.— A más de un año de
iniciado en la Casa Blanca, el presidente Barack Obama acudió al
Congreso estadounidense para reiterar las promesas de su campaña
electoral durante su primer discurso sobre el Estado de la Nación.
No claudicaré, fue el anuncio con el que Obama inició el recuento
de la serie de reformas que piensa hacer en el campo de la economía,
los servicios médicos, la energía, la educación, y sobre todo, la
generación de empleos para bien de la clase media.
El mandatario instó al Congreso, dividido no sólo entre
republicanos y demócratas, sino a lo interno de cada partido, a que
lo secundara en esas empresas para rescatar la aún deteriorada
economía nacional con nuevos gastos.
Pese a mostrarse altivo frente a los adversos nuevos aires
políticos favorables a la oposición-, el gobernante reconoció ante
millones de televidentes que sus promesas de cambio no han llegado
lo suficientemente rápido.
Aprovechó su discurso en una cámara de Representantes repleta
para implorar por la salvación de la reforma sanitaria, su principal
batalla en el terreno interno que peligra con fracasar en las arenas
del Congreso.
En lo que algunos analistas consideran un intento por granjearse
simpatías en dos bandos a la vez, el presidente señaló que
trabajaría por abrir las Fuerzas Armadas a los homosexuales, pero no
habló de pasos concretos o estrategias para evitar la antipatía
conservadora.
Casi dos tercios de su discurso estuvieron dedicados a la
economía, con frecuentes comparaciones con países como China,
Alemania e India, a los cuales presentó como ejemplos de la
necesidad de reformar la economía.