Sobreviviente del devastador terremoto que sacudió a Haití el
martes último, la cubana Alina Almeida recuerda este viernes a
Puerto Príncipe entre el shock desgarrador de la tragedia y la
fortuna de estar viva.
Tras sufrir una lesión leve en la pierna derecha, regresó a su
patria el jueves último con las imborrables vivencias de la
catástrofe, reporta Prensa Latina.
Cierro los ojos y me parece que comienza todo de nuevo, escenas
de desolación, edificios arrasados, veo la tristeza de la gente
caminando como zombies, unos con el rostro blanco por los desplomes,
otros hinchados y enrojecidos a causa de las heridas.
Fue una experiencia terrible, agrega, no olvido a la gente
removiendo desesperadamente los escombros, cuerpos a la intemperie y
otros cubiertos con sábanas, dispersos por todos lados.
Integrante de la misión educativa organizada para alfabetizar a
lugareños con el método Yo, sí puedo creado por la mayor de las
Antillas, la maestra de la provincia de Pinar del Río vio sucumbir
la oficina principal del programa de colaboración, situada en la
localidad de Canape Vert.
El edificio se quebró en segundos, las paredes comenzaron a
derrumbarse, la tierra temblaba y perdíamos el equilibrio, creí que
moriría sepultada entre los despojos del inmueble, por suerte las
nueve personas que estábamos dentro logramos salir y ponernos a
salvo en medio de la calle, relata.
Fue entonces cuando vimos colapsar las endebles casitas de los
cerros vecinos, los niños corrían desesperados, les preguntábamos
por su familia: papá murió, mamá no está, dijeron algunos, en ese
momento un sólo pensamiento: mis dos hijos de cinco y 10 años, nunca
extrañé tanto a Cuba.
res días después del sismo de 7.0 grados en la escala de Richter
cuyo epicentro se localizó a unos 15 kilómetros de la capital de
Haití, rememora cada pasaje de la odisea del grupo por caminos
atascados hasta llegar a la embajada cubana donde recibió los
primeros auxilios al igual que el jefe del contingente, Adalberto
Bravo.
Allí, en las afueras de la sede diplomática, permanecimos
tendidos en el suelo, alejados de las construcciones, en medio del
desasosiego por las interminables réplicas del temblor. ¿Cuándo
acabará la pesadilla?, era la interrogante de todos, nativos y
extranjeros, amontonados en parques y carreteras.
Almeida confiesa que la conmovió ver la entereza de los cubanos
dispuestos a permanecer allí para socorrer a los haitianos, si no
podemos alfabetizar salvaremos vidas, haremos lo que sea preciso
para aliviar a un país tan pobre golpeado por el seísmo, esa fue la
decisión colectiva.
En hospitales improvisados, equipos médicos de la Mayor de las
Antillas asisten desde los primeros momentos a las víctimas del
demoledor movimiento telúrico.
Aturdida por los destrozos, comenta, me acordé de las secuelas de
los huracanes, del valor y la solidaridad de mi pueblo.
Estoy de nuevo en mi tierra, orgullosa de ser cubana y viva que
es lo más importante, pero me acompaña la aflicción por el incierto
destino de Puerto Príncipe y sus habitantes, castigados sin piedad
por la pobreza y la naturaleza, expresó.