Es un tremendo descaro, afirmó Inés Sánchez Salazar, con el dolor
de su hija asesinada en el crimen de Barbados, al condenar el
calificativo de país terrorista asignado a Cuba por el Gobierno
yanki.
Son unos, y completó la expresión con una frase gruesa, sin
vulgaridad en los labios de una madre golpeada para siempre por la
pérdida de su Inés Luaces, esgrimista y estudiante de Estomatología,
muerta por el sabotaje a una nave de Cubana de Aviación el seis de
octubre de 1976.
Posada Carriles me quitó a mi hija, de 20 años de edad, y él
sigue libre en los Estados Unidos, acotó la anciana, en su diálogo
con la AIN.
Es una nueva mentira, porque allá el terrorismo cuenta con
complicidad y apañamiento, añadió la entrevistada quien en mayo
cumplirá los 80 años.
Yo seré revolucionaria hasta la muerte, subrayó frente a una foto
de su Inés, de mirada profunda y soñadora, y tomada poco antes de
que la joven, miembro del equipo nacional juvenil de esgrima,
contribuyera al cetro obtenido por la Isla en una cita
Centroamericana y del Caribe de esa disciplina.
La camagüeyana estaba entre los más destacados integrantes del
plantel.
Sueño reiteradamente con ella, y a veces hasta tengo la impresión
de que me visita, confesó la interlocutora, quien padece de una
neuropatía diabética.
Recibo atención de la familia, de los amigos, vecinos y el
Estado, prácticamente no puedo caminar, pero desde mi balance tengo
un baluarte de la Revolución, concluyó Inés Sánchez Salazar, con su
torrente de lágrimas por dentro.