Frutales devienen tabla de salvación

Juan Varela Pérez

Después del 2003 la seguridad económica de la Empresa de Cítricos Ceiba, en La Habana, estuvo a punto de irse a pique. La producción de años atrás, asidua en las tarimas de los mercados capitalinos y que acercaba al colectivo a las 100 000 toneladas anuales, comenzó a descender vertiginosamente.

 Fotos: Otmaro RodríguezCerca de 8 300 plantas de guayaba enana aparecen entre los frutales de perspectivas en la finca El Pedregal.

Un peligro acechaba: el ataque del Huanglongbing (llamado Dragón Amarillo), enfermedad presente hoy en más de 40 países y considerada la más devastadora en el mundo citrícola.

Esta bacteria, oriunda del continente asiático, se aloja en los vasos conductores y ataca progresivamente la planta hasta diezmarla. Los síntomas se reflejan después del periodo de incubación que oscila entre seis meses y un año. Para erradicarla, los investigadores cubanos aplican medidas como la eliminación inmediata de las plantas atacadas, y el uso de insecticidas sistémicos y de contacto.

NO CRUZARSE DE BRAZOS

Ante tal disyuntiva, el colectivo de la Empresa de Cítricos Ceiba, buscó fórmulas para enfrentar, en lo económico, la drástica caída de su renglón básico que de las 96 000 toneladas comercializadas en el 2003 descendió a 21 500 en el 2009.

Trabajadores muestran optimistas los buenos rendimientos y la calidad de la frutabomba tipo maradol.

La diversificación era inminente, explicó a Granma el ingeniero Oscar Cruz Mesa, director de la entidad. El fomento acelerado de los frutales se tradujo en la tabla salvadora para las cuatro Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) entre las cuales la empresa distribuye sus tierras. También nos dimos cuenta de que existían condiciones técnicas y organizativas para satisfacer dos objetivos: ser más viables económicamente así como ofertarle frutas frescas a la población y a las plantas industriales para elaborar jugos y conservas. A partir del 2005 al crearse las primeras fincas —cada una posee su yunta de bueyes—, los hombres y mujeres del cítrico aceptaron el reto.

La ágil respuesta de los trabajadores ante estas contingencias, unida a su experiencia y disciplina, permitieron mantener a flote la rentabilidad y la eficiencia de la empresa que concluyó el año 2009 con una utilidad de 468 000 pesos. El programa devino cuestión de honor para las 35 fincas incorporadas a este movimiento del que jamás se apartarán, dicen sus obreros y directivos.

Sin embargo, solo necesidades y aspiraciones no bastan para alcanzar buenos resultados productivos, de modo que también fue imprescindible tener en cuenta factores decisivos como la organización, la disciplina tecnológica y alternar, mediante la siembra intercalada, cultivos permanentes o de "producción tardía" como aguacate, mango y otros que dan frutos al año o antes. Estos últimos, de ciclos más rápidos, sustentan el desarrollo de los primeros. A la vez, un abanico de no menos de 15 variedades de cultivos menores hace más efectiva la diversificación.

El esquema montado obedece a un estudio integral para que sus características sean el rendimiento, la calidad y la constante presencia de los diferentes productos en los mercados.

INCREMENTAR LAS ENTREGAS

Pese a condiciones climáticas adversas en el 2008, las ventas del pasado año fueron de 1 875 toneladas y en el actual deben acercarse a las 3 000. Los volúmenes para los diferentes destinos crecerán gradualmente en la medida en que se sumen a la producción nuevas áreas y en las actuales se explote más su potencial.

Al igual que en las producciones citrícolas, los cooperativistas de Ceiba han sellado un compromiso: erigirse en baluarte de los frutales. Los resultados —sin abandonar el rescate de los cítricos— les favorecen para cerrar el 2010 con más de 600 hectáreas sembradas y completar, en fecha no lejana, las 1 000 que se proponen.

Vicente Pérez Noa y su colectivo de la UBPC 30 de Noviembre son abanderados de este empeño. El arma principal radica, afirmó, en no tener nunca un espacio vacío "porque admitirlo sería como un barco parado que no gana flete".

La política que estimula al trabajador y a sus familiares es amplia. Los propios interesados estiman que estas fincas —cada una promedia 10 trabajadores—, sin haber llegado a lo óptimo, combinan acertadamente el reconocimiento material, moral y el social.

Osmany Borges, de la finca El Pedregal, de 26 hectáreas, estima que no se trata solo de elevar el ingreso individual, también es necesario que cada "finquero" conozca el por qué de la diferencia y lo que significa su trabajo. Tal información no siempre es puntual y completa en todos los lugares.

Trabajadores entrevistados por Granma opinaron que el "sentido de pertenencia", no lo hace efectivo ningún decreto o consigna. Lo primero es tener un líder exigente, respetado y capaz, que comparta con sus compañeros en "las buenas y en las malas" y que lo vean como un integrante más del colectivo, que participe en las decisiones internas, y esté al tanto de la situación productiva y financiera; solo así podrá conocer lo positivo y lo negativo y la influencia que cada factor pueda ejercer en los resultados de la UBPC.

Hay coincidencia en que anteriormente la ausencia de control sobre la jornada laboral engendró una burocracia que hoy, por fortuna, en nada se parece a la autodisciplina predominante. Ahora todos comienzan, en verdad, a expresarse como dueños y cuidan, velan y protegen intereses que los benefician. La duración de la jornada depende de las necesidades del momento y nadie va a la cama sin saber la tarea que le corresponde al siguiente día.

El presidente de la UBPC coincide con estos criterios y agrega: unos recibieron al terminar el año —sumados los 12 meses—, cerca de 10 000 pesos; otros, en cambio, rebasaron los 20 000 en dependencia de su aporte individual.

Pérez Noa reconoce la decisión de los propios trabajadores de asumir la custodia y preservación de los frutales en cosecha y también los que están a punto.

Aun cuando el cítrico recobre su energía, salga del mal momento y vuelva al liderazgo que le corresponde, agrega Osmany, "los frutales llegaron a buena hora y en el momento oportuno. Lo que parecía un callejón sin salida, dada la crisis motivada por la enfermedad, se convirtió en alternativa ideal para incrementar nuestras producciones y con ellas las ofertas para la población".

Cuidar lo nuestro

Pagar un servicio de custodia implica disminuir el ingreso de los trabajadores y comprometer la economía del colectivo. Por eso Doris Maturell Riviera aplaude la decisión de cuidar ellos mismos los cultivos, porque como dice un conocido refrán popular, "el ojo del amo¼ "; por otra parte, tal compromiso es un reflejo, además, del sentido de pertenencia de estos hombres sobre sus tierras y el empeño por lograr producciones estables.

El reto es grande, afirma este experimentado agricultor. El choque frontal de los que montan guardia con los ladrones, es casi a diario; incluso, un compañero de la UBPC Nueve de Abril perdió la vida en los finales del pasado año, al enfrentarse a uno de estos bandidos.

La Policía Nacional Revolucionaria y las autoridades del municipio apoyan hasta donde pueden, pero nuestras plantaciones están en zonas de muchas vías y fácil acceso. Incluso, hay choferes de ómnibus convertidos en cómplices al detener la marcha para que los pasajeros se "autoabastezcan".

Por eso, en la búsqueda de una mayor protección a los cultivos, además de reforzar la vigilancia en etapas "pico" de cosechas, los trabajadores acometerán la siembra de especies espinosas y tradicionales como la cardona y el bugambil, utilizadas masivamente en otras etapas, y que ayudarán a frenar la agresión tanto de animales como de vándalos.

 

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