El aliño de la constancia

La gastronomía popular en Ciego de Ávila clasifica entre las mejores del país

Ortelio González Martínez

CIEGO DE ÁVILA.— La Fontana, en el corazón de la ciudad de Ciego de Ávila, pudiera ser uno entre tantos lugares que en el país ofertan café al transeúnte.

Fotos del autor En los centros de elaboración comienza la gastronomía de excelencia.

Nada tiene de extraordinario este hecho, pero cuando usted abre la carta y se encuentra con 12 tipos de la infusión, o con el periódico del día encima de la mesa, entonces siente que la exclusividad lo acompaña.

Esta cafetería es solo una parada en el camino del buen aroma que expira la gastronomía en la provincia avileña.

Ese andar en busca de la excelencia no comenzó ahora, ni ayer; es fruto del esfuerzo coordinado, y del buen fijador en que allá, por los difíciles años de la década del noventa, le impregnara la máxima dirección del sector; el Partido y el Poder Popular, encabezados por Rafael González Ferragut, vicepresidente que en aquel entonces atendía la esfera de los servicios en el gobierno provincial.

"No solo se trata de abrir nuevas unidades, sino de mantener servicios de excelencia en las ya existentes, sin que se vaya el fijador", repetía en cada reunión de análisis del programa.

Hoy, comer en cualquier restaurante de la provincia no es problema. Y mucho menos, comer bien y en moneda nacional. Solo basta con recoger a la familia y plantarse frente a la puerta de uno de ellos para que lo hagan traspasar el umbral.

OPCIONES

Quien recorra la ciudad puede encontrar gustos para los diferentes paladares: La Romagnola (comida italiana), El Colonial (española), el Yisan (china), Los Realejos (conejo), el Don Pepe para disfrutar en familia; El Solaris (comida internacional), o La Confronta, donde Beny Moré rumiaba las noches de nostalgia.

Solaris: la confabulación del lujo y la exquisitez del servicio.

Si se llega hasta Morón, entonces le abrirá las puertas La Tarraya, encumbrada unidad especializada en productos del mar.

En el chambero poblado de Punta Alegre, comunidad de pescadores al norte de la provincia, el buen gusto llegó con la apertura de los restaurantes Sol y Mar, y Brisas del Mar son estos solo algunos ejemplos de las 25 unidades especializadas de la provincia, entre las más de 1 000 que acercan las ofertas al barrio.

En varias de estas unidades Granma dialogó con quienes exaltan bondades o hacen la crítica oportuna, porque "el cliente siempre tiene la razón", como reza un viejo adagio del sector.

Larry Morales, escritor, dice acudir a La Tarraya porque allí encuentra la tranquilidad y muy buenas ofertas: "No hay otro lugar mejor", sentencia como si esa unidad fuera el paraíso terrenal.

En una de las mesas del Solaris, María Luisa Gómez elogia la belleza del lugar, y el tocinillo que siempre pide en el postre. "Todos los meses vengo al menos una vez y me tratan como si fuera de la casa. Allá, en Sancti Spíritus, no hay algo parecido".

A la vera de la piscina del motel Río Itabo, el matrimonio formado por Armando Alejo y Bárbara López acaban de salir del restaurante y reposan el almuerzo. "No acostumbramos a venir. No imaginamos que la comida tuviera tanta calidad y fuera tan buena la atención", afirman.

A juicio de Nelson Hernández González, director del sectorial provincial de Comercio, la Gastronomía y los Servicios, el secreto de tantas opciones está en el esfuerzo cotidiano y en el convencimiento de que lo más importante es que el cliente se sienta a gusto.

En medio de ciertas carencias subyacentes, la correcta distribución de la materia prima, la gestión y la estabilidad en los abastecimientos es la palabra de orden. Ello permitió un crecimiento al concluir el 2009 de casi 83 millones de pesos, en comparación con el 2008.

El directivo afirma que los logros no hubieran sido posibles sin el esfuerzo de los trabajadores del sector y la garantía de tener la retaguardia segura con casi una veintena de centros de elaboración, la mayoría remodelados.

Rafael Díaz González, administrador del restaurante Solaris, emblemático en el servicio, opina que la exquisitez depende, también, de la búsqueda de alternativas propias para paliar el "no hay", frase que suele aparecer ante el inmovilismo que en muchos lugares carcome el sector. A ella hay que anteponer las palabras entrega y conocimiento.

No es necesario ser experto para apreciar cuánto hay más de trabajo que de sofisma. Existen deficiencias "a la carta", pero son las menos.

 

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