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Terremoto en Haití, de la pobreza a la miseria

PUERTO PRÍNCIPE, 21 de enero (PL).— El devastador terremoto del pasado 12 de enero en Haití llevó al país de la difícil situación de estancamiento económico a desesperantes condiciones de miseria.

Con la mayor tasa de pobreza de América Latina y el Caribe se plantea que Haití tardará al menos una década para que su economía se recupere del fuerte impacto del sismo.

Pero a una economía maltrecha o casi inexistente como la haitiana 10 años parecen insuficientes, a pesar de esas previsiones de la Organización de Naciones Unidas y el Fondo Monetario Internacional.

Para ambos organismos la economía de Haití es hoy semejante a una economía de posguerra, con una caída de alrededor del 15 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y una estructura socioeconómica totalmente derrumbada.

Entonces sólo el milagro de la cooperación podrá hacer realidad tal vaticinio si se tiene en cuenta que antes del fuerte temblor la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, anunció que el país caribeño registró durante 2009 un crecimiento del dos por ciento, el mismo que se esperaba para el presente.

Ese año el PIB haitiano solo generó 6,908 mil millones de dólares y una renta per cápita de 772 dólares, lo que ratificó su condición de más pobre del continente americano y uno de los más desfavorecidos.

Hay que recordar que sobre una economía hecha trizas las devastadoras tormentas tropicales de 2008 afectaron a las escasas infraestructuras de comunicaciones que, a imagen de los sectores industriales y de servicios, sufrieron la carencia de inversiones sostenidas.

Por todas esas razones Haití está incluido en el programa del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial para los países en vías de desarrollo altamente endeudados, que nada ha resuelto o cambiado la difícil situación de atraso y depauperación de sus habitantes.

Haití es hoy el país con el PIB per cápita y uno de los más desiguales del mundo, con una renta de casi una décima parte de la de sus vecinos del Caribe.

Sus indicadores sociales y económicos colocan a esa nación en puestos inferiores al de otras naciones en vías en desarrollo de bajos ingresos, como resultado de décadas de explotación y saqueo.

Actualmente Haití está en la posición 150 de 177 países en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU.

El 80 por ciento de su población vive bajo el umbral de pobreza y 75 es dependiente de la agricultura y la pesca de subsistencia a pequeña escala, que emplea cerca de las dos terceras partes de la población económicamente activa.

El país ha creado muy pocos puestos nuevos de trabajo desde que el presidente René Préval tomara posesión en febrero de 2006, aunque la economía informal se considera en crecimiento.

Hoy el fracaso de los esfuerzos por lograr acuerdos con patrocinadores internacionales, impiden que Haití obtenga muy poca asistencia para un presupuesto y programas de desarrollo.

Más preocupante es que gran parte de los recursos haitianos proviene del exterior: el 30 por ciento del PIB (1,65 miles de millones de dólares) es recibido por vía de las remesas provenientes de Estados Unidos, Canadá, Francia, Bélgica, Reino Unido y República Dominicana.

Según un informe del International Crisis Group, la producción haitiana provee sólo el 46 por ciento de los alimentos del país, mientras el 49 debe ser importado y el cinco restante lo aporta la ayuda internacional.

Lo cierto es que, por lo menos el 70 por ciento de la población vive con menos de dos dólares diarios.

Mientras el precio de los alimentos no deja de subir, la pobreza produce un resentimiento social generalizado, favoreciendo las posibilidades de desestabilización política.

Con tales condiciones casi la mitad de los haitianos sufre desnutrición crónica y su esperanza de vida no supera los 50 años.

Sobresale que en Haití la vida social y comercial se desarrollaba en plena calle: allí se compran los víveres, se deambula, duerme, come, baña y muchos se mueren.

Ello se explica porque en esa nación caribeña no hay demasiado que hacer, porque la gran mayoría de la gente no tiene empleo y un número importante de niños, aproximadamente un 80 por ciento, no va a la escuela.

Tristemente hoy esa pequeña porción de tierra caribeña y sus sufridos hombres y mujeres están más que nunca a merced de la buena voluntad de la comunidad internacional y de las generosas acciones de Estados Unidos, incluidas sus fuerzas militares.

 

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