Nada tiene de extraordinario este hecho, pero cuando usted abre
la carta y se encuentra con 12 tipos de la infusión, o con el
periódico del día encima de la mesa, entonces siente que la
exclusividad lo acompaña.
Esta cafetería es solo una parada en el camino del buen aroma que
expira la gastronomía en la provincia avileña.
Ese andar en busca de la excelencia no comenzó ahora, ni ayer; es
fruto del esfuerzo coordinado, y del buen fijador en que allá, por
los difíciles años de la década del noventa, le impregnara la máxima
dirección del sector; el Partido y el Poder Popular, encabezados por
Rafael González Ferragut, vicepresidente que en aquel entonces
atendía la esfera de los servicios en el gobierno provincial.
"No solo se trata de abrir nuevas unidades, sino de mantener
servicios de excelencia en las ya existentes, sin que se vaya el
fijador", repetía en cada reunión de análisis del programa.
Hoy, comer en cualquier restaurante de la provincia no es
problema. Y mucho menos, comer bien y en moneda nacional. Solo basta
con recoger a la familia y plantarse frente a la puerta de uno de
ellos para que lo hagan traspasar el umbral.
Si se llega hasta Morón, entonces le abrirá las puertas La
Tarraya, encumbrada unidad especializada en productos del mar.
En el chambero poblado de Punta Alegre, comunidad de pescadores
al norte de la provincia, el buen gusto llegó con la apertura de los
restaurantes Sol y Mar, y Brisas del Mar son estos solo algunos
ejemplos de las 25 unidades especializadas de la provincia, entre
las más de 1 000 que acercan las ofertas al barrio.
En varias de estas unidades Granma dialogó con quienes
exaltan bondades o hacen la crítica oportuna, porque "el cliente
siempre tiene la razón", como reza un viejo adagio del sector.
Larry Morales, escritor, dice acudir a La Tarraya porque allí
encuentra la tranquilidad y muy buenas ofertas: "No hay otro lugar
mejor", sentencia como si esa unidad fuera el paraíso terrenal.
En una de las mesas del Solaris, María Luisa Gómez elogia la
belleza del lugar, y el tocinillo que siempre pide en el postre.
"Todos los meses vengo al menos una vez y me tratan como si fuera de
la casa. Allá, en Sancti Spíritus, no hay algo parecido".
A la vera de la piscina del motel Río Itabo, el matrimonio
formado por Armando Alejo y Bárbara López acaban de salir del
restaurante y reposan el almuerzo. "No acostumbramos a venir. No
imaginamos que la comida tuviera tanta calidad y fuera tan buena la
atención", afirman.
A juicio de Nelson Hernández González, director del sectorial
provincial de Comercio, la Gastronomía y los Servicios, el secreto
de tantas opciones está en el esfuerzo cotidiano y en el
convencimiento de que lo más importante es que el cliente se sienta
a gusto.
En medio de ciertas carencias subyacentes, la correcta
distribución de la materia prima, la gestión y la estabilidad en los
abastecimientos es la palabra de orden. Ello permitió un crecimiento
al concluir el 2009 de casi 83 millones de pesos, en comparación con
el 2008.
El directivo afirma que los logros no hubieran sido posibles sin
el esfuerzo de los trabajadores del sector y la garantía de tener la
retaguardia segura con casi una veintena de centros de elaboración,
la mayoría remodelados.
Rafael Díaz González, administrador del restaurante Solaris,
emblemático en el servicio, opina que la exquisitez depende,
también, de la búsqueda de alternativas propias para paliar el "no
hay", frase que suele aparecer ante el inmovilismo que en muchos
lugares carcome el sector. A ella hay que anteponer las palabras
entrega y conocimiento.
No es necesario ser experto para apreciar cuánto hay más de
trabajo que de sofisma. Existen deficiencias "a la carta", pero son
las menos.