Gargantas de acero

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Enfrentarse a las increíbles dimensiones de un concierto de Sampling es desde hace mucho un desafío hasta para la mente más lúcida.

Foto: Ismael BatistaY es que este grupo ha sabido construir un original diseño melódico con el que logra sonar lo mismo como una banda de rock, una orquesta de salsa, un conjunto de música tradicional cubana o un DJ cuando se adueña de la vida de los practicantes de la "religión techno" en medio de una pista de baile. Todo ello gracias al talento y el poderío de voces que se mueven como pez en el agua a la hora de recrear los sonidos de distintos instrumentos musicales con una fidelidad que eriza la piel.

Quizás la referencia al famoso tango de Gardel no se escuchó durante su más reciente concierto en el teatro Amadeo Roldán porque era evidente que este sexteto vocal conserva la misma potencia y convicción musical de hace dos décadas, cuando René Baños decidió, en el Instituto Superior de Arte, correr la aventura de armar esa alineación indescifrable y sorprendente que es hoy Vocal Sampling.

Para celebrar su aniversario 20 acudieron a un repertorio basado fundamentalmente en sus principales hits y que cubrió un amplio abanico de estilos, desde el rock, la Nueva Trova, calypso, son, boleros, hasta canciones de la música tradicional cubana que han superado la difícil prueba del tiempo. Incluso, a tono con el revival de la "cultura dance" en todo el mundo, se pusieron en el rol del escultor de sonidos que reina en la oscuridad de las "discos".

Desde la arrancada el concierto tuvo a su favor tres factores, que si son bien imbricados resultan sinónimo de éxito: sus protagonistas se acoplaron perfectamente como las piezas de un rompecabezas, mantuvieron una comunicación interactiva con el público durante todo el show y contaron con el respaldo de un audio de primera que permitió apreciar con lujo de detalles las líneas melódicas de canciones desgranadas con tal soltura y creatividad que parecía que las voces habían cobrado vida propia sobre las tablas.

El punto de despegue fue una novedosa versión del tema Pico y Pala, de Rafael Cueto, del legendario trío Matamoros. La intensa materia expresiva que volcaron en su interpretación demostró que venían con todo para celebrar sus dos décadas en la carretera, tiempo en que han conseguido hacer realidad los sueños de muchos artistas: han colaborado con Peter Gabriel, David Byrne, —ex Talking Heads—, Paul Simon, entre otros, y se han convertido en referencia dentro de su estilo a nivel internacional.

De ahí en adelante dejaron caer inconfundibles piezas como La guantanamera, de Joseíto Fernández, El cuarto de Tula, de Sergio González Siaba, El escaramujo, de Silvio Rodríguez, Apre-taíto pero relajao, tema de su álbum Akapelleando, y Every breath you take, uno de los clásicos de Sting; en los que alcanzaron una electrizante arquitectura sonora que dejó con la boca abierta a más de uno, como si estuvieran ante la trama de uno de los filmes de culto de David Lynch, en los que muchas veces nada es lo que parece.

Un show de casi dos horas en el que ninguno de los intérpretes se convenció con la idea de quedarse a un lado del escenario y pasaban al frente para anotarse una buena jugada individual. Mención aparte para René Baños que hizo casi todo sobre el tablado: administró potentes descargas de energía y dinamismo escénico, ante el cual casi nadie se atrevió a permanecer sentado, se lanzó a una especie de duelo sonoro con sus compañeros de emociones y ofreció "clases de canto" al público que no lo pensó dos veces para pasar la prueba y convertirse en otro miembro de Sampling.

Otro que ejerció su creatividad a manos llenas —una característica marcada a fuego en el accionar de todos los integrantes de la banda—, fue el multifacético Abel Sanabria. Este músico protagonizó un puñado de brillantes momentos en el espectáculo, al que llevó a su máxima tensión en varias ocasiones, y se metió de lleno en la exploración de los cálidos ritmos de la percusión, dando a luz una fuerza estilística con la que, salvando las distancias, parecía un fichaje seguro para cubrir la retaguardia de cualquier alineación de calibre.

El escritor Raymond Chandler decía, con razón, que una obra de arte debía ser inquietante. Una frase que parece hecha a la medida de la filosofía musical de René Baños, Abel Sanabria, Osmel Rodríguez, Héctor Crespo, Reynaldo Sanler y Oscar Porro, los seis integrantes de Sampling, quienes provocaron nuevamente que la duda asaltara al público que se preguntó más de una vez si realmente se trataba de un sexteto vocal o de una banda de instrumentistas con todas las de la ley. Más aún cuando sonó esa magistral versión de Hotel California, capaz de impresionar a los mismísimos Eagles.

 

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