Entre constructores

Confesión en familia

Orgullosos del oficio que ejerce su hijo, un matrimonio de tuneros expone criterios sobre un tema que sigue acaparando interés en el ámbito hogareño cubano

Pastor Batista Valdés

Fin de año a punta de cuchara —material publicado recientemente en las páginas de Granma—, no solo estremece los cimientos del sector constructivo a ras de brigadas, empresas, estructuras sindicales, consejos de dirección¼ Su impacto llega con igual fuerza al resto de la población, sobre todo a miles de hogares donde viven familiares de quienes ejecutan obras e inversiones dentro y fuera del territorio.

Foto:Yaimí RaveloA pesar de lo esforzado del trabajo de impermeabilización y las condiciones adversas en que mayoritariamente hay que realizarlo, Maikel nunca ha pensado en abandonar su oficio.

Conversar con Jaime y María Elena, padres del joven tunero Maikel Díaz Gómez (integrante de la Empresa Constructora de Obras de Arquitectura, ECOA 53, de la capital del país), permite un acercamiento a la percepción de la familia cubana en torno a nuevos métodos y estilos de trabajo, así como a deficiencias que atentan hoy contra la ejecución del proceso constructivo y a las que la dirección del país presta especial atención.

"Raúl tiene toda la razón al señalar los problemas que hay en el MICONS" —afirma Jaime, cuya mirada hacia María Elena subraya el consenso de la pareja en un tema que no brota por vez primera en este hogar.

"¿Quién no sabe aquí que muchas obras se terminan con mala calidad o que esos pases masivos hacen perder muchísimo tiempo y atrasan el trabajo? —se pregunta el septuagenario padre.

"Nuestro hijo es jefe de una brigada de impermeabilización y si hace mal su labor tiene que responder por eso. Es más: según nos ha explicado, ellos entregan una obra, hay una garantía y si el trabajo presenta insuficiencias, tienen que volver a hacerlo y sin cobrar otra vez. Por lo tanto, están obligados a trabajar bien.

"De todos modos yo creo que el problema es de control y de exigencia: al constructor hay que reclamarle más calidad y más disciplina, pero también hay que atenderlo. Y la responsabilidad mayor pienso que está en quienes dirigen a esos hombres. Los constructores hacen (bien o mal) lo que sus jefes les permiten que hagan.

"Por eso mi esposa y yo pensamos que la respuesta de quienes tenemos hijos o algún familiar en tareas de construcción, debe ser escuchar bien a Raúl, entenderlo y ayudar a que se cumpla lo que nos está diciendo."

CALOR MATERNAL

Asintiendo casi todo el tiempo con la cabeza, María Elena comparte plenamente el criterio de Jaime, incluso en el sensible tema de los pases y vacaciones.

"No niego —dice— que me gustaría tener a mi hijo aquí cada fin de año, el Día de las Madres o en otras fechas, pero también sé que él tiene deberes como trabajador, que las obras no pueden afectarse y que no siempre podrán venir todos los constructores a la vez¼

"Sin embargo, a nosotros ese asunto no nos preocupa, porque sabemos que Maikel nunca va a tener problemas. Jamás nos dio dolores de cabeza, no se escapó de la escuela cuando niño, no nos llegaron quejas; él pudo estudiar otra cosa pero prefirió la Construcción, aceptó ir para La Habana hace siete años, tiene buenos resultados, incluso acaban de darle la misión de apoyar varias obras aquí en Las Tunas al frente de una brigada¼ "

Con una mezcla de rubor y de orgullo, Maikel escucha a "sus viejos". Por momentos cree oír a sus inseparables compañeros de trabajo: los mismos que hace unas horas analizaron —y coincidieron totalmente— los criterios expuestos por Granma referentes al doble turno y al pase masivo en obras turísticas.

Disponer de suficientes herramientas y medios técnicos permite avanzar mejor y exigir mucho más.

"Mis muchachos dicen que Raúl está en lo cierto —expresa—, sobre todo en esa cuestión de los pases masivos, que van contra la productividad, el ritmo y la secuencia de una obra. Por eso estableceremos un sistema escalonado. También debatimos el aprovechamiento del tiempo, algunas preocupaciones con la alimentación, la calidad del trabajo, la disciplina y la escasez de herramientas que a veces impiden hacer más.

"Nuestros operarios, albañiles, ayudantes¼ deben ser mejores. Nada justifica lo mal hecho, pero en muchos casos falta fuerza de trabajo, faltan equipos o hay pocas frotas, llanas, cucharas y otras cosas que hacen perder tiempo o van contra la calidad de lo que se hace."

Sin ánimo de eludir responsabilidades, parte de esas preocupaciones brotaron allá en la capital cubana, durante análisis colectivos donde, según afirma vía telefónica el jefe de la ECOA tunera, Hilmer Rodríguez, "no hubo ni un solo planteamiento incorrecto o negativo; por el contrario, se han caracterizado por la autocrítica, conscientes de que nos queda mucho por hacer todavía".

— ¿Has pensado en abandonar este oficio?

La mirada de Maikel lo dice todo. Aún así, se inclina un tanto hacia adelante y responde:

"Nunca he pensado tal cosa. Yo estudié técnico de nivel medio en Construcción Civil porque quise. Desde que me gradué he trabajado en esto, me gusta lo que hago y me siento bien junto a mis muchachos a pie de obra, aunque el Sol y el vapor del flameador nos quemen mientras impermeabilizamos las cubiertas y los techos."

 

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