La diversificación era inminente, explicó a Granma el
ingeniero Oscar Cruz Mesa, director de la entidad. El fomento
acelerado de los frutales se tradujo en la tabla salvadora para las
cuatro Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) entre las
cuales la empresa distribuye sus tierras. También nos dimos cuenta
de que existían condiciones técnicas y organizativas para satisfacer
dos objetivos: ser más viables económicamente así como ofertarle
frutas frescas a la población y a las plantas industriales para
elaborar jugos y conservas. A partir del 2005 al crearse las
primeras fincas —cada una posee su yunta de bueyes—, los hombres y
mujeres del cítrico aceptaron el reto.
La ágil respuesta de los trabajadores ante estas contingencias,
unida a su experiencia y disciplina, permitieron mantener a flote la
rentabilidad y la eficiencia de la empresa que concluyó el año 2009
con una utilidad de 468 000 pesos. El programa devino cuestión de
honor para las 35 fincas incorporadas a este movimiento del que
jamás se apartarán, dicen sus obreros y directivos.
Sin embargo, solo necesidades y aspiraciones no bastan para
alcanzar buenos resultados productivos, de modo que también fue
imprescindible tener en cuenta factores decisivos como la
organización, la disciplina tecnológica y alternar, mediante la
siembra intercalada, cultivos permanentes o de "producción tardía"
como aguacate, mango y otros que dan frutos al año o antes. Estos
últimos, de ciclos más rápidos, sustentan el desarrollo de los
primeros. A la vez, un abanico de no menos de 15 variedades de
cultivos menores hace más efectiva la diversificación.
El esquema montado obedece a un estudio integral para que sus
características sean el rendimiento, la calidad y la constante
presencia de los diferentes productos en los mercados.
Pese a condiciones climáticas adversas en el 2008, las ventas del
pasado año fueron de 1 875 toneladas y en el actual deben acercarse
a las 3 000. Los volúmenes para los diferentes destinos crecerán
gradualmente en la medida en que se sumen a la producción nuevas
áreas y en las actuales se explote más su potencial.
Al igual que en las producciones citrícolas, los cooperativistas
de Ceiba han sellado un compromiso: erigirse en baluarte de los
frutales. Los resultados —sin abandonar el rescate de los cítricos—
les favorecen para cerrar el 2010 con más de 600 hectáreas sembradas
y completar, en fecha no lejana, las 1 000 que se proponen.
Vicente Pérez Noa y su colectivo de la UBPC 30 de Noviembre son
abanderados de este empeño. El arma principal radica, afirmó, en no
tener nunca un espacio vacío "porque admitirlo sería como un barco
parado que no gana flete".
La política que estimula al trabajador y a sus familiares es
amplia. Los propios interesados estiman que estas fincas —cada una
promedia 10 trabajadores—, sin haber llegado a lo óptimo, combinan
acertadamente el reconocimiento material, moral y el social.
Osmany Borges, de la finca El Pedregal, de 26 hectáreas, estima
que no se trata solo de elevar el ingreso individual, también es
necesario que cada "finquero" conozca el por qué de la diferencia y
lo que significa su trabajo. Tal información no siempre es puntual y
completa en todos los lugares.
Trabajadores entrevistados por Granma opinaron que el
"sentido de pertenencia", no lo hace efectivo ningún decreto o
consigna. Lo primero es tener un líder exigente, respetado y capaz,
que comparta con sus compañeros en "las buenas y en las malas" y que
lo vean como un integrante más del colectivo, que participe en las
decisiones internas, y esté al tanto de la situación productiva y
financiera; solo así podrá conocer lo positivo y lo negativo y la
influencia que cada factor pueda ejercer en los resultados de la
UBPC.
Hay coincidencia en que anteriormente la ausencia de control
sobre la jornada laboral engendró una burocracia que hoy, por
fortuna, en nada se parece a la autodisciplina predominante. Ahora
todos comienzan, en verdad, a expresarse como dueños y cuidan, velan
y protegen intereses que los benefician. La duración de la jornada
depende de las necesidades del momento y nadie va a la cama sin
saber la tarea que le corresponde al siguiente día.
El presidente de la UBPC coincide con estos criterios y agrega:
unos recibieron al terminar el año —sumados los 12 meses—, cerca de
10 000 pesos; otros, en cambio, rebasaron los 20 000 en dependencia
de su aporte individual.
Pérez Noa reconoce la decisión de los propios trabajadores de
asumir la custodia y preservación de los frutales en cosecha y
también los que están a punto.
Aun cuando el cítrico recobre su energía, salga del mal momento y
vuelva al liderazgo que le corresponde, agrega Osmany, "los frutales
llegaron a buena hora y en el momento oportuno. Lo que parecía un
callejón sin salida, dada la crisis motivada por la enfermedad, se
convirtió en alternativa ideal para incrementar nuestras
producciones y con ellas las ofertas para la población".
Cuidar lo nuestro
Pagar un servicio de custodia implica disminuir el ingreso de los
trabajadores y comprometer la economía del colectivo. Por eso Doris
Maturell Riviera aplaude la decisión de cuidar ellos mismos los
cultivos, porque como dice un conocido refrán popular, "el ojo del
amo¼ "; por otra parte, tal compromiso es
un reflejo, además, del sentido de pertenencia de estos hombres
sobre sus tierras y el empeño por lograr producciones estables.
El reto es grande, afirma este experimentado
agricultor. El choque frontal de los que montan guardia con los
ladrones, es casi a diario; incluso, un compañero de la UBPC Nueve
de Abril perdió la vida en los finales del pasado año, al
enfrentarse a uno de estos bandidos.
La Policía Nacional Revolucionaria y las
autoridades del municipio apoyan hasta donde pueden, pero nuestras
plantaciones están en zonas de muchas vías y fácil acceso. Incluso,
hay choferes de ómnibus convertidos en cómplices al detener la
marcha para que los pasajeros se "autoabastezcan".
Por eso, en la búsqueda de una mayor protección a
los cultivos, además de reforzar la vigilancia en etapas "pico" de
cosechas, los trabajadores acometerán la siembra de especies
espinosas y tradicionales como la cardona y el bugambil, utilizadas
masivamente en otras etapas, y que ayudarán a frenar la agresión
tanto de animales como de vándalos.