LA PAZ, Bolivia.— El hombre que está frente a mí
esta mañana de enero cuenta que en 1971, cuando tenía catorce años,
en el ayllu (demarcación campesina indígena) donde creció, hubo una
persistente sequía.
"En
la familia tan solo teníamos un saco de maíz. No nos faltaba la
carne de llama y oveja pero era la única cosa de comer que quedaba.
Mi padre decidió sacarme de la escuela y me fui con él y con
cincuenta llamas a buscar más maíz a otro lado del país. Viajamos
siempre a pie durante una semana desde nuestra tierra, Orinoca,
hacia Oruro y de allá, otra semana más, caminando hacia la región
del valle. Un día llegamos a la carretera de Oruro a Cochabamba y
cuando cruzábamos, pasó un autobús desde el cual los pasajeros
tiraban peladuras de naranja por la ventana. Nosotros las recogimos
y las comimos. A nuestra región llegaba una naranja al año y los
tres hermanos nos la disputábamos. Desde entonces, mi gran deseo fue
poder viajar un día en aquellos autobuses, lanzando peladuras de
naranja por la ventana."
El testimonio revela tanto el origen como la
sensibilidad de quien de manera oficial este 22 de enero tomará
nuevamente posesión como primer mandatario de su país.
En el 2005 ganó con un 53,7% las elecciones
generales y se convirtió en el primer indígena en encabezar un
gobierno en la nación sudamericana. Cuatro años después, y luego de
haber librado ingentes batallas por la dignificación de los suyos y
vencer ataques injerencistas, divisionistas, desestabilizadores y
hasta un plan terrorista urdido por la oligarquía y el imperialismo
norteamericano, obtuvo en las urnas el pasado 6 de diciembre el
respaldo del 64,22% de los electores, que lo validan para el mandato
presidencial 2010-2015.
Evo nos recibe en el Palacio Quemado, sede del
Ejecutivo en pleno centro de La Paz, frente a la Plaza Murillo. Como
es habitual, viste una chompa e irradia sencillez en el trato. Tiene
ante sí una agenda cargada de compromisos y debe despachar asuntos
urgentes, pero siempre se las ha arreglado para satisfacer las
exigencias de un breve cuestionario.
¿Cómo interpreta la amplísima votación recibida
por usted y los candidatos del Movimiento al Socialismo- Instrumento
Político por la Soberanía de los Pueblos en las elecciones del 6 de
diciembre?
Ganamos con el 64,22% del sufragio, pero si fuera
permitido que votaran los niños, estoy seguro que un 75 u 80% de la
población nos hubiera respaldado. Solo están en contra pequeños
grupos de oligarcas, de terratenientes que aún existen, de
gamonales, que no quieren a su pueblo ni a su patria. Y solo quieren
la patria para aprovecharse de ella. Si se acercan al pueblo es para
explotarlo.
Este proceso se ha dado con mucha fuerza, pese a
las dificultades que hemos tenido para socializar las ideas por la
falta de acceso a los medios de comunicación. Pero más temprano que
tarde, el pueblo boliviano ha aprendido a expresarse y a manifestar
su verdad democráticamente, de manera legítima y con mucho
sentimiento humano, con mucha conciencia social. A eso se debe el
triunfo.
Desde el 2005 hasta estas elecciones, esa
demostración de la voluntad popular no ha dejado de ir en ascenso.
Es como una locomotora. Y esa es la calidad de los principios de
este movimiento político de liberación, de reivindicación, pero
también de cuestionamiento a un modelo que hace tanto daño a la
humanidad. Nuestra orientación ideológica defiende la vida, defiende
a la Madre Tierra. Por tanto es un movimiento político del pueblo
pensado primero para resistir y luego derrotar al capitalismo.
Lo dijimos clarito en la campaña. Somos sinceros.
No por captar votos vamos a hacer concesiones de principios. No
tenemos que comprar votos como hacen otros partidos. Ese mensaje
contra el capitalismo lo proclamamos y el voto de más del 64% fue
por un proyecto anticapitalista.
¿El respaldo es solo cuantitativo o tiene también
un componente cualitativo?
Los que votaron a nuestro favor lo hicieron a
conciencia de que promovemos dignidad, una ética en el gobierno, un
compromiso de lucha contra la pobreza y la exclusión. Votaron
sabiendo que nos pronunciamos contra la injerencia del imperialismo.
Y claro que votaron por la unidad de Bolivia, esa que trataron de
dañar ciertos elementos separatistas que llegaron incluso a urdir un
plan terrorista para atentar contra la vida.
Los que votaron a nuestro favor lo hicieron
también por la honestidad y la transparencia.
¿Qué siente usted cuando somete sus ideas y
proyectos al escrutinio popular?
Creo en la democracia participativa. Quienes
creemos en ese concepto de democracia, que nada tiene que ver con
las prácticas de los neoliberales ni con la demagogia, no tenemos
miedo a exponer nuestras ideas. Allá otros que sí le tienen miedo a
los cambios que estamos generando desde el gobierno, cambios
respaldados por la mayoría de los bolivianos.
¿Pulsó nuevos sentimientos entre la gente durante
la campaña?
He recorrido todo el país varias veces a lo largo
del primer mandato. Por tanto no fue algo nuevo hacerlo durante la
campaña. Lo que sí resultó muy estimulante para mí fue verificar
cómo nuestro mensaje se ha extendido en lugares tradicionalmente
manipulados por la oligarquía; cómo los jóvenes, las mujeres, los
profesionales de la clase media, nos han aceptado como la única
alternativa válida para desarrollar el país y construir una sociedad
inclusiva, con verdaderas oportunidades para todos. Porque en
nuestro programa se han tomado en cuenta todas las propuestas
posibles.
¿En qué medida la nueva etapa de gobierno
profundizará la transformación del país?
Primero quiero recordar lo que me ocurrió hace
unos años. En una oportunidad, aunque iba de paso, no me dejaron
entrar a un hotel en Sapahaqui, a 57 km de La Paz. Cuando me
explicaron las razones, resultó que en ese momento se efectuaba allí
una reunión en la que el entonces candidato presidencial Gonzalo
Sánchez de Lozada escuchaba a un grupo de asesores norteamericanos
para elaborar su programa de gobierno. Como ves, antes los gobiernos
neoliberales escuchaban recomendaciones de asesores extranjeros para
elaborar sus programas, mientras que hoy recogemos las
reivindicaciones y sugerencias del pueblo en todas las regiones para
construir una propuesta que fortalezca un proceso de cambio que
beneficie a todos los bolivianos y no a sectores privilegiados.
Contamos con una nueva Constitución Política, aprobada por referendo
popular en enero del año pasado. La Asamblea Legislativa
Plurinacional tiene ante sí, como tareas impostergables, la
aprobación de leyes que inspiradas en esa Carta Magna allanen el
camino de nuestro proceso.
¿Cree más que nunca en la fortaleza del
Instrumento Político?
En su origen el MAS partió de uno de los sectores
más abandonados, más despreciados, más vilipendiados, como lo es el
campesino indígena. En realidad lo que fundamos en 1995 fue el
Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos, pero como
había que legalizar el movimiento, tomamos las siglas de un partido
pequeño que ya estaba formalizado en el registro electoral. Ese
nuevo movimiento propone un nuevo país, con nuevos predicamentos
políticos e ideológicos, un nuevo programa de gobierno y también con
nuevos actores, los movimientos sociales.
Buscamos un nuevo modelo de país, con dignidad,
con igualdad, con humanismo, con unidad, con solidaridad, con
reciprocidad, y sobre todo con complementaridad. Y eso lo han ido
entendiendo y apoyando cada vez más sectores de la sociedad
boliviana.
¿Le tomó por sorpresa el dominio de los dos
tercios de los curules en la nueva Asamblea Legislativa
Plurinacional?
Yo sabía que íbamos a conquistar los dos tercios
de la Asamblea. Si esta mesa en la que conversamos tuviera boca,
hablaría de los cálculos que aquí mismo hicimos. Con los diputados,
no debía haber problemas para garantizar la amplia mayoría. Pero al
dar seguimiento a la posibilidad de tener esos dos tercios en el
Senado, nos dimos cuenta con semanas de antelación que podíamos
obtener entre 24 escaños en el peor de los casos, y en el mejor 28.
Al final, la realidad promedió esas estimaciones y conquistamos 26.
¿Cómo sueña a la Bolivia de la próxima década?
Bolivia no tendría que ser vista en lo adelante
como el último o penúltimo país de Sudamérica. Una Bolivia donde los
derechos humanos sean respetados por el Estado Plurinacional. Que
garantice al ciudadano vivienda, educación, salud, agua, energía,
derechos humanos. Y algo tan sagrado como la alimentación. Luchamos
por la soberanía alimentaria.
Una Bolivia en combate permanente contra el
capitalismo. Será una lucha larga a mediano o largo plazo, pero
siento que estamos muy bien posicionados junto a otros países donde
se gestan procesos de emancipación.
El resultado de las elecciones nos obliga a
redoblar responsabilidades, para atender demandas, pero también para
corresponder a ese sentimiento liberador de nuestro pueblo.