denunciar supuestos fraudes,
apoyadas por Occidente, obligaron a anular los cerrados resultados
de la segunda ronda de las elecciones presidenciales.