El vaivén de las señales

Irene Izquierdo

Todos deseamos, ansiamos, una ciudad más acogedora y funcional, que nos alegre la vista con solo salir de los hogares, porque de manera sencilla y agradable, cada detalle esté en su lugar. Todos queremos sentirnos orgullosos de vivir en la capital, aunque no hayamos nacido aquí; mas¼ ¿todos la cuidamos con igual esmero?

Acerca de una larga lista de indisciplinas en el actuar ciudadano pudiera comentar, pero prefiero referirme al relacionado con la sustracción y robo de las señales del tránsito. Hay quienes, ajenos a la millonaria inversión que se está llevando a cabo —en medio de las difíciles condiciones económicas, todos sus componentes se adquieren en moneda libremente convertible—, las "toman" como puro pasatiempo.

Es puro hedonismo —no encuentro una razón que justifique tales actos—, otros las deterioran: las golpean, les hacen dibujos con atomizadores, o les quitan el papel vinilo, indispensable para confeccionarlas.

Hay quienes, debido al simple hecho de que una señal recién colocada en un área —por imperativos de la circulación—, les impedía estacionar, la han quitado, como si fueran los dueños del patrimonio. Por suerte, ya se registran ejemplos de medidas legales impuestas a los depredadores.

Solo era preciso echar mano a los documentos vigentes, pues existen varias resoluciones y leyes, como el Código de Vialidad y Tránsito, y contravenciones personales, entre ellos los decretos 141 y 193, que permiten sancionar las transgresiones de ese tipo. También se aplican medidas ejemplarizantes, que van más allá de la multa, en dependencia de la magnitud de la violación y los antecedentes del implicado.

¿Qué significa un PARE fuera de lugar, un CEDA EL PASO, o un sentido direccional perdido? Puede ser la causa de accidentes, al no existir la información y no estar en condiciones de determinar la prioridad del que circula.

En la provincia prevalece una política encaminada a restaurar, en cinco años, todo el sistema de señalización vertical, horizontal y de orientación, componentes de seguridad, a tono con el aumento de la circulación vehicular que experimenta Ciudad de La Habana. Este esfuerzo implica correcciones al tránsito y a las vías, sobre todo en los llamados puntos de conflicto, trabajos que ya se llevan a cabo.

Fue grande y cuantiosa la inversión realizada en el 2009. Las cifras ya hablan de lo avanzado, aunque falta mucho por hacer. A la par de los trabajos de rehabilitación vial, quedaron digitalizadas casi el 39% de las 196 intersecciones con semáforos; les pusieron caras a 82 de estas señales para peatones, y sobresale la colocación de más de 4 100 señales verticales y 700 horizontales, entre líneas de ejes, bordes y carriles.

¿Se ha preguntado alguna vez qué materiales usan para hacer esas señales y cuál es su costo? ¡¿No?! Pues debería. Son de planchas de acero galvanizado, que las preparan en el Ministerio de la Industria Sideromecánica (SIME), dispuestas para fijarlas a su pedestal, que generalmente es de acero conformado o aluminio, y cumplen los requisitos de las normas internacionales. Ante la carencia de esos metales, los soportes se confeccionan de hormigón.

¡Y también se las llevan!, para utilizar las cabillas que les dan cuerpo.

Una señal circular pudiera costar cerca de 25 pesos convertibles, una triangular, casi 22, y la cuadrada, aproximadamente 15. Un pedestal de acero, algo más de 10.50, y un metro cuadrado de señal de orientación —la que indica al chofer a cuántos kilómetros de distancia está este o aquel pueblo—, por encima de 50.

Aun cuando la divulgación debe ser mayor, igual que la responsabilidad que asumamos todos en el sentido de ser guardianes de esas señales, que es como ser guardianes de la vida, no recae solo en los órganos de enfrentamiento la responsabilidad de la prevención, sino en cada usuario de la vía.

Si no funciona desde la comunidad y no prevalecen acciones en las que intervengan todos, no se solucionarán los problemas que es preciso erradicar para contribuir a reducir los accidentes.

 

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