Peltier: un caso abierto y sangrante

ELSA CLARO

En noviembre del 2000, a solo dos meses de concluir su mandato, William Clinton dijo, durante una entrevista radial, que iba a considerar con la mayor seriedad la petición de clemencia realizada por el abogado de Leonard Peltier, quien para ese momento llevaba encarcelado 23 años, pese a la gran cantidad de indicios acumulados sobre su inocencia. Cuando el hasta entonces jefe de Estado dejó la Oficina Oval a finales de enero, no figuraba el nombre del activista indígena en la lista de amnistiados.

Leonard Peltier.

Al parecer, el ex mandatario tuvo temor de enredarse en una situación que enojara en ese momento al FBI, principal acusador del caso Peltier y el más interesado en que nunca se esclarezcan las turbias circunstancias que rodearon los acontecimientos a partir de los cuales le acusaron, pues un nuevo proceso podría llevarles a ser inculpados con varios cargos.

La historia puede repetirse. Sería lamentable si sucede algo similar con el actual petitorio dirigido a Barak Obama, que está circulando por el mundo, instando no tanto a un acto de generosidad presidencial, sino a cumplir con el único desenlace objetivo, que debió existir tres décadas atrás, cuando, luego de una sentencia amañada, fue puesto tras las rejas un hombre inocente, que este 6 de febrero cumple 34 años encerrado, en cumplimiento de dos injustas cadenas perpetuas.

Hasta el juez que le negó en su momento una revisión del proceso se ha sumado a personalidades culturales y políticas de renombre, que están pidiendo se reconsidere la encarcelación de Peltier, hoy día sufriendo varias dolencias no solo por la edad, sino debido a maltratos y falta de atenciones adecuadas para sus problemas físicos. ¿Cuál fue el "delito" de Leornad Peltier? Ante todo es obvio que se le condena por oponerse a los actos de hostilidad contra los pueblos nativos de Norteamérica de los cuales procede.

Algunos datos estadísticos prueban que existen razones sobradas para la lucha en busca de que sean respetadas. Conocer que la tasa de mortalidad infantil es diez veces superior a la del promedio nacional indica, por sí misma, que carecen de programas de salud similares a los de la población anglosajona. Tema abierto, grotesco y pendiente dentro de Estados Unidos, que afecta sobre todo a sectores sociales relegados y tiene, en el caso de los "indios", notorio carácter de tragedia.

Pero la historia es tozuda y tiene edad suficiente como para dejar constancia de que hubo destacados miembros de las comunidades Sioux, Apaches, Nez Percés y Lakotas y otras, representando de manera digna y vigorosa, la lucha por lograr que los entonces nacientes Estados Unidos, cumplieran con los pactos contraídos y promesas por igual violadas sin grandes escrúpulos. Por eso son conocidos Gerónimo, Caballo Loco y Toro Sentado.

La lucha tristemente infructuosa de aquellos próceres aborígenes siempre en desventaja está en los fundamentos de lo ocurrido en los años 70, cuando tienen lugar los incidentes en una reservación de Pine Ridge, en Dakota del Sur, y de todo lo cual resultaron acusados varios miembros del Movimiento Indio Americano, incluido Peltier en quien, alterando los hechos, centraron las acusaciones, cuando el FBI vio que la corte había absuelto a dos de los activistas, admitiendo que fue en legítima defensa que dispararon contra los agentes, que penetraron en la granja, donde estaban, dado los altos niveles de violencia que las propias autoridades de la zona habían auspiciado contra las comunidades allí asentadas. Encolerizados, los del FBI decidieron aglutinar las culpas en Peltier por ser el de mayor prestigio y arraigo del grupo.

Pruebas periciales probaron que no fue el arma de Peltier la que hizo los disparos, que provocaron la muerte de dos agentes policíacos. Tanto fue así que el fiscal acusador admitió, "...no podemos comprobar quién le disparó a los agentes", pero el examen que verificaba el determinante detalle, fue ocultado.

También la justicia norteamericana pasó por alto que uno de los ex acusados había admitido que fue el autor de los disparos que mataron a los agentes.

Quienes le acusaron presentaron en su contra declaraciones de una mujer que, pese a no conocer a Peltier, alegó haber sido su novia y que le vio disparar sobre los agentes. Ella ni siquiera estuvo en el lugar de los hechos y pasado un tiempo se desdijo, especificando que su falso testimonio estuvo dado por las amenazas y presiones recibidas por el FBI.

Quiere decir que ni siquiera tener pruebas concluyentes, como fue aquella confesión espontánea, fue suficiente para quienes usaron y mantienen el criterio de poseer un prototipo "ejemplarizante" de modo que otros no se atrevan a retarlos de nuevo.

La confianza de que un presidente surgido de otro grupo discriminado pueda sensibilizarse y enderezar una vieja infamia, es la esperanza de quienes se aferran a la justicia.

 

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