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Cuando tembló la tierra haitiana
Los ojos de Valery son los de Haití
LETICIA
MARTÍNEZ HERNÁNDEZ Juvenal Balán (fotos) Enviados especiales
PUERTO PRÍNCIPE, Haití.— Desde hace nueve días Valery siente
dolor. Las paredes de su casa se hicieron trizas y uno de los
bloques fue a dar contra su abdomen. Este niño de solo diez años
esperaba ayer por que un médico cubano lo atendiera; su mamá,
mientras tanto, le pasaba la mano por el vientre hinchado. Valery ya
no lloraba, sus fuerzas se habían agotado, y sus ojos, como su país,
transmitían mucha desesperanza...
Quizás
la inocencia no permita a estos niños darse cuenta de la tamaña
tragedia que sufre su país.
En una tienda de campaña ubicada en las afueras del Hospital
Ofatma, los galenos cubanos atendían a todos. Pero el caso de Valery
los había alarmado, parecía complejo y en juego estaba la vida del
pequeño. Enseguida avisaron al cirujano Luis Alberto Ojeda, quien
luego de un reconocimiento dijo: "Tiene un trauma abdominal, al
parecer sufre alguna perforación en las vísceras, además está muy
anémico. El caso es grave."
— ¿Qué sigue entonces, doctor?
"Cirugía urgente. Tiene nueve días de sufrir el trauma. Los
haitianos poseen una gran resistencia física, no acuden rápido al
médico, su deuda de salud es grande, y aquí están las
consecuencias."
El
pequeño Valery es atendido de urgencia.
— ¿Se salvará Valery?
"No dudes que haremos todo lo posible. "
Protegido por esta afirmación va Valery hasta el salón de
operaciones. Allí lo espera un equipo de especialistas cubanos
decididos a devolverle los juegos, la risa y esa mirada llena de
vida que distingue a los pequeños de su edad. Ojalá que cuando
volvamos pueda decirnos quién fue el médico que lo salvó.
OFATMA ASALTADO POR LOS CUBANOS
Dicen que Ofatma es un hospital para gente rica. Pero las
sacudidas del terremoto tambalearon demasiadas cosas en Haití. Allí
sanan hoy los médicos cubanos a todo el que llega adolorido. Uno de
ellos fue Vendis, otro niño que con un traumatismo craneoencefálico,
tenía pocas esperanzas de sobrevivir.
su mamá no sabía si lo había atendido un médico cubano. Pero al
santiaguero Carlos Placencia eso no le preocupaba. Había acabado de
curarlo y la mejoría del muchacho le bastaba para sentirse
reconfortado. Estos días para él han sido interminables, y haber
podido salvar a tantos le alivia cualquier sinsabor.
A las puertas del salón habilitado hacía solo unas horas en
Ofatma, estaba el ortopédico William Álvarez; el sudor que corría
por su frente y las pronunciadas ojeras delataban mucho cansancio.
"Estuve en Paquistán cuando el terremoto del 2005, pero lo que
sucede en Haití no tiene comparación. Este país está totalmente
devastado, fuimos casi los primeros en llegar y los casos han sido
muy complejos, con muchas lesiones causadas por aplastamiento y
hemos tenido que hacer un sinnúmero de amputaciones", comenta.
A su lado está la enfermera Marta Proenza. Mientras se acomoda
los guantes para la próxima intervención quirúrgica, esta holguinera
no oculta las lágrimas cuando habla de sus días en Haití. Quise
preguntarle si sabía de sus hijos en Cuba, y terminé cometiendo una
tremenda indiscreción. también recibí la mejor de las lecciones:
"No pude tener hijos. Ahora mis hijos son mis pacientes."
¡Qué grandes son nuestros médicos! ¡Qué orgullosa tiene que
sentirse Cuba de ellos! ¡Qué afortunado es Valery, que en medio de
tanta tragedia puede contar con ellos! |