La
jornada de celebraciones por el medio siglo de existencia de la
Orquesta Sinfónica Nacional tuvo un magnífico comienzo el domingo al
final de la mañana en el teatro Amadeo Roldán.
El público aplaudió convencido de que lo que se le acababa de
ofrecer era de primera calidad. Lógica fue entonces la satisfacción
que embargó a sus integrantes y al maestro Guido López-Gavilán,
conductor de la velada.
Inicialmente hubo el reconocimiento a un grupo de sus fundadores
y al Teatro Nacional de Cuba, el ICAIC y al Ballet Nacional de Cuba,
organismos vinculados a la agrupación desde su creación. La lista de
los reconocidos, encabezada por Domingo Aragú, padre de la percusión
sinfónica cubana , implicó a otros instrumentistas, copistas y
promotores, muchos de ellos presentes y otros a los que se les hará
llegar, a nombre de los cuales habló el también violinista Gregorio
Corzo Lizaso.
También se escucharon las palabras de los maestros Roberto
Chorens, director general de la institución, quien anunció que en
abril será el segundo concierto por el jubileo, ocasión en la cual
se entregará la medalla 50 Aniversario a otros fundadores; y Roberto
Valera, vicepresidente de la UNEAC, quien valoró lo que significó la
ley número 590, del Gobierno Revolucionario, por la cual se creó la
Sinfónica.
Valera subrayó que cincuenta años de vida en una persona es
importante, al igual que en una institución, pero en el caso de la
Sinfónica se une el mérito de haber estrenado las obras de los
autores cubanos contemporáneos, por lo que "declaramos nuestro amor
por ella", subrayó.
Guido López-Gavilán escogió un programa acorde con la ocasión:
Tres pequeños poemas, de Amadeo Roldán; y Obertura cubana
y Tres danzas cubanas, de Alejandro García Caturla,
precursores de nuestra vanguardia.