Al parecer, el ex mandatario tuvo temor de enredarse en una
situación que enojara en ese momento al FBI, principal acusador del
caso Peltier y el más interesado en que nunca se esclarezcan las
turbias circunstancias que rodearon los acontecimientos a partir de
los cuales le acusaron, pues un nuevo proceso podría llevarles a ser
inculpados con varios cargos.
La historia puede repetirse. Sería lamentable si sucede algo
similar con el actual petitorio dirigido a Barak Obama, que está
circulando por el mundo, instando no tanto a un acto de generosidad
presidencial, sino a cumplir con el único desenlace objetivo, que
debió existir tres décadas atrás, cuando, luego de una sentencia
amañada, fue puesto tras las rejas un hombre inocente, que este 6 de
febrero cumple 34 años encerrado, en cumplimiento de dos injustas
cadenas perpetuas.
Hasta el juez que le negó en su momento una revisión del proceso
se ha sumado a personalidades culturales y políticas de renombre,
que están pidiendo se reconsidere la encarcelación de Peltier, hoy
día sufriendo varias dolencias no solo por la edad, sino debido a
maltratos y falta de atenciones adecuadas para sus problemas
físicos. ¿Cuál fue el "delito" de Leornad Peltier? Ante todo es
obvio que se le condena por oponerse a los actos de hostilidad
contra los pueblos nativos de Norteamérica de los cuales procede.
Algunos datos estadísticos prueban que existen razones sobradas
para la lucha en busca de que sean respetadas. Conocer que la tasa
de mortalidad infantil es diez veces superior a la del promedio
nacional indica, por sí misma, que carecen de programas de salud
similares a los de la población anglosajona. Tema abierto, grotesco
y pendiente dentro de Estados Unidos, que afecta sobre todo a
sectores sociales relegados y tiene, en el caso de los "indios",
notorio carácter de tragedia.
Pero la historia es tozuda y tiene edad suficiente como para
dejar constancia de que hubo destacados miembros de las comunidades
Sioux, Apaches, Nez Percés y Lakotas y otras, representando de
manera digna y vigorosa, la lucha por lograr que los entonces
nacientes Estados Unidos, cumplieran con los pactos contraídos y
promesas por igual violadas sin grandes escrúpulos. Por eso son
conocidos Gerónimo, Caballo Loco y Toro Sentado.
La lucha tristemente infructuosa de aquellos próceres aborígenes
siempre en desventaja está en los fundamentos de lo ocurrido en los
años 70, cuando tienen lugar los incidentes en una reservación de
Pine Ridge, en Dakota del Sur, y de todo lo cual resultaron acusados
varios miembros del Movimiento Indio Americano, incluido Peltier en
quien, alterando los hechos, centraron las acusaciones, cuando el
FBI vio que la corte había absuelto a dos de los activistas,
admitiendo que fue en legítima defensa que dispararon contra los
agentes, que penetraron en la granja, donde estaban, dado los altos
niveles de violencia que las propias autoridades de la zona habían
auspiciado contra las comunidades allí asentadas. Encolerizados, los
del FBI decidieron aglutinar las culpas en Peltier por ser el de
mayor prestigio y arraigo del grupo.
Pruebas periciales probaron que no fue el arma de Peltier la que
hizo los disparos, que provocaron la muerte de dos agentes
policíacos. Tanto fue así que el fiscal acusador admitió, "...no
podemos comprobar quién le disparó a los agentes", pero el examen
que verificaba el determinante detalle, fue ocultado.
También la justicia norteamericana pasó por alto que uno de los
ex acusados había admitido que fue el autor de los disparos que
mataron a los agentes.
Quienes le acusaron presentaron en su contra declaraciones de una
mujer que, pese a no conocer a Peltier, alegó haber sido su novia y
que le vio disparar sobre los agentes. Ella ni siquiera estuvo en el
lugar de los hechos y pasado un tiempo se desdijo, especificando que
su falso testimonio estuvo dado por las amenazas y presiones
recibidas por el FBI.
Quiere decir que ni siquiera tener pruebas concluyentes, como fue
aquella confesión espontánea, fue suficiente para quienes usaron y
mantienen el criterio de poseer un prototipo "ejemplarizante" de
modo que otros no se atrevan a retarlos de nuevo.
La confianza de que un presidente surgido de otro grupo
discriminado pueda sensibilizarse y enderezar una vieja infamia, es
la esperanza de quienes se aferran a la justicia.