Para tener y mantener

Hay que apretar la tuerca

Pastor Batista Valdés

Aunque los tuneros saben que la reciente asignación de seis ómnibus Yutong no satisface las crecientes necesidades del transporte urbano en esta cabecera provincial, el arribo e inmediata entrada en funcionamiento de esa técnica, totalmente nueva, trasciende con agrado entre muchas personas que cada día viajan hacia diferentes puntos de la ciudad.

Esos carros traen un ligero alivio en medio de las tensiones que en los últimos tiempos han marcado al plan de transportaciones, para el cual la Base correspondiente apenas ha contado aquí con 21 ómnibus sometidos a intensa explotación, de los cuales dos no rodarán nunca más y otros seis tal vez no vuelvan a hacerlo en largo tiempo, por serias dificultades técnicas.

Así, a la alegría que inicialmente ha generado ese pequeño refuerzo muy bien le viene el lógico sentimiento popular de gratitud y de cuidado hacia tan valiosos y necesarios medios.

Conductores y directivos del transporte, en cambio, empiezan a preocuparse frente a algunos indicios de maltrato, incompatibles con la cultura social y económica a la que se aspira dentro de los valores de la sociedad cubana.

La sustracción —"a llave limpia"— de tornillos para la sujeción de los tubos donde el pasajero apoya sus manos, es tan intencional, premeditada e inaceptable como la actitud de quienes aquí o en otras ciudades del país dañan un asiento, lanzan una piedra contra el ómnibus que circula o le rayan a un carro la pintura con un objeto punzante.

Pero volviendo a las "nuevas yutones locales", me "suda" el cerebro tratando de imaginar cómo, a la vista de todos, alguien saque una llave allen y sustraiga tornillos.

Igual me ocurre con lo que sospechan algunos pasajeros, al recomendar que se revise bien el asunto porque "a lo mejor el autor está dentro del mismo taller donde parquean los ómnibus".

Lo real es que el fenómeno ha comenzado a manifestarse, bajo el triste e insignificante "protagonismo" de quienes en verdad no soportarían un round frente a la aplastante fuerza del pueblo.

Concentrado en la madeja de situaciones que "giran" en torno al volante (pasajeros que suben y bajan, peatones en plena calle, ciclos, vehículos de tracción animal, señales del tránsito¼ ), no siempre el chofer puede estar al tanto de todo cuanto sucede dentro del ómnibus, en particular cuando este viaja repleto de personas.

La fórmula parece continuar donde siempre: en la capacidad de la propia población para salirle al paso a quien roba o daña lo que pertenece a todos, en la aplicación de los mecanismos establecidos para supervisar y controlar mejor cada recurso, en la rigurosidad con que se le aplique al malhechor (pasajero o no) lo establecido por la ley, sin pérdida de tiempo¼

Mientras así no ocurra, de poco servirá que el país se desangre destinando fondos para adquirir medios que luego no somos capaces de preservar como corresponde.

No puede haber indiferencia o pasividad. Apretar entre todos la tuerca de la exigencia es el único modo de evitar que una mano indolente atente contra la solidez de nuestros tornillos.

 

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