PUERTO PRÍNCIPE, 21 de enero (PL) — Uno de los episodios más
sorprendentes de la tragedia haitiana, milagro dicen algunos, es el
de la recién nacida Elizabeth Joassaint, quien venció la batalla por
la vida luego de una semana a solas bajo los restos de su vivienda.
El hecho ocurrió en la sureña ciudad de Jacmel, a unos 75
kilómetros de esta capital, cuando la niña fue rescatada por un
grupo de emergencia colombiano y puesta en manos de médicos cubanos.
La pequeña Elizabeth fue atendida por la doctora Zilda del Toro,
pediatra del hospital Saint Michele, una de las primeras galenas que
luego del sismo comenzó a atender a los damnificados, como parte del
grupo de médicos de la isla que labora en ese centro.
Al ser rescatada, su madre, Michelena Joassaint, pensaba que la
niña estaba muerta, porque en ningún momento la escuchó llorar, no
obstante llegó al hospital con una vena canalizada, en el rescate le
habían administrado dextrosa y le habían puesto mucha ropa para
darle calor, recordó la doctora.
Del Toro precisó que la pequeña llegó deshidratada, en estado de
hipotermia y con hipoglicemia; se le puso tratamiento y la niña se
recuperó.
Fue de verdad algo grande para todo el mundo, todo el mundo vino
a verla porque la verdad es que a veces no nos podemos explicar cómo
es que una niña sola, sin tomar siquiera agua, ni recibir calor pudo
sobrevivir una semana debajo de los escombros, señaló la pediatra.
Todo indica que pese al derrumbe total de la casa, el azar
reservó a la pequeña Elizabeth un pequeño refugio debajo de su
vivienda desecha, ya que no presentaba daño físico alguno.
Una vez que se le suministró líquido, comenzó a orinar, mejoró su
estado de hidratación, su temperatura se reguló, terminó la
hipotermia, y luego que se logró su estabilización hemodinámica, se
puso en el pecho de la madre y en menos de una hora estaba
succionando.
Esta experiencia de resistencia humana en Haití no es la primera
a la que se enfrenta la doctora del Toro, médico de la oriental
provincia cubana de Guantánamo, quien lleva nueve meses en este
territorio.
Recordó que cuando llegó al país le impresionaron muchas cosas,
en la primera semana recibió un bebé en la sala de 21 días de nacido
que solamente había tomado agua.
No estaba deshidratado, pero estaba muy desnutrido, y subsistió,
y ahora este caso de Elizabeth, que sin beber agua ni leche, incluso
sin una vestimenta apropiada que la protegiera contra la frialdad de
la noche, pues la ropa que tenía puesta era la misma del día del
terremoto.
De acuerdo con la galena cubana, esta experiencia demuestra en
cierta medida la importancia de la lactancia materna, ya que según
expresó la madre, había acabado de lactarla cuando la puso en la
cuna, la dejó dormida y salió un momento de la casa.
Hoy, a las puertas de la tienda de campaña, donde ofrece su
consulta de pediatría del Toro, había muchos niños.
Algunas de las madres expresaron a Prensa Latina su confianza en
la galena, cuya rápida actuación para salvar la vida de Elizabeth
corre ya de boca en boca en la sureña ciudad de Jacmel, donde el
sismo de la semana pasada y sus posteriores réplicas hicieron
grandes estragos.
La doctora forma parte del grupo de colaboradores permanentes
cubanos en ese hospital, que también fue sorprendido por el
terremoto. Todos se hallaban en una vieja casona del centro de
salud, ahora inhabilitada a causa de las grandes grietas y destrozos
que el sismo provocó en su estructura.
Instantes después de correr y ponerse a salvo, del Toro, junto a
sus colegas, comenzaron a atender a las primeras víctimas del
movimiento telúrico en esa ciudad, como hicieron sus cientos de
compatriotas que también prestan servicios en esta pobre nación
caribeña y en cuyas manos Elizabeth, sin duda alguna, hubiese
sobrevivido de igual manera.