Así, junto a la cama de Solange, encontramos a Wilsos. Realizaba
la guardia nocturna en el Hospital Universitario La Paz, más
conocido como Delmas 33. Cuenta este joven haitiano que dos días
antes del sismo había llegado a Haití para disfrutar de sus
vacaciones, cuestión que no le impidió, luego de las sacudidas,
sumarse a la brigada médica cubana que comenzó a atender a los
lesionados. Desde ese instante no ha parado de trabajar.
Del caso de Solange lo conoce todo. Dice Wilsos que la muchacha
quedó atrapada durante dos días debajo de los escombros. Llegó al
hospital con el tórax completamente abierto. Enseguida fue sometida
a una operación: el pronóstico no era nada bueno. Sin embargo, luego
de dos intervenciones, hoy Solange está fuera de peligro, y sabe que
Wilsos, su médico, se formó en Cuba, por eso también da gracias a
Dios.
Este muchacho está pendiente de todo, desde la hora de los
antibióticos hasta de la alimentación de Solange. Cuentan que
incluso la comida le buscó, cuando la familia aún no sabía que ella
estaba hospitalizada en Delmas 33. Y cuando preguntamos el porqué de
tantos cuidados, responde: La Revolución cubana me enseñó a hacerlo,
me preparó para ayudar a la gente. Ya lo dijo el Comandante Fidel,
somos como ángeles y estamos aquí para salvar la vida a la gente de
mi pueblo.
Wilsos es solo uno de los 16 médicos que anoche trabajaban en el
Hospital Delmas 33. Allí galenos cubanos y haitianos asumen las
guardias nocturnas para que no falte atención médica en ningún
momento del día. Este lugar, hace una semana escenario del terror,
ha cambiado mucho; las noches van siendo de paz.
Una de las imágenes que más fuerte se han agarrado a mis ojos
desde que llegué a Haití fue la del Hospital Universitario La Paz.
Fue allí donde por vez primera tuve que ajustarme los pantalones y
apretar los ojos para no parecer floja e inexperta entre mis colegas
de tanta experiencia. Los pacientes adoloridos acostados en el piso
o en viejos colchones, los quejidos desgarradores, la preocupación
de los padres por la gravedad de los hijos¼ marcaron mis primeras
horas en Haití. Y anoche confieso que sentí miedo cuando me dijeron
"hay que volver", pero esta vez la historia fue distinta.
Aquello parecía otro lugar. Médicos cubanos, haitianos,
españoles, mexicanos, chilenos, canadienses, colombianos habían
juntado esfuerzos para dar la mejor atención. Cada paciente tenía su
cama, la limpieza mejoraba y el silencio se hacía cómplice del
descanso de los aquejados, mientras de un paciente a otro iban los
médicos. Entre ellos estaba el cirujano Oscar Suárez, quien calificó
así la guardia: "La noche será relativamente complicada, porque la
incidencia de los traumas, característicos de desastres como los que
vivió Haití, van disminuyendo. Lo que nos queda ahora es dar
continuidad a los pacientes, y mantener la atención médica de noche.
Hoy tenemos planificado atender siete casos".
También de un lado para otro, y sin cansarse, estaba el doctor
haitiano Jean Pierre Brisma, médico de la familia y estudiante de
segundo año de la especialidad de Cardiología. La sala de Pediatría,
ubicada en una casa de campaña en las afueras del hospital, es su
espacio de trabajo. Con una pequeña luz, pues la planta eléctrica no
alcanza para abastecer el lugar, revisa cada paciente, chequea las
heridas, la cadencia de la respiración, la hidratación y la
administración de los medicamentos. Le toca a Brisma hacer de médico
y enfermero. Sumaban 15 los casos esa noche y se sabía hasta el
apellido de los infantes.
Atendiendo a la pequeñita Joselin Batista lo hallamos. "La niña
llegó muy deshidratada luego de cinco días bajo los escombros, tenía
una fractura en el brazo izquierdo por lo que tuvo que ser llevada
al salón. Está mejor y se alimenta por vía oral". Sin embargo,
quizás el caso más increíble de la sala que atiende Brisma es el de
la niñita que, con apenas un mes y medio, sobrevivió. La trajo un
desconocido, nadie sabe su nombre, pero este joven haitiano se
encarga de alimentarla, bañarla, vestirla, además de atender su
salud.
Así se viven las noches en el Hospital de Delmas 33, donde las
cosas toman su nivel, atrás van quedando los días de la sacudida,
ahora se impone el orden. Según explicó a Granma el doctor
Carlos Guillén, jefe del grupo de médicos cubanos allí, la intención
es que este lugar vuelva a la normalidad cuanto antes. Ya hemos
abierto nuevos servicios, como los de ginecobstetricia, pediatría,
cuidados especiales, rayos X, laboratorio y ultrasonido. Ya tenemos
una sala que atiende a pacientes con enfermedades no asociadas al
sismo. Estamos pretendiendo, además, comenzar una labor comunitaria
en los asentamientos, con la ayuda de varios países.
Aseguró Guillén que tienen todos los medicamentos e insumos
necesarios, provenientes de Cuba. Pero en este hospital, en
específico, tenemos también una farmacia en común con los países que
están trabajando acá; todos aportan, dijo.
Sobre los quimbos que aún permanecen en las afueras del hospital,
comentó el doctor Guillén que son pacientes dados de alta que por
temor no se alejan del centro, tampoco muchos de ellos tienen donde
vivir. Queremos en los próximos días, conjuntamente con la Cruz Roja
colombiana y con SAMUR, una Organización No Gubernamental española,
armarles casas de campaña para que tengan mejores condiciones,
explicó.
Y para colmar la noche de buenas nuevas, llegaron Magdala y Noel,
una pareja de jóvenes que estaba a punto de traer al mundo a un
bebé. María o Anthony, nombre escogido para el pequeño, nacería en
La Paz y los médicos cubanos ayudarían.