La paloma de paz que el presidente Barack Obama prometió y que
sería el símbolo de la nueva política norteamericana, se transformó
en poco tiempo en el halcón voraz que siempre lleva terror, muerte e
injusticia donde se posa.
Sin embargo, siguiendo a los líderes norteamericanos que durante
más de 200 años disfrazaron cínicamente la barbarie de sus halcones
como símbolo de la democracia para poder imponer su dominio en el
planeta entero, Obama les está superando y ya logra ser uno de los
más hábiles manipuladores en la historia de este país.
Su reciente decisión de elaborar la lista de 14 países
"patrocinadores del terrorismo" y obligar a sus ciudadanos a
someterse a controles especiales en los aeropuertos norteamericanos,
demuestra el cúmulo del cinismo del gobierno al incluir a Cuba en
esta lista negra. Es de conocimiento de todos que durante los
últimos 50 años Cuba ha sido la presa favorita estadounidense
simplemente por atreverse a ser un país soberano y emprender un
camino socialista en el pleno "patio trasero" del Gran Patrón.
Ni las amenazas, ni la agresión militar, actos terroristas,
sabotaje que causaron la muerte a 3 478 hombres y mujeres y dejaron
mutilados a otros 2 099 pudieron doblegar la voluntad de los cubanos
de mantener el sistema social que eligieron. Tampoco resultaron los
intentos de Washington de sobornar a dirigentes de la Isla,
estrangular al país económicamente y confundir y debilitar al
pueblo, a través de una cínicamente sofisticada guerra mediática
elaborada por los globalizadores para quitarse este obstáculo
incómodo en su marcha hacia la conquista y sometimiento neoliberal
del mundo.
Al fracasar sus planes, el gobierno de Ronald Reagan incorporó a
Cuba en 1982 sin ninguna razón lógica en la lista anual del
Departamento de Estado de los "países patrocinadores del terrorismo
internacional". Desde allí, cada año y sin presentar ninguna prueba
que justifique la decisión, ratifica la presencia de Cuba en la
lista de "Estados terroristas" como si Norteamérica fuera juez
supremo del mundo. En la más prestigiosa y prácticamente única
actual Enciclopedia del Terrorismo escrita por Harvey W. Kushner
(2003) y usada por todos los servicios de inteligencia del mundo,
"la definición del terrorismo se basa en tres factores: primero, su
método es violencia; segundo, sus blancos son civiles o gobiernos; y
el tercero, su propósito es infligir máximo de miedo entre la
población y forzar cambios políticos y sociales en un país
determinado".
Ninguno de estos factores es aplicable a Cuba que no prepara a
terroristas, sino a médicos, educadores, entrenadores e ingenieros
solicitados por todos los países de América Latina, Asia y África
para dar impulso a los desarrollos socioeconómicos y culturales
imposibilitados por la globalización del neoliberalismo. En la
definición del profesor Kushner, Estados Unidos se ubicaría como el
principal país terrorista del mundo. En vez de médicos y educadores
manda a los países ricos en recursos naturales a soldados y
contratistas, que infligen muerte y desolación. Un 70% de esas
víctimas han sido hombres, mujeres y niños, y solamente un 30%, los
militares de los países invadidos con el propósito de tumbar a sus
gobiernos que se atrevieron a contradecir a Washington.
Sr. Obama deje de mirar la espiga en ojo ajeno.