Ministros de Finanzas y jefes de bancos centrales del grupo de siete
países más desarrollados del mundo (G-7) debaten sobre el contexto
económico mundial y medidas para regular el sistema financiero.
En la localidad canadiense de Iqaluit de la isla de Baffin, 320
kilómetros al sur del Círculo Polar Ártico, es la cita con la
participación del Fondo Monetario Internacional, el Consejo de
Estabilidad Financiera y la Comisión Europea.
La agenda incluye el análisis de las condiciones económicas, en
momentos en que los países del G-7 buscan darle un impulso a la
débil recuperación económica, las regulaciones financieras, las
cotizaciones y la reducción de la deuda de Haití.
Canadá adelantó que se esperan presiones de Estados Unidos, Gran
Bretaña y Francia para avanzar en reformas del sistema financiero
internacional, algo a lo que Ottawa se opone.
Los paquetes financieros de estímulo económico y el aumento de
los déficit, así como el valor de la divisa china, estarán también
en el centro de las discusiones del G7, señalaron funcionarios del
Ministerio de Finanzas canadiense.
Según los analistas, ante la expansión de la crisis y la
desaceleración económica, el G-7 apenas ha hecho contribuciones en
los últimos dos años para mejorar la situación, lo cual es muestra
del descenso de su influencia en los asuntos económicos mundiales.
Y aunque este grupo no será reemplazado completamente en un
periodo corto, la constante caída de su preponderancia ya es un
hecho indiscutible, frente al avance de los economías emergentes,
aseguraron.