Enfrentarse
a las increíbles dimensiones de un concierto de Sampling es desde
hace mucho un desafío hasta para la mente más lúcida.
Y es que este grupo ha sabido construir un original diseño
melódico con el que logra sonar lo mismo como una banda de rock, una
orquesta de salsa, un conjunto de música tradicional cubana o un DJ
cuando se adueña de la vida de los practicantes de la "religión
techno" en medio de una pista de baile. Todo ello gracias al talento
y el poderío de voces que se mueven como pez en el agua a la hora de
recrear los sonidos de distintos instrumentos musicales con una
fidelidad que eriza la piel.
Quizás la referencia al famoso tango de Gardel no se escuchó
durante su más reciente concierto en el teatro Amadeo Roldán porque
era evidente que este sexteto vocal conserva la misma potencia y
convicción musical de hace dos décadas, cuando René Baños decidió,
en el Instituto Superior de Arte, correr la aventura de armar esa
alineación indescifrable y sorprendente que es hoy Vocal Sampling.
Para celebrar su aniversario 20 acudieron a un repertorio basado
fundamentalmente en sus principales hits y que cubrió un amplio
abanico de estilos, desde el rock, la Nueva Trova, calypso, son,
boleros, hasta canciones de la música tradicional cubana que han
superado la difícil prueba del tiempo. Incluso, a tono con el
revival de la "cultura dance" en todo el mundo, se pusieron en el
rol del escultor de sonidos que reina en la oscuridad de las
"discos".
Desde la arrancada el concierto tuvo a su favor tres factores,
que si son bien imbricados resultan sinónimo de éxito: sus
protagonistas se acoplaron perfectamente como las piezas de un
rompecabezas, mantuvieron una comunicación interactiva con el
público durante todo el show y contaron con el respaldo de un audio
de primera que permitió apreciar con lujo de detalles las líneas
melódicas de canciones desgranadas con tal soltura y creatividad que
parecía que las voces habían cobrado vida propia sobre las tablas.
El punto de despegue fue una novedosa versión del tema Pico y
Pala, de Rafael Cueto, del legendario trío Matamoros. La intensa
materia expresiva que volcaron en su interpretación demostró que
venían con todo para celebrar sus dos décadas en la carretera,
tiempo en que han conseguido hacer realidad los sueños de muchos
artistas: han colaborado con Peter Gabriel, David Byrne, —ex Talking
Heads—, Paul Simon, entre otros, y se han convertido en referencia
dentro de su estilo a nivel internacional.
De ahí en adelante dejaron caer inconfundibles piezas como La
guantanamera, de Joseíto Fernández, El cuarto de Tula, de
Sergio González Siaba, El escaramujo, de Silvio Rodríguez,
Apre-taíto pero relajao, tema de su álbum Akapelleando, y
Every breath you take, uno de los clásicos de Sting; en los
que alcanzaron una electrizante arquitectura sonora que dejó con la
boca abierta a más de uno, como si estuvieran ante la trama de uno
de los filmes de culto de David Lynch, en los que muchas veces nada
es lo que parece.
Un show de casi dos horas en el que ninguno de los intérpretes se
convenció con la idea de quedarse a un lado del escenario y pasaban
al frente para anotarse una buena jugada individual. Mención aparte
para René Baños que hizo casi todo sobre el tablado: administró
potentes descargas de energía y dinamismo escénico, ante el cual
casi nadie se atrevió a permanecer sentado, se lanzó a una especie
de duelo sonoro con sus compañeros de emociones y ofreció "clases de
canto" al público que no lo pensó dos veces para pasar la prueba y
convertirse en otro miembro de Sampling.
Otro que ejerció su creatividad a manos llenas —una
característica marcada a fuego en el accionar de todos los
integrantes de la banda—, fue el multifacético Abel Sanabria. Este
músico protagonizó un puñado de brillantes momentos en el
espectáculo, al que llevó a su máxima tensión en varias ocasiones, y
se metió de lleno en la exploración de los cálidos ritmos de la
percusión, dando a luz una fuerza estilística con la que, salvando
las distancias, parecía un fichaje seguro para cubrir la retaguardia
de cualquier alineación de calibre.
El escritor Raymond Chandler decía, con razón, que una obra de
arte debía ser inquietante. Una frase que parece hecha a la medida
de la filosofía musical de René Baños, Abel Sanabria, Osmel
Rodríguez, Héctor Crespo, Reynaldo Sanler y Oscar Porro, los seis
integrantes de Sampling, quienes provocaron nuevamente que la duda
asaltara al público que se preguntó más de una vez si realmente se
trataba de un sexteto vocal o de una banda de instrumentistas con
todas las de la ley. Más aún cuando sonó esa magistral versión de
Hotel California, capaz de impresionar a los mismísimos Eagles.