PUERTO PRÍNCIPE, 28 enero (AIN).— Además de la atención a su
salud, sanidad física, alimentación y hábitat en general, la
población capitalina haitiana precisará de un especial programa de
recuperación mental, tras el devastador sismo del 12 de enero.
Para el doctor Gonzalo Estévez Torres, epidemiólogo y segundo
responsable de la brigada medica cubana en Haití, los momentos que
se viven tras el terremoto han pasado por las fases conmocionales
que origina el inmenso desastre.
En los momentos del sismo, la población sobreviviente no pudo o
no supo reaccionar más allá de los pasos primarios de salvación
inmediata.
El Síndrome de la inactividad, según dicen algunos autores, y
Síndrome de la desorientación, como lo llaman otros, se denomina así
porque la persona es incapaz de hacer nada por ella ni por los
demás, aunque siempre hay sus excepciones, lo que se reflejó
nítidamente en esta oportunidad.
Muchos corrieron y luego comenzaron a caminar sin rumbo fijo
hacia todos lados, como verdaderos zombies.
Fueron instantes en que cientos de miles de personas deambularon
por calles y avenidas, por los vericuetos formados por los escombros
que tapiaron aceras y calles, y hacia las zonas montañosas que
rodean esta capital, ante los anuncios de la aparición inmediata de
tsunamis.
Pero lo más sobrecogedor de todo ese escenario fue el mutismo
generalizado que se apoderó de una gran cantidad de los afectados;
después vino una fase de autoprotección.
Más tarde, les vino encima la oscuridad de la noche, y habiendo
perdido toda oportunidad de hacerse de fuentes de iluminación,
acudieron a los pocos lugares mantenidos en pie, donde comenzaron a
prestarse los primeros auxilios a los heridos.
Campamentos emergentes se establecieron en los campos de fútbol,
de basket y en cuanto terreno no estuviera edificado, donde la
supervivencia de cada cual estuvo apoyada o sostenida por el de al
lado.
La solidaridad, presente más que nunca, actuó desde los primeros
momentos en esos asentamientos, como hilo regulador de la conducta
de más de 700 mil moradores.
Solo haciendo un ejercicio de imaginación se pudiera llegar a
entender el grado de sostenimiento, de coexistencia pacífica, que se
palpa en estos conglomerados, donde se mantienen cuanto menos unas
200 personas.
Pasados los días y el estado paralizador de la conmoción, la
acción de despejar escombros y cadáveres de las aceras, calles y
demás lugares, comenzó a mostrar la reacción del pueblo, junto a los
contingentes extranjeros que acudieron en su ayuda.
Pero, así como las grandes masas iniciaron la superación de su
estupor inicial, revivieron en otros -los menos- sentimientos
ladinos de aprovechamiento de la situación y de actuaciones
delincuenciales, aunque la calma es lo sobresaliente en la actuación
de los haitianos.
Datos gubernamentales señalan que solo una quinta parte están
recibiendo ayuda alimentaria, de un estimado de dos millones que la
necesitan, mientras que en el aeropuerto internacional Toussaint
Loverture los avituallamientos llegados carecen de una distribución
sistemática y debidamente organizada hacia la ciudadanía.
Sólo después de 15 días de pasado el sismo, se ve una circulación
más fluida en la repartición de alimentos, pero antecedida de una
campaña internacional, ante la sensible situación del pueblo
haitiano, con tantas necesidades y carente de recursos en medio de
tamaña pobreza.