Que hablen las libretas

Joel Mayor Lorán

Nada como hacer hablar a una libreta para saber sobre algún alumno. La imagen de Wendy Tamayo se va dibujando al pasar las páginas, no solo la letra y ortografía bien cuidadas, la disciplina de tomar notas y hacer las tareas, sino su dedicación. Días después, en el trabajo de control parcial, la profesora Roxana Fernández confirmó cuanto había percibido antes en los apuntes de la niña.

 Foto: Yaimí Ravelo Las libretas no mienten. Revelan cuánto puede lograr cada estudiante. Tareas, preguntas orales y escritas, trabajos investigativos… contribuyen a un aprendizaje eficaz.

Quedaba probado en la práctica cuál es la evaluación más certera, con tal de medir y promover el aprendizaje real de los estudiantes: ni la apreciación sistemática por sí misma, ni los exámenes escritos, permiten emitir un juicio cabal sobre cuánto aprenden los muchachos; solo la unión de ambos lo consigue.

¿CÓMO COMPROBARLO?

Desde el inicio de este curso escolar, un nuevo sistema integra las evaluaciones sistemáticas con las parciales y la final.

El anterior no era malo, sino ideal: concebido para preceptores como José de la Luz y Caballero, Félix Varela... maestros experimentados que tan solo con mirar a sus alumnos a los ojos podían evaluarlos, porque sabían si estaban contentos o tristes, motivados o con su mente en otra cosa, considera Lesbia Cánovas, asesora de la ministra de Educación y presidenta de la Asociación de Pedagogos de Cuba.

"Al contrario de la década de los ’80, cuando el 95% eran licenciados, a buena parte de los actuales docentes y directivos les falta preparación, lo cual influye negativamente en el propósito de lograr que la evaluación cumpla sus funciones como componente del proceso educativo.

"Quien se coloque frente a un aula necesita dominar el contenido; saber la Geografía o la Matemática que enseña. Igualmente, ha de conocer las características psicopedagógicas de la edad del grupo con el cual trabaja, a fin de diagnosticar cómo va su formación, cómo aprende y se educa cada uno de sus pupilos".

Por tanto, no resulta atinado prescindir del examen final, el instrumento capaz de determinar el grado de eficiencia del proceso, al comprobar lo logrado por cada uno de los alumnos y su profesor. Lo sensato sería combinarlo con la función diagnóstica, orientadora y de retroalimentación que posee la evaluación sistemática, añade.

Esta última responde a metas de menor alcance, más diferenciadas, mediante preguntas escritas u orales, la revisión de libretas y cuadernos de trabajo, tareas... y ejercicios distintos a estudiantes con objetivos sin vencer, o conjuntos en los que uno ayude a otro.

Mientras, la evaluación parcial constituye otro momento necesario en el proceso educativo, un corte que se realiza dos o tres veces durante el curso, para aplicar un instrumento de tres preguntas, un trabajo investigativo o seminario.

Pasar de grado requiere 60 puntos. La suma de las evaluaciones sistemáticas otorga un máximo de 20. Las parciales acumulan 30 más y, el examen final, que vale 50, puede ser una prueba escrita de cinco preguntas, un seminario integrador, trabajo investigativo o ejercicio práctico en el cual resulta obligatorio alcanzar, al menos, 30 puntos.

Además, cobran fuerza nuevamente el descuento ortográfico, la expresión oral y escrita así como la interpretación.

LA LIBRETA NO MIENTE

De los 63 docentes de la secundaria capitalina Enrique Galarraga, 38 son profesores noveles, 24 de ellos aún en formación. Por tanto, José Inés Prieto, tutor del área de Humanidades, emprende una preparación metodológica con los "profes" de noveno grado, para calificar en colectivo el trabajo de control parcial de Historia de Cuba.

Foto: Ismael Batista Si les falta preparación a los docentes, es preciso lograrla mediante el trabajo metodológico, con los tutores y el resto del colectivo. No solo orientarlos, sino demostrar cómo se hace.

Roxana observa correspondencia entre cuanto aprecia a diario en el aula, la revisión de libretas y los resultados del control: su alumna Wendy obtuvo 29,1 puntos (de 30) y los demás también alcanzaron notas afines; el niño que calificó con cero conversa demasiado en clase, no copia ni hace tareas.

Sin embargo, la joven profesora Norisley Pérez tendrá que reforzar la atención a Betsy Figueroa. "Me he quedado asombrada con su nota: participa, hace las tareas, salió bien en Geografía, Ciencias Naturales y Español. Pero dejó en blanco la valoración de Antonio Maceo, interpretó mal una pregunta y se equivocó en el orden cronológico".

Esa alumna puede más; la libreta no dice mentiras. Otra ESBU de Ciudad de La Habana lo confirma. En la Jinete Chullima, este equipo de Granma revisó varias, y además los registros. Unas y otros prueban que, generalmente, la imagen del alumno es la misma durante el curso y cuando encara un examen escrito.

Caridad López trabajó durante años con las FAR, pero no quería retirarse a casa sin antes haber aportado algo a la Educación. Cuando la Capital pidió ayuda para asumir las aulas, no titubeó; ahora, sus compañeros afirman que parece una profesora de toda la vida. Quien más lo agradece es Marlon González, alumno suyo.

Ella no solo le revisa la libreta reiteradamente, sino que le entregó otra para practicar la ortografía, caligrafía y ejercicios específicos de Español que le orienta. "Poco a poco, con pasos pequeñitos, Marlon ha avanzado en estos meses".

Y el chico valora lo que su "profe" hace por él. Al llegar donde nosotros y verla, espontáneamente la abraza. Más tarde, Caridad nos muestra el puntero que él le regaló, hecho de la varilla de una sombrilla.

QUE APRENDAN

El balance de las evaluaciones nos dice cuánto debemos trabajar para el aprendizaje de los alumnos, afirma Vivian Morales, directora de la Enrique Galarraga. No queremos aprobar al suspenso sino que venza el objetivo y, cuando matricule Contabilidad, por ejemplo, pueda enfrentar la Matemática Comercial y no abandone la carrera.

"Michel Calzada es profesor de la escuela desde el segundo año de su licenciatura. Ya está en el servicio social. Un muchacho magnífico, creativo. Confeccionó un registro que incluye a cada alumno y asignatura de noveno grado, nota por nota.

"Indica empeño. Algunos no consiguen los puntos, pero cada uno ha de lograr el máximo de potencialidades. Esa herramienta y la revisión de clases nos revelan si la responsabilidad total corresponde al adolescente, o no; en caso contrario, hay que diseñar las clases demostrativas para indicarle al profesor cómo enseñar ese contenido".

Todo este afán puede resumirse en una frase de Vivian: "Lo que queremos es que los niños aprendan de verdad".

 

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