Alejado de toda complacencia, Noel Gil, presidente de la ANAP en
la provincia, explica que el sector produjo en el 2009 más de 9 000
toneladas de frutas, sobre todo de guayaba, mango, frutabomba, piña,
¡coco!, y vendió al Estado las primeras ¡dos toneladas! de limón,
una parte recolectada en el llamado anillo suburbano.
Ese es el resultado de una voluntad política y una estrategia del
territorio y el país para retomar el camino de la producción de
frutas, elevar el expendio a la población y, por qué no, sustituir
importaciones.
Hoy, en las 82 cooperativas de créditos y servicios (CCS) y las
59 de producción agropecuaria (CPA) avileñas se siembran algunos
frutos; incluso, existen 29 usufructuarios que pidieron tierras para
esos fines, a raíz de aprobado el Decreto Ley-259.
Dentro del programa nacional para el fomento de los frutales que
empieza a aplicarse, en Ciego de Ávila fueron escogidas la CPA José
Martí y la CCS de igual nombre, enclavadas en la zona citrícola de
Ceballos.
Si a algunos no los sorprendió la decisión de "virarse para los
frutales" fue a los trabajadores y directivos de la CPA José Martí,
pues años atrás habían iniciado el proyecto, cuando la producción de
cítrico comenzó a disminuir.
Sin asfixia, en áreas de esa cooperativa produjeron el año que
culminó 122 660 posturas de guayaba y 373 de aguacate, esta última,
cifra pequeña aún, marca el punto de partida de lo que "está por
venir", según afirma Ricardo Rojas Almaguer, jefe del vivero.
Y es lógico que exista confianza. Jesús Trujillo López, al frente
de la atención a los sectores cooperativo y campesino en la empresa
Cítricos Ciego de Ávila, rectora del programa, precisa que el número
de productores de frutales asciende a 246, con más de 500 hectáreas
plantadas.
Destacó que la entidad desarrolla un programa de crecimiento
sostenido de las áreas dedicadas a frutales para sustituir
importaciones, satisfacer la demanda interna e incrementar los
ingresos mediante la exportación de pulpas de guayaba y mango, así
como de jugos concentrados.
Granma conoció que el proceso inversionista en el cuatrienio
2008-2011 redundará en el crecimiento del 70% de la superficie
dedicada a tales plantaciones. El bienio 2008-2009 se dedicó, en lo
fundamental, a lograr el aseguramiento de los hijos de piña, pues el
retroceso experimentado en años anteriores obligó a adquirir
posturas en Matanzas y Villa Clara. De esta última provincia llegó
el aporte decisivo del cooperativista Ramón Javier García (Mongo),
quien aseguró considerables niveles de plántulas que fueron
sembradas en los campos avileños.