El rastro del Caupí

Froilán Parra Suárez

HOLGUÍN.— La región de Velasco, en el municipio de Gibara, marcha decidida a convertirse nuevamente en el granero de Cuba, como la identificara el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, hace 42 años.

Conscientes de la importancia de sembrar el frijol que necesita la mesa del cubano, más de 1 700 campesinos holguineros, fundamentalmente en la zona de Velasco, dedican 1 586 hectáreas al cultivo del grano, 49 de ellas al frijol carita.

El aporte resulta significativo, aunque aún se pueden lograr mayores rendimientos, expresa Jorge Luis López Pérez, miembro del Buró Agroalimentario de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños en la provincia.

El campesinado holguinero, sobre todo en el municipio de Gibara, tiene potencialidades para superar anualmente las 2 000 toneladas de frijoles.

"Solo en el pasado año el sector campesino logró 2 442,3 toneladas de frijol, de ellas 234 toneladas de la variedad Caupí (carita)", expresa López Pérez.

Por sus resultados productivos se destaca la Cooperativa de Producción Agropecuaria Mártires del Moncada.

"Aunque las variedades más codiciadas son el negro y el colorado, que solo se cultivan de septiembre a enero, el caupí (carita) puede sembrarse tres veces al año, y tiene muchas propiedades alimentarias", precisa Miguel Ángel Saínz Serrano, presidente de la Cooperativa de Crédito y Servicios Félix Rojas Lahera, de Cazallas, Gibara. Nosotros, por ejemplo, lo sembramos también para garantizar el alimento a los animales.

Con el empleo del frijol caupí — específicamente la variedad titán—, soya, maíz y yuca, logramos alimentar y entregar al Estado unas 110 toneladas de carne de cerdo en el 2009 y aspiramos llegar a las 150 toneladas este año", enfatiza Saínz Serrano.

Aunque la época del año es más propicia para el frijol colorado y negro, no resulta extraño encontrar una parcelita dedicada al "carita".

"No hay campesino que no lo siembre", asegura Reiner Serrano Almaguer, un guajiro de pura cepa. "Es muy bondadoso, una ‘rosa’ de tierra (0,05 caballerías) puede rendir unas dos toneladas de frijol, con mínimas atenciones y sin riego, solo necesita que le ‘caigan’ unas pocas lluvias".

Por su parte, Reidel Escalona Pupo, defiende la calidad del "cancarro" (como también le llaman), aunque algunos prefieren otras variedades de frijol.

Las causas radican fundamentalmente, según su apreciación, en que ahora, el precio no es muy estimulante, unos 200 pesos el quintal (100 libras); y aunque son diversas sus propiedades alimentarias, el precio lo hace poco atractivo para los campesinos que priorizan la siembra de otros cultivos que les dejan mayores ganancias.

 

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