Aunque los tuneros saben que la reciente asignación de seis
ómnibus Yutong no satisface las crecientes necesidades del
transporte urbano en esta cabecera provincial, el arribo e inmediata
entrada en funcionamiento de esa técnica, totalmente nueva,
trasciende con agrado entre muchas personas que cada día viajan
hacia diferentes puntos de la ciudad.
Esos carros traen un ligero alivio en medio de las tensiones que
en los últimos tiempos han marcado al plan de transportaciones, para
el cual la Base correspondiente apenas ha contado aquí con 21
ómnibus sometidos a intensa explotación, de los cuales dos no
rodarán nunca más y otros seis tal vez no vuelvan a hacerlo en largo
tiempo, por serias dificultades técnicas.
Así, a la alegría que inicialmente ha generado ese pequeño
refuerzo muy bien le viene el lógico sentimiento popular de gratitud
y de cuidado hacia tan valiosos y necesarios medios.
Conductores y directivos del transporte, en cambio, empiezan a
preocuparse frente a algunos indicios de maltrato, incompatibles con
la cultura social y económica a la que se aspira dentro de los
valores de la sociedad cubana.
La sustracción —"a llave limpia"— de tornillos para la sujeción
de los tubos donde el pasajero apoya sus manos, es tan intencional,
premeditada e inaceptable como la actitud de quienes aquí o en otras
ciudades del país dañan un asiento, lanzan una piedra contra el
ómnibus que circula o le rayan a un carro la pintura con un objeto
punzante.
Pero volviendo a las "nuevas yutones locales", me "suda" el
cerebro tratando de imaginar cómo, a la vista de todos, alguien
saque una llave allen y sustraiga tornillos.
Igual me ocurre con lo que sospechan algunos pasajeros, al
recomendar que se revise bien el asunto porque "a lo mejor el autor
está dentro del mismo taller donde parquean los ómnibus".
Lo real es que el fenómeno ha comenzado a manifestarse, bajo el
triste e insignificante "protagonismo" de quienes en verdad no
soportarían un round frente a la aplastante fuerza del pueblo.
Concentrado en la madeja de situaciones que "giran" en torno al
volante (pasajeros que suben y bajan, peatones en plena calle,
ciclos, vehículos de tracción animal, señales del tránsito¼
), no siempre el chofer puede estar al tanto de todo cuanto sucede
dentro del ómnibus, en particular cuando este viaja repleto de
personas.
La fórmula parece continuar donde siempre: en la capacidad de la
propia población para salirle al paso a quien roba o daña lo que
pertenece a todos, en la aplicación de los mecanismos establecidos
para supervisar y controlar mejor cada recurso, en la rigurosidad
con que se le aplique al malhechor (pasajero o no) lo establecido
por la ley, sin pérdida de tiempo¼
Mientras así no ocurra, de poco servirá que el país se desangre
destinando fondos para adquirir medios que luego no somos capaces de
preservar como corresponde.
No puede haber indiferencia o pasividad. Apretar entre todos la
tuerca de la exigencia es el único modo de evitar que una mano
indolente atente contra la solidez de nuestros tornillos.